Los orígenes de nuestro Patrimonio histórico-artístico monumental a la moderna

Por El Avisador - 3 de Diciembre, 2012, 0:44, Categoría: General

Cuando en 1453 los turcos conquistan Constantinopla, se confirma el convencimiento de que el uso de la pólvora y la posesión de un buen armamento artillero trastocan el modelo de fortificaciones defensivas. La triple muralla de alzado vertical de la capital del Imperio Bizantino no fue suficiente freno para la ofensiva de los grandes cañones otomanos. Se iniciaba así una nueva forma de construir las cercas defensivas, que en los siglos posteriores se irán perfeccionando y llenando de complejidad. A poco de comenzado el siglo XVI, los Reyes Católicos introducirán en sus reinos el modelo de muralla abaluartada, con paredes inclinadas, de gran anchura, profundos fosos, escasa altura de cortinas, flanqueadas por salientes poligonales para fuego cruzado (baluartes), obstáculos exteriores (revellines, medias lunas...), todo ello terraplenado y con extensos glacis, exponiéndose mínimamente al fuego enemigo.

En el Reino de Nápoles, Sicilia, Malta y Cerdeña se construirán los primeros modelos, que antes de la mitad del siglo XVI se extenderán a Barcelona, Tarragona, Rosas, Valencia, Cartagena, Ibiza, Mahón, Palma de Mallorca, Ceuta, Melilla y otras posesiones del Norte de África: o sea, toda esa "zona caliente mediterránea" que amenazan los turcos, con su potente maquinaria pirobalística. Otra zona que será protegida por el nuevo modelo de fortificación será la de los Países Bajos, confrontado a Francia, en donde la rivalidad entre el emperador Carlos I y el rey francés Francisco I, se manifiesta en continuos conflictos.

Un siglo después de la gran victoria de los turcos otomanos, tendremos ya en Europa innumerables fortificaciones abaluartadas protegiendo ciudades tan significativas como Turín, Pavía, Milán y Verona en Italia, o Amberes y Utrecht en Países Bajos, que servirán de modelo ("modelo italiano", pues de allí proceden los grandes ingenieros proyectistas: en Pamplona tendríamos un magnífico ejemplo, inspirado en los diseños de Turín, Amberes...) durante ese siglo y el siguiente, perfeccionado en defensas exteriores e inundación de fosos por los holandeses en el siglo XVII, y con una complejidad extraordinaria por los franceses en el siglo XVIII, sobresaliendo el genio del Marqués de Vauban.

Sin embargo, cien años después de que el Mediterráneo esté implantando el nuevo modelo, nada se ha cambiado en la Raya luso-española. Desde 1580 ceñía ambas coronas el mismo rey de la Casa de Austria --tras una política de alianzas matrimoniales que lo propició--, lo que hacía innecesarias las precauciones de defensa entre ambos reinos. Así, las fortalezas de frontera no son otras que los castillos medievales que se alzaron durante la lucha entre cristianos y musulmanes, tan poco útiles si se daba una ofensiva bilateral. ¿Qué ocurre cuando Portugal se alza contra la dominación filipina en 1640? Pues que, ante el ataque de los ejércitos artillados de Felipe IV de España, tiene que organizar urgentemente la defensa de la frontera, construyendo extensas fortificaciones abaluartadas que protejan sus principales núcleos poblacionales y rutas de penetración territorial (en la costa ya sí existían fuertes modernos, casi a la par que los de las colonias americanas) para enfrentarse a la piratería.

Los años de la Guerra de Restauração (1640-1668) van a ser de gran actividad constructiva desde el norte fronterizo con Galicia hasta el sur rayano con Andalucía, sobresaliendo en el primero las fortificaciones de Valença do Minho y Monção, y en el segundo la de Castro Marim. Otra línea de penetración de atención especial iba a ser la de Salamanca-Guarda, fortificándose fundamentalmente Almeida. En el lado español será en momentos tardíos del enfrentamiento, al firmar Felipe IV la Paz de los Pirineos con Francia en 1959. La Guerra de los Treinta Años, unida a la sublevación de Cataluña, no le ha permitido atender suficientemente el problema de la separación de Portugal; al superar estos conflictos, podrá acometer el refuerzo de las defensas urbanas, fundamentalmente iniciando el complemento abaluartado en murallas medievales o nuevos enclaves de tierra, fajinas y cestones.

Ahora bien, los conjuntos defensivos se van a desarrollar de manera espectacular en el espacio alentejano-extremeño, que constituye la principal línea de fricción, en la comunicación Madrid-Lisboa. Dos ingenieros de alta capacidad serán los principales responsables de los proyectos y realización de fortificaciones, así como planes de asedio: primero, el jesuita oriundo de los Países Bajos Joannes Pascácio Cosmander y --a su muerte en el cerco de Olivença de1648-- el francés Nicolau de Langres, que fallecerá en la ofensiva española contra Vila Viçosa (1665): ambos habían acabado "pasándose" al enemigo. Uno, otro o ambos, proyectan, diseñan, perfeccionan sucesivamente, las fortalezas abaluartadas de lugares clave como Marvão, Castelo de Vide, Portalegre, Crato, Arronches, Ouguela, Campo Maior, Elvas, Barbacena, Estremoz, Vila Viçosa, Juromenha, Olivença, Évora, Beja,­­­ Monsaraz, Mourão, Moura... Los portugueses, incluso intervendrán, tras su toma, en españolas como la castellana San Felices de los Gallegos y las extremeñas Valencia de Alcántara y Villanueva del Fresno.

Por el lado español, aparte de éstas últimas nombradas, apenas si podemos destacar a Moraleja, Alcántara y Badajoz. También el castillo-palacio de Brozas, más un primitivo Fuerte de la Concepción en Aldea del Obispo demolido sin llegar a cumplir un año, y otras intervenciones menores, como el acondicionamiento de algunos lienzos de la muralla medieval para defensa y colocación de piezas de artillería en Ciudad Rodrigo. Todas ellas de deficientes defensas, a pesar de su vulnerabilidad. Alburquerque --de impresionante castillo roquero--, repetidamente asediado, no llegó a fortificarse "a la moderna", como tampoco Alconchel -también de imponente castillo-, al sur de Olivenza, que sufrió frecuentes razias y estuvo en manos portuguesas de 1642 a 1661. Lo cierto es que en esta guerra Portugal pretende libertar y defender su territorio, no el "conquistar" al vecino --aunque castiga la frontera y la saquea--, por lo que ha de fortificarse; España atacaría para recuperar la unión peninsular, no "fijar frontera", por lo que no vería tan prioritario fortificar, aparte de que sus recursos estaban agotados, por las guerras en Europa y la sublevación de Cataluña.

Así, cuando acaban los enfrentamientos en 1668, reconociéndose la independencia de Portugal, la serie de fortificaciones abaluartadas en la frontera, especialmente en Alentejo, será considerable. Fortificaciones que se irán perfeccionando y tendrán un destacado papel en las guerras posteriores de Sucesión española (1701-1712) y de Invasión francesa (1808-1814), y que hoy constituyen un patrimonio histórico-artístico monumental de primer orden, candidato a ser Patrimonio de la Humanidad, algo que ya consiguió en junio de 2012 el conjunto fortificado de la ciudad de Elvas.


Moisés Cayetano Rosado
mcayetano14@gmail.com

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