8-J: Apoteosis mariana en la Coronación de Ntra. Sra. de la Soledad, Patrona de Badajoz

Por El Avisador - 11 de Junio, 2013, 1:08, Categoría: General

En la tarde-noche del pasado sábado, 8-J, con tiempo desapacible y fresco, amenazando lluvia, el Badajoz religioso y devoto, tanto el institucional como el popular, vivió un acontecimiento único, singular, histórico: nada menos que la Coronación canónica de Ntra. Sra. de la Soledad, Patrona de Badajoz, en un enorme altar levantado frente a la Puerta de San Juan de la Catedral, con la plaza de España totalmente abarrotada de fieles y devotos de Badajoz, la provincia y resto de Extremadura, en un acto singular, nunca visto en la ciudad. Justo, un año antes de que la venerada imagen, traída de Nápoles por deseo expreso del piadoso Duque de San Germán, a la sazón Capitán General de Extremadura, cumpla los 350 años de que la imagen mariana fuera entronizada en su primitiva ermita, un 1 de abril del año del Señor de 1664. Un acto solemne, majestuoso, emotivo, multitudinario y de corte extremeñista, sí, pero, también, excesivamente largo, prolijo, recargado y barroco. Con un ceremonial y una liturgia que hubieran hecho las delicias de algunos de nuestros cronistas de antaño, como Juan Solano de Figueroa Altamirano (s. XVII), Leonardo Hernández Tolosa (s. XVIII) o Manuel Alfaro Pereira (s. XX), sujetos prendados de virtudes y muchas letras, a quienes van dedicadas estas líneas.

EL CEREMONIAL
La celebración tuvo tres partes diferenciadas: las procesiones de llegada y regreso del paso de palio de la Virgen, que lucía su traje negro azabache de gala, bordado en oro, ataviada con espléndidas joyas, todas, regalos del pueblo de Badajoz, rodeada de flores, muchas rosas blancas para la Patrona, paso que fue traído y mecido con mimo por sus costaleros, a las órdenes de "El Chupi" Peinado, acompañado de su hijo y con el veterano Domingo Montaño de contraguía. Delante de la Cruz de guía marchaba la vistosa Banda de cornetas y tambores de la cofradía Resucitado, y, tras ella, la imponente corona, portada a hombros por cuatro policías locales en uniforme de gala. Tras lo que venía una larguísima corte de representaciones de las cofradías de Penitencia y Gloria de la ciudad, con sus estandartes y banderas, con los miembros de sus juntas de gobierno portando ricas varas de mando, labradas en plata muchas de ellas. Para entonces, hacía tiempo que la plaza de España estaba congestionada, siendo muy difícil el paso de unas zonas a otras, pues eran miles las personas allí congregadas. La organización había dispuesto, además del gigantesco altar y el cortinaje, todo de color rojo, presidido por una imagen menuda de Cristo crucificado, un graderío para el coro de la Soledad, que estuvo completado con varios coros de la ciudad, dirigidos todos ellos por Celia Sánchez del Río, que amenizaron la función con cánticos alusivos, amén de la interpretación estelar del himno "Soledad Coronada", en uno de los momentos álgidos de la noche. En el centro estaban montadas cientos de sillas, que fueron ocupadas por las numerosas autoridades invitadas, miembros de la hermandad de la Soledad y familiares, como organizadora, amén de incontables grupos de religiosos y religiosas, jóvenes y jóvenas, boy scouts y miembros de diversas congregaciones eclesiales de la ciudad. Y junto a la parada de taxis y la cervecería "100 Montaditos", dando frente a la Puerta principal de la Catedral, había levantado un enorme graderío metálico, que estuvo ocupado, principalmente, por la prensa gráfica, sonora y escrita asistente al acto, dejando una parte para el público. En este ámbito se situaron algunas cámaras de Canal Extremadura TV, con un trabajo modélico que hay que resaltar, destacando una espectacular cámara-grúa que hizo virguerías, tomando planos inverosímiles. Mientras tanto, en la zona de la plaza que da a la Puerta del Cordero, la organización había dispuesto una pantalla gigante para seguir la ceremonia en directo, con un amplio sillerío, que se ocupó de inmediato. Otra pantalla, en paralelo, sirvió imágenes a los asistentes en esa zona, que tenían problemas para visionar in situ los actos centrales. Así y todo, el "tendido de los sastres", el ocupado por los muchos espectadores asomados a sus balcones y ventanas, estaba a tope,
disfrutando de unas vistas espectaculares, mostrándose en algunos de ellos colgaduras, paños y reposteros con la imagen de la Virgen u otros motivos nobles. Pero hubo dos fotógrafos que, por su ubicación, hicieron el reportaje de sus vidas. Me estoy refiriendo, por un lado, a Pedro Castellanos, fino fotógrafo pacense, especializado en la fotografía de imágenes sagradas y de Semana Santa, que fue el fotógrafo oficial de la Coronación, por encargo de la hermandad de la Soledad. Y, en segundo lugar, a un fotógrafo o cámara anónimo, encaramado en los tejados del cercano edificio "Seguros Generali", que no se cansó de tomar escenas y planos a vista de pájaro.

Miles de asistentes en la ceremonia, que siempre quedan bien para las frías estadísticas, pero bajando a pie de tierra, fueron muchos los ciudadanos, sin invitación por medio, como la patronal y este escribano, que se quedaron sin sitio, teniendo que presenciar los actos fuera del recinto acotado, y a pie enjuto. Lo que originaría no pocas protestas entre el pueblo llano --también "pueblo de Dios", no se olvide--, al ver que en la zona 2 había decenas de sillas vacías, en tanto centenares de personas a nuestro alrededor permanecían de pie, muchas de ellas de edad provecta. Las protestas arreciaron cuando se descubrió que, un poco más allá, había una montonera de sillas sin poner, a la espera de otros invitados, que no aparecían. La gente, indignada, protestó de nuevo ante los miembros del orden, que se lavaron las manos una y otra vez, como Pilatos. Hasta que, roto el hieratismo organizativo, pudieron abrirse algunas "brechas", por donde se "colaron" numerosos ciudadanos, entre ellos este juntaletras y su señora. Así y todo, pasadas dos horas, una paisana de edad provecta, como entre 75-80 años, tuvo un desfallecimiento en una zona cercana, teniendo que intervenir de inmediato un retén de la Cruz Roja, que consiguió reponerla de la bajada de tensión. En la zona de autoridades, las más altas representaciones de la región y ciudad, sobresaliendo el presidente del Gobierno extremeño, José Antonio Monago Terraza, el presidente del Parlamento, Fernando Manzano Pedrera, el delegado del Gobierno en Extremadura, Germán López Iglesias, y el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso Martínez. Todos ellos, acompañados de nutridos séquitos de consejeros, diputados y concejales, amén de familiares y otros altas representaciones militares y civiles. Y dos personajes que tendrían un protagonismo especial, según el protocolo: los padrinos. Él, exalcalde de Badajoz, Miguel Celdrán Matute, y ella, la esposa del hermano mayor de la Soledad, tocada con mantilla negra, Mª Teresa Marculeta Azpiroz. A su lado, se situaron las extensas representaciones cofradieras de la ciudad, con la de la Soledad, la corporación anfitriona, al frente, con su hermano mayor, el conocido doctor Joaquín Gil y Juan, y el presidente de la Agrupación cofradiera pacense, el no menos conocido José María Blanco Rastrollo, el popular "Posi", emocionados a más no poder, más contentos que unas castañuelas. Y en su derredor, no se lo pierdan, decenas de "hijos predilectos" de la Virgen, como los llama el bueno de don Joaquín: jóvenes y jóvenas afectados del síndrome de Down y adultos de ambos sexos, discapacitados físicos o psíquicos, en sus sillas de ruedas. Lo que me hace aportar un inciso: según los Evangelios, no existen "hijos predilectos" de la Virgen, que, en puridad, seríamos todos los cristianos, los seguidores de Cristo, su Hijo, pero lo dice el "padre" Joaquín, y santas pascuas. Y pendientes del orden y de que todo saliera a la perfección, moviéndose de aquí para allá, dando órdenes y recomendaciones en voz baja, a través de micrófonos con auriculares y móviles, repartiendo centenares de programas --guías litúrgicas del acto-- y estampas de la Virgen, un servicio de orden compuesto por numerosos miembros de la hermandad de la Soledad, con sus tarjetas identificatorias como "mandos de orden", sus medallas y brazaletes, donde sobresalían los colores blanquinegros, colores de toda la vida de los cofrades de la Patrona. A los que había que sumar,
atentos a cualquier contingencia, los numerosos miembros de los Servicios de Protección Civil y Cruz Roja, Policía Local y Policía Nacional, siendo un grupo de voluntarios de este último Cuerpo el que desfiló, en uniforme de gala, dando escolta al paso de la Virgen.

APOTEOSIS EN LA PLAZA DE ESPAÑA
Y eran las 20,30 horas, cuando el magnífico paso de palio de la Patrona,
tras superar un considerable atasco humano en la confluencia con la calle Obispo San Juan de Ribera, aparece en la plaza, siendo recibida la Virgen con una estruendosa ovación por parte de todos los presentes, puestos en pie, en tanto resuenan las campanas de la Catedral y la coral arranca con el himno "Soledad Coronada", y aquello es un clamor, una explosión de gargantas, todos a una, Badajozuna. Inenarrable, indescriptible, hermanos. Y ahora, que va y me sale como conductor, guía, monitor o como se llame, un curina joven --Antonio le llaman, vicario de San Juan de Ribera, me cuentan--, revestido con un simple roquete, que, desde el estrado-altar comienza a vitorear a la Patrona:

¡Viva la Virgen de la Soledad!
¡Viva nuestra Madre!
¡Viva nuestra Patrona!
¡Viva nuestra Reina!


Y la plaza está a punto de tambalearse con los vítores de respuesta de todo el pueblo. El paso va acompañado, además de la numerosa representación cofradiera, de seminaristas con albas blancas y sacerdotes con casullas blancas doradas, además de los canónigos que componen el Cabildo catedralicio, que lucen para la ocasión la vistosa indumentaria de gala de las últimas décadas: roquetes blancos, capas negras y mucetas rojas. El ritmo de la marcha del paso es lentísimo y los costaleros --de estreno: camisolas y zapatillas negras, pantalones blancos, con la imagen de la Virgen a la espalda, con una leyenda: "Soledad Coronada"-- mecen a la Patrona con delicadeza, en tanto el público aplaude a rabiar y grita ¡Guapa!, ¡Guapa!, ¡Guapa! Lo que aprovecha el monitor, guía, conductor o como se llame para arrancarse con una "Salve", acompañada por todo el mundo:

Salve, Madre, en la tierra de mis amores,
te saludan los cantos que alza el amor.
Reina de nuestras almas,
Flor de las flores, muestra aquí
de tu gloria los resplandores...

Y son las 20,45 horas cuando el paso de la Virgen llega junto al altar, colocándose de espaldas a la Catedral, dando la cara siempre a su pueblo, y la ovación que resuena es atronadora. Y en éstas estábamos, pasan tres minutos de las 21,00 horas y vemos que, desde el cercano Palacio Arzobispal, de antiguo conocida como Casa del Cordón, sale un esplendoroso cortejo eclesiástico, con acólitos de blanco, un centenar largo de sacerdotes luciendo casullas blancas doradas, terminando la procesión con los dos obispos extremeños de la Coronación, Amadeo Rodríguez Magro, prelado de Plasencia, y Francisco Cerro Chaves, de Coria-Cáceres, luciendo ambos los símbolos distintivos de su condición episcopal: el báculo y la mitra. Entre tanto, han subido al altar los dos padrinos, Miguel y Teresa, Teresa y Miguel, portando entre sus manos la soberbia corona de la Virgen. El cortejo, magnífico, se ve realzado cuando la coral ataca, con suavidad, el canto de entrada:

Reunidos en el nombre del Señor,
que nos ha congregado ante su altar,
celebremos el misterio de la fe,
bajo el signo del amor y la unidad...


Y son las 20,12 horas cuando comienzan a caer unas gotas y los paraguas se enseñorean de la plaza, pero sin que nadie ose moverse de su sitio. Momento en que el vicario general de Badajoz, Sebastián González González, aprovecha para hacer la primera salutación, sin perder un ápice de sonrisa: "Tranquilos, lloverá lo que quiera la Virgen...". Agua bendita, se entiende, porque hubo un aplauso generalizado de la devota concurrencia. Leyendo unas palabras de un texto del arzobispo Santiago García Aracil, en plena recuperación de su última intervención quirúrgica, el "gran ausente" del acto, como luego se referirían a él, donde decía que "a pesar de la distancia, me encuentro de corazón entre todos vosotros". Iniciado el ritual de la misa solemnísima, el obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro, muy conocido en Badajoz de sus tiempos como vicario general del arzobispo Antonio Montero Moreno, hoy, emérito (jubilado), tuvo palabras de agradecimiento: en primer lugar, al arzobispo santiaguista, "por poner en sus manos este gran honor". Pasando después, en una clara reafirmación extremeñista de carácter mariano, a "traer las felicitaciones de nuestras advocaciones de la Montaña (Cáceres) y del Puerto (Plasencia)", teniendo después un recordatorio cariñoso al arzobispo Montero, que no pudo desplazarse por enfermedad. Repartiendo después sus cortesías a todas las autoridades presentes, a los padrinos de la ceremonia, al pueblo pacense, a sus barriadas, a la coral, a la hermandad organizadora, etc., etc. Interviniendo después el prelado de Coria-Cáceres, monseñor Cerro Chaves, que hizo la homilía, con unas palabras cariñosísimas para Badajoz y su devoción por su Patrona: "Que no debería llamarse Soledad, pues nunca está sola, tal es el número de fieles y devotos que le hacen la corte".

LA CORONACIÓN
Y son las 22,00 horas cuando se dio inicio al solemnísimo, y premioso, rito de la Coronación, donde, como notario mayor del acto, intervino el nuevo secretario general del Arzobispado de Mérida-Badajoz, Carlos Torres, dando lectura al decreto arzobispal de aprobación de la Coronación canónica, fechado en Valencia. Tras lo que los dos obispos, después de bendecirla, levantaron la señorial corona, enseñándola al pueblo, que respondió con grandes aplausos. Y llegó el momento cumbre de la noche, cuando los dos prelados, r
ezando con parsimonia un avemaría, procedieron a colocar solemnemente la corona sobre la cabeza de Nuestra Señora de la Soledad, en tanto sonaba el Himno nacional, interpretado por la Banda municipal de Música, entre ovaciones y vítores del gentío, volteo de campanas y lluvia de pétalos desde los ventanales de la Catedral. A lo que siguió la primorosa interpretación del Himno de la Coronación --con música de Emilio González Barroso, letra de José M. Santiago Castelo e instrumentación de Vicente Soler Solano--, con la muchedumbre cantora, la coral de la Soledad y el improvisado "coro" de costaleros, al pie de la Virgen, todos a una, Badajozuna, dirigidos por el simpar Emilio González Barroso, en la actuación coral más importante de su vida:

Soledad, Virgen Santa de la Soledad
Badajoz con amor te corona
con fervor en tus ojos se mira
y ter aclama como su Patrona,
en tu manto consuelo ha de hallar
porque sabe que Tú la proteges
¡Virgen Santa de la Soledad!
Soledad en la noche y en la aurora
Soledad en el lirio y la paz
Soledad hecha luz florecida,
al llorar tu pañuelo le enjuga
los olvidos de su voluntad,
oye, Madre, la ardiente plegaria
desde el alma de nuestra ciudad.
Tenla siempre a tu lado, Señora
¡Virgen Santa de la Soledad!


Memorable, grandioso, lo nunca visto, hermanos. Momento en que el monitor antoniano, enardecido, arengó al gentío con los vivas del "nuevo" ritual:

¡Viva la Virgen de la Soledad Coronada!
¡Viva nuestra Madre!
¡Viva nuestra Patrona!
¡Viva nuestra Reina!


Y son las 22,45 horas cuando llegó la hora de la comunión. Y el gentío, al borde del pasmo cuando, sin llover ni nada, ve cómo aparecen decenas de paraguas blancos, moviéndose de aquí para allá entre los fieles que asistían al acto. Pero ¿qué pasa aquí con tanto paraguas, si no está lloviendo? Pues muy sencillo: los paraguas, llevados por jóvenes y jóvenas, iban protegiendo los copones en cerámica de color blanco de los muchos sacerdotes que se desparramaban por la plaza para dar la comunión a los fieles, al tiempo que, desde lejos, podía distinguirse por dónde se movían para ir a su encuentro. Ingenioso detalle el del paraguas, traído, sin duda, de algún multitudinario Encuentro o Jornada de jóvenes católicos por el mundo. Mientras tanto, el coro de Celia, en plan estelar, cantaba "O Salutaris", "Cerca de ti, Señor", "Cantata como estaba el pan disperso" y "O Sanctissima". De lujo, damas y caballeros. Momento que aprovechan decenas de asistentes, con sus cámaras en ristre, para acercarse a la Virgen Coronada, en su palio dorado, para hacer cientos, qué cientos, miles de fotos y vídeos con sus móviles y cámaras. El frío comienza a notarse y la gente de la calle, además de algunos invitados, empiezan a desfilar hacia sus casas. La ceremonia es excesivamente larga y mañana, lunes, hay que levantarse temprano para trabajar.

Y en éstas estábamos, cuando tenemos ocasión de presenciar un ritual anacrónico, de otras épocas. Y fue que, de nuevo, el secretario general de la Archidiócesis, Carlos Torres, sin haber terminado el acto ni nada, dio lectura al Acta oficial de la Coronación, requiriendo las firmas, como testigos importantes, del presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, del alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso, del hermano mayor de la Soledad, Joaquín Gil, y claro es, de los dos obispos oficiantes, el placentino y el cauriense-cacereño. Acta oficial que fue refrendada por el propio Carlos Torres, como secretario general, poniendo a continuación... ¡el sello! Pero había más, y es que sube al estrado el hermano mayor de la hermandad de la Soledad, Joaquín Gil y Juan, que tuvo un discurso de agradecimiento a todas las personas e instituciones que habían hecho posible este acto, incluido "a todos ustedes, señoras y señores", pidiendo, desde ya, el título de "Badajoz, ciudad de piedad mariana" y que "la Virgen de la Soledad sea el centro de las celebraciones marianas por excelencia". Para terminar con un anhelo ferviente: "Que la Virgen reine en nuestras vidas, en nuestros corazones y en Badajoz. ¡Viva la Virgen de la Soledad!". ¡Vivaaaaa!, se oyó por todas partes.

Son las 23,05 horas y el relente está haciendo estragos en las últimas filas de fieles y en el resto de los asistentes que comenzaron la función de pie. Así y todo, nueva intervención del vicario de Badajoz, Sebastián González, que tuvo palabras de elogio para todo el mundo --dos obispos, pléyade de sacerdotes, hermano mayor de la Soledad, cofradía y costaleros, camareras y coro de la Soledad, con las otras corales, y qué sé yo--, con un recuerdo cariñosísimo al arzobispo emérito, don Antonio Montero Moreno, y al arzobispo titular, don Santiago García Aracil, aportando una noticia que pocos conocían: "El arzobispo no quiso aplazar el acto, a pesar de su enfermedad, que podía haberlo hecho para estar luego presente, quiso que se celebrara en la fecha originariamente establecida". Aportando sus deseos de que "se celebraran más actos de culto en el futuro, que la Coronación de la Virgen sea un acicate en los próximos tiempos". Cerrando su intervención con un "¡Viva la Virgen de la Soledad!". ¡Vivaaaa!, se oyó, pero con menos intensidad que antes. Para, a continuación, cantar todos, en latín, los versos de la "Salve Regina":

Salve Regina, Mater misericordiae,
vita, dulcedo et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii Évae,
ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarun valle...


LA DESPEDIDA
Son las 23,15 horas y, tras la bendición final, y con la coral cantando el "Cantad, cantad", de Haydn, la Soledad Coronada y su extenso cortejo, con numerosísimos fieles portando cirios encendidos entre las manos, pasito a pasito, iniciaron el camino de regreso a su santa casa. La gente, arrecida, no se amilanó, sabiendo que tenían poco tiempo para ver a la Patrona tan cerca, y pudo acercarse al paso, dándole una despedida apoteósica, señorial, entre aplausos y vítores emocionados:

¡Viva la Virgen de la Soledad!
¡Viva la Patrona de Badajoz!
¡Guapa! ¡Guapa! ¡Guapa!

Y eran justo las 23,45 horas, cuando el paso de la Virgen de la Soledad, rodeado de sus más fieles, salía por la calle del Obispo abajo, camino de su ermita, en tanto, durante un tiempo que me pareció interminable, llegaban los ecos de los vítores de sus hijos pacenses:

¡Viva la Virgen de la Soledad!
¡Viva la Patrona de Badajoz!

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