¡Gracias, Badajoz!

Por El Avisador - 25 de Julio, 2013, 18:41, Categoría: General

El pasado lunes, día 22, la compañía de teatro Benavente, bajo la dirección de Luis M. Romero, cerraba de forma apoteósica, con el público puesto en pie, rompiéndose las manos de tanto aplaudir, las "Noches de Verano 2013" en el auditorio pacense "Ricardo Carapeto, con la puesta en escena de "Los tres inocentes", una comedia de enredo "a la italiana", en dos actos, de Pedro Mario Herrero. Espléndido cierre de un ciclo de teatro popular, ameno y divertido, con llenos diarios, que comenzó con "Enseñar a un sirvengüenza", de Alfonso Paso (el 18), para proseguir con "Eran tres, un gitano y un marqués", de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor (19), "Manda a mi suegra a Sevilla", de José de Lucio (20) y "Melocotón en almíbar", de Miguel Mihura (el 21). "Noches de Verano 2013" es una apuesta del Ayuntamiento de Badajoz por el ocio y la cultura en las tórridas noches del verano pacense, a través de su concejalía de Cultura, que incluía música y teatro, y que contó, además, con la representación de "La última copla", obra de teatro musical de Miguel Murillo, en homenaje al mítico cantaor de coplas Miguel de Molina y a las compañías de cómicos en la España de la postguerra, el día 16, y el concierto "El Gran Musical", el 17, con la intervención de la gran cantante holandesa Astrid Crone, acompañada por la Banda municipal de música de Badajoz, bajo la dirección de Vicente Soler Solano. Con extraordinaria respuesta popular, desde el inicio hasta el final, con precios aptos para todos los bolsillos y asistencia mayoritaria de gente talludita y mayor, vulgo jubilatura andante.

Volviendo al ciclo dramático de la compañía Benavente, el público disfrutó a base de bien con un teatro sencillo, cargado de situaciones alocadas y esperpénticas, hilarantes siempre, enredos, líos y disparates a discreción, provocando las risas y las sonrisas, cuando no las carcajadas a mandíbula batiente en el patio de butacas. Un teatro de otras épocas y otras mentalidades, sí, pero con "toques" actuales, un teatro sin complicaciones que no pretende cambiar el mundo, un teatro que lo único que busca --y lo consigue, vaya si lo consigue-- es que los espectadores disfruten, olvidándose por unas horas de los problemas y las angustias que depara la vida cotidiana, máxime en tiempos de crisis. Nada más. Y nada menos. Y a fe que lo consiguieron Luis M. Romero y su compenetrado equipo, gente de muchas tablas, tanto en personajes principales como en secundarios de lujo, una compañía de tipo familiar, en fin, que, desde hace 30 años, se hace las Españas en verano, al estilo de los cómicos de toda la vida, claro que a bordo de modernas y confortables caravanas, junto con camiones repletos de material escenográfico, vestuario, maquinaria, iluminación y sonido.

¡GRACIAS, BADAJOZ!
Y en la despedida, con "Los tres inocentes", con lleno hasta la bandera y la madama de Cultura, Paloma Morcillo, entre el público --no en primerita fila, como suele ocurrir, sino atrás del todo, que tiene mandanga--, aquello fue el desmadre, lo no va más, la repera limonera, con la compañía en estado de gracia y el público riéndose a tumba abierta, en tanto el cura Gino (Luis Miguel Romero), con una memorable actuación, la María enamorada (Aurora Redondo), el orondo cabo Vitorio (Luis Gaona), doña Sofía, la moderna madre del cura
(Aurora González), Sandro, el carabinieri guaperas, el clásico muerto que "revive" (Luis Garbayo), el señor alcalde (Fonsi Liébana) y Toni González (el señor Obispo), con una soberbia actuación, siempre en el séptimo cielo, se hacían los dueños del escenario, a un ritmo trepidante, con la audiencia al borde del pasmo, cansadita de reír. Superando, incluso, con profesionalidad digna de encomio, los "elementos", vulgo polillas, atraídas en oleadas por los focos del escenario. Como que el final de la función fue de traca, con una larguísima ovación, con el público puesto en pie, gritos de ¡bravo!, ¡muy bien!, silbidos de admiración y qué sé yo. Por su parte, el Luismi y su panda, emocionados a más no poder, desbordados ante tanto cariño, no sabían otra cosa que tirar besos a la selecta audiencia, diciendo en voz alta, como siete veces, "¡Gracias, Badajoz!". ¿Se puede aguantar esto? Recuperado medianamente el resuello, el señorito Luismi tuvo palabras de agradecimiento al fiel público pacense, que "nos sigue desde hace trece años", y a Badajoz, porque "aquí estamos muy a gusto, como en nuestra casa". Y el remate de los tomates: "Como que estamos pensando en empadronarnos...". Y, claro, los aplausos redoblaron que daban gloria. También tuvo palabras de agradecimiento al Ayuntamiento y a la concejalía de Cultura, "por su confianza, un año más, en nuestra compañía". Y, todo un detalle de compañerismo que le honraba, "a Javier Leoni, fallecido el día de ayer, compañero aquí, en Extremadura, fundador de compañías como Suripanta y Al Suroeste...", para quien pidió un fuerte aplauso, "el mejor premio para los cómicos, el aplauso del público", añadió. Y, claro, se lo dimos, en tanto la tropilla del Benavente, con el Luismi a la cabeza, hacía mutis por el foro, entre los aplausos y la admiración de la concurrencia.

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