El Brujo estrena El Asno de Oro, de Apuleyo, en el Teatro Romano de Mérida

Por El Avisador - 12 de Julio, 2013, 16:19, Categoría: General

Llevo varios días y algunas noches imposibles de dormir por la calor, releyendo las aventuras de El Asno de Oro, novela latina escrita con gracia y amenidad inusuales por mi tocayo Lucio Apuleyo cuando aún no existía la novela como tal género literario, allá por las calendas del siglo II después de Cristo, en que los emperadores romanos Marco Aurelio y Adriano andaban redactando sus “Sentencias morales” y “Memorias”. Casi nada. Todavía nos resultan clásicos, o sea, modélicos. Dante, Petrarca, Bocaccio y otros genios e ingenios del Renacimiento, anteriores y posteriores, bebieron en sus fabulosas aguas cuentísticas, especialmente en el mito de Eros y Psique recogido por Apuleyo, que también fue multiplicado en telas y mármoles  por los artistas del pincel y el cincel, y del que se guardan copias en las pinacotecas de todo el mundo.

Quien no sepa quién es Apuleyo es un analfabeto no viajado, y disculpen mi testimonial aserto. La traducción de El Asno de Oro o “Las metamorfosis”, que mantengo entre manos estos días y estas noches (Kafka también se inspiró en él) corresponde a Lisardo Rubio Fernández, en la edición publicada por Gredos, Madrid, en 1982. De acuerdo con la introducción general del historiador y latinista Francisco Pejenaute Rubio, “la traslación primera del Asinus aureus a una lengua vernácula europea fue al castellano (1513 ó 1525) y es original del arcediano de Sevilla, Diego López de Cortegana, la cual se mantuvo intocable hasta el siglo XX, y supera en calidad y fidelidad a cuantas versiones fueron apareciendo después en Francia o Italia”.

El creador del asno de oro o rucio no soy, pues, yo, ya me hubiera gustado. Sin embargo, yo sí que escribí, a su magistral y satírico modo, la farsa fantástica y simbólica titulada “El buey de los cuernos de oro”, que se representó en el viejo escenario del teatro Juan Bravo segoviano, por la compañía universitaria “Los Grillos Autónomos de Cantoblanco”, en la década de los ochenta.  Y es que me venía de perlas la memorial “comedia” de aquel antepasado viajero mío, sacerdote pagano de Isis y Osiris, médico y mago, que había recorrido Italia, Grecia, Egipto y Madaura, describiendo sarcásticamente el derrumbamiento de las filosofías helénicas, según las crónicas que han llegado hasta nosotros. Valga por encima de todos el testimonio de su paisano San Agustín de Hipona en “La ciudad de Dios”. Ir a Google a buscarlo. O  buscarlo en "El Quijote", de Cervantes. Y en "Las Soledades, de Góngora". Y en "Fray Gerundio de Campazas", del Padre Isla. Espero y deseo que El Brujo no me defraude como protagonista absoluto que es del Asno de oro en el monumental Teatro al aire libre de Mérida, el 17 de este julio romano, emperador del estío. Y sé que después lo paseará por la ciudad alcazareña mía. Y vuestra. Preparaos, espectadores.


Apuleyo Soto Pajares
a.sotopa@hotmail.com

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