3-M: Jornada histórica en la campiña de Bótoa

Por El Avisador - 3 de Mayo, 2014, 21:29, Categoría: General

De histórica tengo que calificar la jornada vivida en las primeras horas de la tarde de hoy, 3-M, con una temperatura muy grata --entre los 25 y los 30 grados, según avanzaba el día--, vísperas de día grande, con la celebración de una misa de campaña en los alrededores de la acogedora Ermita de Ntra. Sra. de Bótoa, Copatrona de Badajoz, pues se cumplían 300 años de la creación de la propia efigie mariana por el escultor Diego Sánchez Taramas, suceso acaecido en el año del Señor de 1713, según un papel escondido en la propia imagen, descubierto el pasado año, y que, en castellano actual, decía lo que sigue:

En el año de 1713, por septiembre,
me hizo Miguel Sánchez Taramas.
Rueguen a Dios por las ánimas y por la suya.
Es Ntra. Señora de la Encarnación de Bótoa.


Histórica, repito, porque ni los más viejos del lugar recordaban haber asistido a una misa fuera de su recinto habitual, la pequeña Ermita de sabor lusitano, donde no había cabida para todos los fieles y devotos de la Virgen de la pamela florida. E histórica, reitero, porque fue oficiada por el señor arzobispo de Mérida-Badajoz, Santiago García Aracil, que quiso sumarse con su presencia a las gozosas celebraciones, organizadas por la hermandad que preside Gonzalo Robles Doblado. A tal efecto, la Virgen de Bótoa, ataviada con sus mejores galas, luciendo su clásica y humilde pamela y su antiguo terno blanco-marfil, bordado en oro, fue trasladada en su magnífico paso florido --flores blancas y amarillas, haciendo juego--, junto al altar levantado en las traseras de la Ermita, bajo la sombra de una gran tienda del Ejército, de la cercana Base "General Menacho", muy cerca del brocal del pozo del lugar, artísticamente exornado para la ocasión. Y frente por frente, el pueblo fiel, ocupando parte de las mil sillas dispuestas por Alsime (Almendralejo), quedando --todo hay que decirlo-- muchas sillas libres. Y en las filas de honor, el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso Martínez, rodeado de varios de sus concejales --Charín Gómez de la Peña, Lola Beltrán, Francisco Javier Gutiérrez y Ana Serra--, además del hermano mayor, miembros de su Junta de gobierno, camareras, el coro de lavanderas --con su "superiora" al frente, María Estrella García Gordillo--, así como otras representaciones parroquiales y cofradieras de la ciudad, militares y de la Guardia Civil. Y en un lateral, bajo la sombra de un árbol frondoso, un nutrido grupo de miembros de la Asociación de Coros y Danzas "Extremadura", de Badajoz, ataviados con variadas indumentarias regionales, con Emilio González Barroso, el nota del acordeón, que ilustró con música folklórica extremeña los distintos pasajes de la celebración litúrgica. Los romeros --entre los que registré la presencia de mucha gente del Badajoz de toda la vida, parejas maduritas y familias al completo, amantes de sus tradiciones, encantada de darse su anual "baño" de pacensismo botoano--, por su parte, lucieron prendas cómodas y domingueras, sobresaliendo las zapatillas deportivas, las pamelas, los sombreros, las gorras y los tradicionales lazos multicolores al cuello.

EL ACTO
Ofició, como digo, el señor arzobispo, monseñor García Aracil, con su ronquera habitual, siendo ayudado por su secretario particular, Pedro Fernández Amo, el capellán de la hermandad, Ramón Mancha, y un tercer sacerdote al que no conocíamos, seguramente el capellán de la cercana Base militar "Extremadura XI". En la homilía, el oficiante explicó el sentido religioso de "romería", mostrándose encantado de presidir este acto, por lo que felicitó a los responsables de la hermandad de Bótoa y a todos los que lo hicieron posible, con especial detenimiento en las tradicionales lavanderas, más contentas que unas castañuelas, con sus batas azules y sus mandiles y pañoletas blancos, sin que faltaran los ramitos de flores en el pecho y los ruidosos sonajeros y panderos entre las manos. Al finalizar la ceremonia, con las felicitaciones de ritual, el público asistente se arracimó junto al paso de Ntra. Sra. de Bótoa, haciéndose miles, qué miles, millones de fotos delante de su Virgen. Poco tiempo después, tras interpretar el coro de lavanderas su emocionante "Himno a la Virgen de Bótoa", el paso de Nuestra Señora, llevado a hombros por doce costaleros de promesa, al mando del histórico capataz Diego Pérez Virué, tomó el camino de regreso a su santa casa, con las lavanderas delante y parte del pueblo romero detrás, entre cánticos y vítores a la Copatrona de Badajoz. Su entrada por la estrechísima puerta de la Ermita congregó a decenas de personas, que rompieron en una larga ovación a los costaleros, al capataz y, claro, a la Virgen, una vez el paso entró indemne en el templo.

Finalmente, con las autoridades y representaciones tomando un refrigerio en el interior de la Ermita, detalle de la hermandad anfitriona, la gente se desparramó por la campiña de "El Tesorero", al amor de una frondosa encina, para dar buena cuenta de una suculenta comida familiar, y el resto, por los bares y puestos de helados de los alrededores para recuperar fuerzas. El bar de la hermandad, que estrenaba nuevo reponsable --Gonzalo
Catering-- dio una de cal y otra de arena al distinguido público, pues junto a unos magníficos platos de paella, los empleados de la barra tuvieron serios problemas --falta de profesionalidad se llama la figura-- para servir en su momento cosas tan elementales como unos simples pinchitos morunos.

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