Hécuba, de Eurípides, el 1 de agosto, en el Teatro Romano de Mérida

Por El Avisador - 27 de Julio, 2013, 10:29, Categoría: General

Prosiguiendo con el programa del 59º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, el próximo jueves, 1 de agosto, se estrena la quinta obra de la edición de este año: Hécuba, de Eurípides, en adaptación de Juan Mayorga y bajo la dirección de José Carlos Plaza. Reparto: Concha Velasco, José Pedro Carrión, Juan Gea, Pilar Bayona, Alberto Iglesias, Luis Rallo, Alberto Berzal, Denise Perdikidis, Marta de la Aldea, Zaira Montes y María Isasi. La función dará comienzo a las 22,45 horas (el teatro abrirá a las 22,00 horas), con estos precios las localidades: Orchestra, 39 euros; Cavea Ima Central Baja, 35; Cavea Ima Central Alta, 32; Cavea Lateral, 24; Palcos, 30; Cavea Media, 12. Descuentos especiales: grupos de más de 20 personas, 20% (una entrada gratis por cada 20 personas); jubilados, desempleados y discapacitados, 10%; jóvenes de 7 a 18 años y estudiantes acreditados de 18 a 25 años, 10%; mecenas del Consorcio de la Ciudad Monumental, 10%. Hécuba será representada hasta el 11 de agosto, inclusive.

Sinopsis
La obra se abre en un espacio desolado: el campo después de la batalla. La derrota de unos que sirve de poso para la victoria de los otros. Nos movemos entre despojos, no entre seres humanos… Esos seres que vemos deambular a la orilla del mar son las mujeres prisioneras, cautivas y aniquiladas, enloquecidas e inermes, que recorren las ruinas de lo que fue su vida, buscando no se sabe qué... Hécuba camina entre cadáveres, entre los cadáveres de sus hijos… Una vez asumida la derrota, las pérdidas irreparables, sólo le queda esperar bañada en dolor. Tanto es así que cuenta la leyenda que Hécuba estremeció a los propios dioses con su sufrimiento, hasta tal punto que la convirtieron en una perra aullando su dolor durante la eternidad. Y eso es Hécuba: un aullido, un llanto interminable, perpetuo e inmortal. El llanto por la guerra, por la derrota, por las pérdidas y un llanto también por el infortunio. Estar en momentos, lugares y circunstancias que colocan al hombre y a la mujer en situaciones límites, haciéndoles testigos y actores de acontecimientos muy diferentes de aquellos con los que alguna vez soñaron o trataron de alcanzar. Esos seres llevan el sello de la adversidad, de la infelicidad y del desamparo. Eso es el infortunio y es el sello esencial de Hécuba. Sus hijos, uno tras otro, pierden la vida sin que ella, impotente, pueda hacer nada para evitarlo.

¿Quién provoca ese espanto que es la guerra? ¿Qué intereses ocultos se encubren con palabras falaces como patria, honor o justicia? ¿Cuántas vidas son necesarias para colmar esos intereses fraudulentos y corruptos? Ese dios insaciable que es la imperiosa necesidad de poder de los unos sobre los otros es el verdadero Deus ex Machina de esta historia. Un dios sanguinario que devora a sus hijos en beneficio de unos pocos que se enriquecen a costa de la sangre de muchos. Y el inmenso dolor que produce no desaparece si no que permanece enraizado en el alma y transforma al mortal en animal, un animal apaleado, sí, pero al mismo tiempo un animal cargado de esa pasión del alma colérica que convierte al ser humano en bestia irracional que, cegado por esa rabia que le emponzoña, le conduce hacia la venganza. La cual, a su vez, engendra nuevos dolores y, así, la cadena de violencia seguirá repitiéndose por los siglos, indefectiblemente. No son los dioses lo que transforman a Hécuba en perra sino la injusticia, la traición y la ignominia, los verdaderos dioses de esta historia. 

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