A propósito del accidente ferroviario de Santiago de Compostela

Por El Avisador - 26 de Julio, 2013, 17:15, Categoría: General

Casi todos sabemos que nuestras vidas dependen de un hilo, aunque este miramiento sólo lo consideramos el tiempo que dura el eco de esta catástrofe, después cada uno va a lo suyo y algunos se portan como si fuesen a vivir doscientos años. Al lado nuestro va esa esfinge esquelita con sonrisa diabólica y su guadaña, presta y dispuesta para segar nuestras vidas, y desaparece de nosotros cuando ha cumplido su trabajo... Se puede decir que la velocidad del tren era excesiva, pero a esa misma velocidad este tren habrá entrado infinidad de veces y nunca había pasado nada..., hasta que pasó. A eso le llamamos exceso de confianza, sin tener en cuenta que la confianza es un arma de destrucción masiva, nadie ha matado, sigue matando y matará tanto como la confianza.

Cuando pasen unos días y unos se pongan en carretera y otros cojan cualquier medio de locomoción, pensaremos que las cosas sólo les pasan a los demás y que nosotros estamos vacunados de ese virus. Si le preguntásemos a la gente cómo se siente viajando más seguro, la mayoría diría que en el tren (entre otras cosas, porque tenemos en mente el tren aquel que no corría a más de ochenta), del avión se piensa que si se cae, adiós, del barco, que nada te sirve saber si ocurre una desgracia en medio de un océano, y del coche, el más peligroso, por lo que hemos contado arriba (exceso de confianza)...

Por lo que llego a la conclusión que la prudencia es el mejor antídoto para esta y otras catástrofes que a diario ocurren. Pero ahora pensemos en los viajeros, unos irían de vacaciones por Galicia, lugar donde se come muy bien (si tienes dinero) y luego tiene unos bosques (de los que quedé impresionado en una reciente visita que hice) con un musgo verde que parece sacado de los cuentos de hadas. Otros, emigrantes que van a ver a sus “viejinos” o, simplemente, a tomar contacto con la tierra que los vio nacer... Y los otros, los más, irían a rezarle al Apóstol y, de paso, pedirle un mundo mejor del que tenemos. Seguramente o casi seguro, lo que iba a ser uno de sus mejores días, dio paso a la tragedia, unos, porque fueron víctimas de ella, otros, porque los recuerdos son como puñales que se le clavan en lo más hondo de su ser.

Descansen en paz los muertos, y a los vivos..., aprendamos de la confianza para no fiarnos de ella.


Ramón Díez Piri
r.piri-@hotmail.com

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