27-O: Magistral concierto de la Banda municipal de Música en el Día de las Catedrales

Por El Avisador - 29 de Octubre, 2013, 12:01, Categoría: General

Coincidiendo con el "Día de las Catedrales" en Badajoz, el pasado domingo, día 27, la Banda municipal de Música de Badajoz, a las órdenes del maestro Vicente Soler Solano, dio un breve pero magistral concierto, de sabor clásico, en el claustro catedralicio pacense, titulado, mira por dónde, "Clásicos Populares". Con lleno total en uno de los pasillos --los otros tres estaban ocupados por una exposición sobre la Madre Teresa de Calcuta-- y cerca de 60 personas de pie. Y en la primera fila, la concejala de Cultura, Paloma Morcillo Valle, el representante del Cabildo catedralicio pacense, Julián García Franganillo, y el jefe de protocolo del Arzobispado de Mérida-Badajoz, Felipe B. Vargas-Zúñiga. Y como presentador-comentarista, Emilio González Barroso, que estuvo sobrio y gracianesco toda la velada, lo que se agradeció, dada la incómoda situación de los numerosos espectadores que estaban de pie. Incomodidad que también afectó a los profesores de la Banda, que, junto con sus instrumentos, tuvieron que adaptarse a la estrechez del lugar, demostrando, una vez más, su profesionalidad y su buen hacer. Lugar que, según recordaría el señor presentador, era donde el célebre polifonista pacense del XVI, Juan Vázquez, enseñaba su arte musical a los niños y jóvenes de la escuela o coro catedralicio. Y al fondo, dos espectadores de excepción: el General Rafael Menacho y Tutlló, en su panteón-mausoleo, con su busto marmóreo, con dos leones a sus plantas, héroe de la defensa de Badajoz en la Guerra de la Independencia, muerto en marzo de 1811, y un enorme retrato de la Beata Madre Teresa de Calcuta --fundadora de las Misioneras de la Caridad en Calcuta, con más de 45 años atendiendo a los pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, fallecida en esa ciudad en 1997 entre el clamor de los parias de la India, su patria de adopción--, ataviada con su peculiar sari blanco, festoneado de franjas azules, a quien la Catedral pacense rendía homenaje con una gran exposición conmemorativa, en la clausura del Año de la Fe.

EL CONCIERTO
El concierto tuvo dos partes, pero no hubo descanso alguno. En la primera, la Banda interpretó
"Danza húngara Nº 1", de J. Brahms, "Nocturne", de P. Tchaikovsky --actuando como clarinetista solista Esmeralda González Portalo--, "Pompa y Circunstancia" (Marcha nº 4), de E. Elgar, y "Silvia" (Fantasía), de L. Delibes. Si en la "Danza nº 1", la saga vicentiana estuvo muy bien, en "Nocturne", Esme, la clarinetista, lo bordó, con la gente contentina. Y cuando sonaron los aires de "Pompa y Circunstancia", aquello nos recordó la reciente recepción real a Su Graciosa Majestad, Isabel II, en el bautizo de Jorgito, su biznieto, futuro Rey de Inglaterra, hijo de los guaperas Guille y Kate, en la capilla del Palacio de Saint James. Impresionante. Mejor, imposible. Pero es llegar "Silvia" y aquello resultó una gratísima sorpresa, con momentos que te recordaban a un intermedio de una ópera de las caras, a un baile en la corte de la emperatriz Sissí, a una zarzuela en el Madrid castizo, a una gloriosa marcha de alabarderos... Como que la ovación final fue apoteósica, con el público entregado, rompiéndose las manos de tanto aplaudir, teniendo que saludar el director y la Banda, ésta de pie.

Metidos en la segunda parte, vinieron otras cuatro piezas de gran atractivo: "La Forza del Destino" (Obertura), de G. Verdi, "Sadko" (Canción India), de Rimsky-Korsakov, "Caballería Rusticana" (Intermezzo), de Pietro Mascagni, y "La Gioconda" (Danza de las Horas), de A. Ponchielli. Con "La Forza...", el distinguido público
se quedó como sin habla, con un director que irradiaba energía y concentración, a partes iguales, con la tropilla vicentiana en estado de gracia, por lo que al final fueron obsequiados con un larguísimo aplauso. Y con "Sadko", los aires orientales se apoderaron del claustro, donde no piaba nadie, y el señor Vicente, en plan maharajá de Kapurthala, se cameló al auditorio como por encanto, rendidito ante tanto arte. Por su parte, "Caballería Rusticana" fue ejemplo de sencillez y armonía, de serenidad y buen gusto, para dar paso a "La Gioconda", con aires rítmicos y deliciosos al comienzo, para pasar a trepidantes y desbocados, al final, entre el delirio del público, puesto en pie. Las palmas echaron humo, visto lo cual, el presentador emiliano anunció una propina, un extra, un regalo, "en atención al excelente comportamiento del público, máxime si muchos de ellos habían estado de pie".
 
Y se oyó la "Danza húngara Nº 5", de J. Brahms, uno de los temás más escuchados de la Historia de la Música clásica. Con la audiencia con los ojos como platos, como embelesada, la interpretación del cónclave vicentiano resultó gloriosa, magistral, fuera de serie... Como que el final fue de época, con la gente de pie, aplaudiendo a rabiar, desde los primeritos del claustro --la gente VIP-- a los últimos de la fila. Final emotivo, con la Banda puesta en pie y los aficionados presentes acercándose a presentar sus respetos al maharajá, digo..., al señor director y sus músicos. Ocasión que también aprovechó la madama de Cultura, doña Paloma, con las manos desgatadas de tanto aplaudir, para felicitar a su director de Banda favorito, dándole un abrazo y un par de besos.

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