10-M: Divertido viaje turístico-musical por el mundo, con la Banda municipal de Música de Badajoz

Por El Avisador - 12 de Marzo, 2013, 19:53, Categoría: General

De muy entretenido, turístico-musical cien por cien, tengo que calificar el concierto que dio la Banda municipal de Música de Badajoz el pasado domingo, con Vicente Soler Solano a los mandos, titulado Un Viaje por el Mundo, organizado conjuntamente por las concejalías de Servicios Sociales y de Cultura del Ayuntamiento de Badajoz. Con un López de Ayala totalmente abarrotado, abundando los Mayores, que llenaron el coliseo pacense como media hora antes del comienzo del "viaje". En un "airbús" de dos pisos, llenito hasta la bandera, que, con salida (y posterior llegada) del "aeropuerto" Adelardo López de Ayala, recorrió medio mundo en su vuelo transoceánico BA-100313, con el "comandante" y la "tripulación" en estado de gracia, obsequiando al respetable con una veintena de temas breves y pegadizos, entre clásicos y modernos, folklóricos y cinematográficos, conocidos muchos de ellos, alusivos a los países por donde se pasaba, para satisfacción y contento del distinguido público, que se lo pasó de miedo, sin marearse ningún pasajero ni nada. Y entre el pasaje, bien peripuestas para la ocasión, dos distinguidas "azafatas", las concejalas María del Rosario Gómez de la Peña y Paloma Morcillo, que trataron con cortesías mil a los pasajeros que se les acercaron. Y como "azafato" tres estrellas, de tiros largos el caballero, con su pajarita de los grandes eventos, el presentador y comentarista Emilio González Barroso, en la mejor actuación que le conocemos, interviniendo, incluso, en un momento del viaje, con su acordeón, a ruegos del "piloto" vicentiano y de la "tripulación". También hubo algunos sucesos durante el "gira", pero no adelantemos acontecimientos.

RUTA I
Al fondo, el escenario lucía una gran pantalla, donde, en total concordancia con las músicas, fueron proyectándose una serie de atractivos vídeos en colorines, con estampas bellísimas de los principales lugares, rincones, monumentos, usos y costumbres de los países visitados. Un lujo para la vista, sí señor. Montaje y visionado que estuvieron a cargo de los "fontaneros" de la Banda, en este "viaje", los flautistas Jesús Ramos y Javier Barco, situados tras las bambalinas, que recibieron un apretado aplauso al final por su excelente trabajo. En la primera parte, el "airbús" con todo el equipo recorrió Austria (a los sones de "La Viuda Alegre", de Franz Lehar), Alemania ("El Barrilito de Cerveza", de Jaromir Vejvoda), Inglaterra ("Pompa y Circunstancia. Marcha Nº 1", de Edward Elgar), Grecia ("Zorba el Griego", de Mikis Theodorakis), Francia ("Los Cuentos de Hoffmann (Barcarola), de Jacques Offenbach), Portugal ("Lisboa", de Raul Ortela), Italia ("Amarcord", de Nino Rota), Marruecos ("Casablanca", de Max Steiner) y Rusia ("Paseando por Rusia", de Roland Kerner).

La cosa iba con toda placidez, cuando, pasada Austria y al atravesar Alemania, que vemos cómo, en pleno "Barrilito de cerveza", Alfonso Ibáñez y sus dos leales del equipo de trompa se levantan, vasos de cerveza en ristre, montando una de no te menees. ¡Tate --me dije--, motín a bordo! Ante el desconcierto general, con el público sonriente, sin dejar de acompañar la pegadiza música con palmas al compás, los rebeldes que van y se beben unas birras por toda la cara, ofreciendo otra... ¡al comandante en jefe! Que no sabía qué hacer, pero al final se la bebió a medias, brindando a la salud de la audiencia, que se estaba tronchando de risa, Marisa. La ovación final fue de aúpa. Pero sigamos con el "viaje". Vuelta la tranquilidad, el paso por Inglaterra, Grecia, Francia y Portugal fue ameno y relajante con vídeos y músicas de primera, y el auditorio encandilado ante tanta belleza turístico-musical. Pero es pasar por Italia, cuando ocurren algunas novedades: en la interpretación de "Amarcord", vemos cómo se incorpora a la Banda el "azafato" Emiliani Barrosini, con su inseparable acordeón, y aquello sonaba de forma pausada y divinal, como si alguien se desmayase. Y cuando más amodorrados estábamos, que va y aparece un ciclón, digo..., "Rosa de España" (Rosa Velázquez, la saxofonista más sexy que parió madre), toda ceñida de negro y corbata blanca, tocada con un sombrerillo chulo, que dio una breve exhibición de baile apasionado, ante el pasmo de los presentes, que se olvidaron por unos instantes de la música y la peli, todo ojos para la rubia de la Banda, que estaba de toma pan y moja. Como que el "avión" estuvo dando bandazos unos segundos, tanto que al "comandante" le costó Dios y ayuda enderezar la "nave". Tras recuperar el resuello, dejamos atrás Marruecos con toda tranquilidad, para sobrevolar Rusia después, lo que aprovecharon los mozos y las mozas de la Banda para deleitar al respetable con una amplia selección de temas rusos, que encantaron al "pasaje", recordándole sus buenos tiempos. El final fue apoteósico, con todos los músicos de pie, y el dire vicentiano exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja.

RUTA II
Tras el descanso reglamentario, comenzó la segunda parte de la ruta por el Mundo mundial, con estos destinos y músicas: Cuba ("Mambo nº 8", de Pérez Prado), Turquía ("Lokum", de Suzanne Welters), Argentina ("Adiós, Muchachos", de Julio César Sanders), Venezuela ("Alma Llanera", de Pedro Elia Gutiérrez), Israel ("Éxodo", de Ernest Gold), Estados Unidos ("New York, New York", de John Kander), Brasil ("Copacabana", de Barry Manilow) y, final del viaje, España ("Macarena", de Bernardo Monterde).

Y, nada más empezar, que van los de la Banda y me montan una movida de aquí te espero, con el ¡1!, ¡2!, ¡3!, ¡4!, ¡5!, ¡6!, ¡7!, ¡8!..., ¡maaaaaaaaamboo...!, con los grupos de instrumentos arriba y abajo, vengan a levantarse de nuevo, vengan a sentarse después, y el "piloto", contagiado, moviendo su cuerpo serrano al ritmo de tema tan sabrosón. Como que la ovación final fue de escándalo. Y en Turquía, más madera, hermanos: que van y tocan "Lokum" --"dulce típico turco, al estilo de la técula-mécula de Olivenza", que dice el sabihondo del acordeón--, con el percusionista Lorenzo López Lumeras, en primer plano, ataviado con túnica y gorro moruno, marcando el ritmo de forma contagiosa con su darbuka. Y en esto que vuelve a salir "Rosa de España", la musa de la Banda, esta vez, de... ¡odalisca de las Mil y una Noches!, como os lo cuento. Moviendo las caderas que daba gloria, como en los bailes árabes del vientre y de los siete velos, y con la distinguida concurrencia al borde del pasmo. Otro final apoteósico, obligando a saludar a la Banda y a la bailarina rubiales. Que fue despedida por el "comandante" con un par de besos. Así, cualquiera es director, no te amuela.

Sin novedad, pasamos un ratino después, por Argentina, y de ahí a Venezuela, donde se armó otro alboroto. El dire y los chicos de la percusión se ponen ponchos y sombreros, sin dejar de marcar el ritmo de "Alma Llanera", en tanto veo que me salen por delante dos trompetistas, ataviados de charros mejicanos, con enormes sombreros y ponchos de colores. Y la montaron a base de bien, con el auditorio encandilado ante tanta fiesta, por lo que, al final, los artistazos se llevaron una prolongada ovación, en especial los dos mejicanos de pega, saludando el dire a sus dos trompetas con un apretón de manos, nada de besos, qué se han creído. Tranquilizados los ánimos de nuevo, el paseo por Israel y Estados Unidos se hizo con total placidez, con la "aeronave" vicentiana en plan majestuoso, músicas e imágenes al compás, surcando los mares de nubes de la ruta que enlazaba América del Norte con Europa. Pero de vuelta a América del Sur, al sobrevolar Brasil y las playas de Copacabana, que llega el desmadre: empieza dando caña la percusión y, atentos, cocina, se van levantando, en pleno frenesí, los clarinetes, los trombones, las trompas y qué sé yo. Ante tal avalancha rítmica, mi director favorito que empieza a mover el esqueleto, y un trombonista descarriado que se fuga del sitio, tocando cara al público, entre el clamor de los presentes, lo que aprovechan los músicos para hacer la ola dos veces seguidas, sin dejar de tocar, que tiene bemoles. Final apoteósico y espectacular, con el patio de butacas, el anfiteatro y los palcos alborozados, con aplausos y ¡bravos! a tutiplén, en tanto el señor director aplaudía a su equipo A, para luego, todos a una, Badajozuna, saludar cortésmente a la parroquia viajera con suaves inclinaciones de cabeza y la mejor de sus sonrisas.

REGRESO A ESPAÑA
La gira turístico musical estaba llegando a su fin y vemos cómo el "airbús", con todo el equipo, toma la ruta de vuelta a España, en tanto en la pantalla salen postales rebonitas de Extremadura, Andalucía, Madrid, Cataluña y otras regiones de España, en tanto resuenan los sones del españolísimo pasodoble "La Virgen de la Macarena"
. La "Macarena" de Los del Río, no, hija, no, la de Bernardo Monterde. Esa que, según canturreó por lo bajini el presentador emilianense, acompañado por un coro de asistentes anónimos, empieza así:

De noche cuando me acuesto
le rezo a la virgen de La Macarena,
y allí solito en mi cuarto
a la virgencita le cuento mis penas...

Y no habían pasado dos compases, cuando me sale al escenario la bailarina y saxofonista Rosa, "Rosa de España", de flamenca moderna esta vez, traje negro de minifalda, mantilla, abanico y zapatos rojos y una flor chillona al pelo, envuelta en... ¡un capote de grana y oro! ¡Ele, qué arte! Con el auditorio con los ojos como plato y un paisano de al lado diciéndome, entusiasmado: ¡Que la lleven a Tú sí que Vales! El final fue clamoroso, con el público aplaudiendo a rabiar, en tanto el "comandante" Vicente mandaba saludar, uno por uno, a todos sus grupos instrumentales.

Y a puntito de coger el equipaje para regresar a nuestros lares, que van y dicen que quieto, parao, ahora, un detalle del "piloto" y la "tripulación", el pasodoble "Banda municipal de Música de Badajoz", de Gómez Deval, con un reportaje guay sobre la Banda y sus componentes, sus conciertos, sus ensayos y yo qué sé. Y el quinteto de trompetas que la monta, con olés y oléeeeeeeees, invitando al pasaje a seguirle. Y la Rosa torera que da unos capotazos, entre ovaciones y olés. El fiestorro estaba en su cénit, cuando veo cómo el gran timonel se larga con viento fresco tras las bambalinas, dejando la "aeronave" a su aire, sin "piloto" ni nada, y sin saber si tenía el "automático" puesto o no. Pero ¿esto qué es?, decía una de al lado, que no sabía qué estaba pasando.
Damas y caballeros, momentos interminables, tiempo para acordarme de los pifostios de "Aterriza como puedas", los hijos de su madre. Así y todo, la ovación final fue de las que hacen época, en un epílogo turístico-dramático-musical que será recordado largo tiempo.

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