17-J: Astrid Crone y la Banda municipal de Música de Badajoz se lucen, a pesar de las polillas

Por El Avisador - 20 de Julio, 2013, 17:33, Categoría: General

Dentro del programa "Noches de Verano 2013", que organiza y patrocina el Ayuntamiento de Badajoz, el pasado 17 de julio se celebró un gran concierto en el Auditorio municipal "Ricardo Carapeto", titulado El Gran Musical, con la participación de la extraordinaria cantante holandesa Astrid Crone, que estuvo acompañada por la Banda municipal de Música de Badajoz, bajo la dirección de Vicente Soler Solano. Noche agradable y lleno total en el recinto veraniego pacense, que registró una visita inesperada: ¡una plaga de polillas! Todo en su sitio, todo en su lugar, los perros en el monte, los peces en el mar, con la concejala Paloma Morcillo en las primeras filas, acompañada de su gente de Cultura, el todoterrenal Joselón, pendiente de todos los detalles de logística, y en las proximidades de la puerta de acceso, prestos para actuar ante cualquier contingencia, una ambulancia del SAEX, un camión de Bomberos y su dotación, un coche de Protección Civil y varios de sus miembros, un grupo de vigilantes del SECOEX y, para que no faltara de nada, unos WC portátiles y un servicio de bar, con precios aptos para todos los bolsillos, atendido con gran profesionalidad por los hermanos Torres-Martínez, de la familia hostelera Martínez de toda la vida. Alfombras verdes para el distinguido público, una rampa lateral de acceso para discapacitados y varios cubos luminosos a la entrada, completaban el acondicionamiento del recinto, que ofrecía una magnífica iluminación y una no menos soberbia audición. Pero no había nada preparado contra los insectos o "volátiles", según el presentador y comentarista, Emilio González Barroso, que estuvo impecable en su labor, ataviado en plan "míster Novak" con su chaqueta blanca, camisa negra a rayas y corbata granate de las grandes ocasiones.

EL CONCIERTO: PRIMERA PARTE
El excelente programa se dividió en dos partes. En la primera, alternándose las actuaciones, la banda --ataviada de gala, toda de negro, corbata incluida-- intervino en solitario, atacando los temas "Pops in the Spots", de Roland Kernen, y
"The Sound of Music", de Richard Rodgers/Oscar Hammerstein. Por su parte la guapa Astrid Crone, en compañía de la banda, hizo lo propio con "The Phantom of the Opera", de A. Lloyd Webber, "Ich Gehör Nur Mir from Elisabeth", de M. Kunze, "The World Is Not Enough", de Don Black/David Arnold, y "Abba", de Andersson/Ulvaeus.

En
"Pops in the Spots", una selección de marchas y músicas de la madrecita Rusia, la banda pacense estuvo primorosa con sus ritmos lentos y frenéticos, según, contagiando a la audiencia con músicas de los tiempos del zar Pedro I El Grande al presidente Putin, pasando por los del zar Nicolás II, Rasputín, Lenin y la famosa revolución de octubre. Sin quitar ojo a los cientos de bichejos que pululaban alrededor de los focos, con algunas madamas sobresaltadas y eso que no eran dañinos, dando abanicazos a diestro y siniestro, pues se iban desplazando al auditorio, hubo tiempo de premiar la actuación del tío Vicente y sus mariachis con una prolongada ovación y gritos de ¡bravo!, ¡bravo!, ¡bravo! La cosa prosiguió con "The Sound of Music", música de la oscarizada película "Sonrisas y lágrimas", con la banda en plan estelar, nueva invasión de bichitos blancos, abanicazos y aplausos mil al señor Vicente y su banda, que, puesta en pie, saludó con cortesías a la distinguida audiencia.

Astrid Crone, cantante de muchas estrellas, bailarina y directora de una reputada academia de canto y baile en Buñol (Valencia), donde reside desde hace 20 años, demostró el encanto de su fondo de armario --con varios modelitos exclusivos-- y el poderío y su exquisita voz, dominando todos los registros y todos los idiomas, en "The Phantom of the Opera", "Ich Gehör Nur Mir from Elisabeth", sobre la famosísima reina Sissí de Austria, "The World Is Not Enough", sobre el mítico James Bond, el 007 con licencia  para matar y quedarse con las más guapas al final de sus pelis, y "Abba", sobre las canciones del conocido musical "Mamma mía", con unas entradas de la banda vicentiana que ya les gustaría a la Montserrat Caballé y a la Ainhoa Arteta juntas. Pero fue recordar a la gran Isabel, emperatriz de Austria y reina de Hungría --nada que ver con la Sissí empalagosa que todos recordamos de la década de los 50--, cuando se produciría la gran invasión de polillas blancas, acosando al señor director, a los músicos y a la holandesa rubiales, que, sin perder la sonrisa, diría, en un excelente castellano: "¡Nunca he visto una cosa así!". Y nosotros, tampoco, buena señora. Sin murciélagos anti-polillas que "limpiaran" el lugar, la plaga pasó al patio de butacas, con la gente luchando a brazo partido con programas de mano y abanicos para quitarse de encima los inoportunos y molestos "volátiles". Insectos que, en poco tiempo, sembraron de blanco las alfombras verdes y el suelo, muriendo poco después. Y fue en "Mamma mía", cuando el público estuvo moviéndose al compás, brazos arriba y abajo, con palmas rítmicas, finalizando la actuación con una ovación de traca, de las que hacen época, la gente de pie y gritos de ¡bravo!, ¡muy bien! y qué sé yo. Con la banda en pie, con sus músicos sonrientes, que va el nota vicentiano y le da dos besos a la guapa moza, que para eso es el dire, no te amuela.

LOS SOLISTAS: SEGUNDA PARTE
La segunda parte nos trajo tranquilidad casi total respecto a los bichejos de la primera, que se habían agostado, quedando sobre el suelo tras una vida efímera de minutos, en tanto que, musicalmente hablando, tuvo una trayectoria similar a la primera, alternándose la banda en solitario con la actuación de la doña holandesa, acompañada de la banda pacense. Así, la banda interpretó "Czardas for Xylophone", de Vittorio Monti, con la presencia como solista de Juan Alberto Sánchez Costillo, jovencísimo miembro del equipo de percusión de la banda,
"Begin the Beguine", de Cole Porter, "El Padrino", de Nino Rota, y "Sing, Sing, Sing", de Louis Prima. De manera conjunta, la Astrid y la banda, la banda y la Astrid, interpretaron "Cats", de A. Llod Webber, "Big Time", de Frank Wirdhard, "We Are the Champions", de Freddie Mercury, y "Cabaret", de John Kande.

En
"Czardas for Xylophone", mi Juan Alberto, el guaperas del xilófono, dio un recital extraordinario sobre cómo manejarlo a dos mazos con suavidad y frenesí, según, encandilando al público, que se olvidó por unos minutos de los bichitos y de la madre que los parió. Magnífica actuación la suya, para quitarse el sombrero, la gorra o el casco. La ovación final fue de escándalo y el señor Vicente le dio un abrazo al Juan Alberto que a puntito estuvo de estrujarlo, teniendo que saludar el buen mozo, una vez recuperado el resuello, no sé cuántas veces. En "Begin the Beguine" --la famosa "Volver a empezar", santo y seña de la música popular norteamericana--, nueva exhibición de conjunción y sentimiento de la banda, con un director magistral, como que al final la audiencia les obsequió con una catarata de aplausos, además de gritos de ¡Bien!, ¡Bravo! y ¡Así se toca!, obligando a la congregación del padre Vicente a saludar un buen rato, puesta en pie. La cosa subió enteros con "El Padrino", con el póker trompetero al completo, además de Libertad, la pianista, y Miguel Leo, el del fliscorno, todos en estado de gracia, maravillando su conjuntada actuación, entre el delirio del público. Pero es en "Sing, Sing, Sing", al son del jazz y el soul de los caros, cuando los solistas de la trompeta y el clarinete --Juan Beltrán y Félix Picón, respectivamente-- le dan a la banda un ritmo ágil, contagioso y vivaz, con el graderío al borde del pasmo, en el séptimo cielo. Y venga una larga ovación desde el patio de butacas, con saludos del señorito a sus muchachos, y de todos, puestos en pie, ante el respetable, encantado de haberse conocido ante tanto arte.

Por su parte, Astrid Crone, con la banda, interpretó "Cats", tema del famoso musical homónimo, "Big Time", "We Are the Champions", recordando a los JJOO de Barcelona'92, y "Cabaret", de la película del mismo nombre. Arrasando la rubiales con su potente voz, en tanto la banda se lo ponía a huevo, que ni pintado. Y fue momentos antes de empezar "Big Time", cuando la madama, más contenta que unas castañuelas, se dirigió a la concurrencia con un "¡Me lo estoy pasando bomba!". Y nosotros también, señora mía. "¡Y qué banda tan buena, y qué director!". Pues ya lo sabíamos, doña Astrid, no me venga usted ahora a descubrir el Mediterráneo. Y el remate de los tomates: "Y el público, muy bueno también, ¡un aplauso para vosotros...!". Y ¡hale!, venga a aplaudirnos a nosotros mismos... Qué facilidad la suya, con esa su voz potente, poderosa, racial... Como que los asistentes le obsequiaron con ovaciones sin cuento, ¡bravos! y gritos de ¡guapa!, en tanto el superintendente de la banda, detalle caballeroso el suyo, le besaba las manos a su término. Para rematar con "Cabaret" --"La vida es como un cabaret...", diría la doña--, a ritmo trepidante, con el público aplaudiendo al compás, con un final apoteósico y gritos de ¡olé!, ¡bravo!, ¡guapa! y ¡muy bien!, en tanto el marqués de Benaguacil se bajaba del atril y le besaba las manos a la reina de la noche pacense.

EPÍLOGO
A punto de coger el macuto, camino de nuestros lares, que va el Emilio y dice que quieto, parao, la Astrid y la banda nos obsequian con un extra, una selección de música peliculera sobre el guaperas James Bond, el agente 007 con licencia para todo, con la banda en plan arrollador y el amo de la batuta imprimiendo un ritmo contagioso, con la cantante desbocada, con un final grandioso, entre ovaciones, ¡bravos! y qué sé yo. Y vengan besos y saludos al distinguido público, con los dos artistazos, Astrid y Vicente, Vicente y Astrid, agarrados de la mano. Y sin que nos demos cuenta, que van los profesores de la banda y nos regalan otra pieza, una samba, haciendo mover el esqueleto sólo a algunos, que el resto estaba derrotado, rendidito de tanta marcha. Un Gran Musical que será recordado largo tiempo por las actuaciones estelares de Astrid Crone y la Banda municipal de Música de Badajoz, al cuidado de Vicente Soler Solano, a pesar de las polillas, bichejos o "volátiles".

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