¡No, a Manolito, no, que es mi amigo! ¿Igualito que en el 36?

Por El Avisador - 18 de Octubre, 2012, 13:21, Categoría: General

La información ha aparecido en todos los medios. No es para menos: un grupo de "estudiantes" ha irrumpido en el Colegio Salesiano de Mérida al grito de "¿Dónde están los curas?, que los vamos a quemar". Y por su culpa, hasta se ha herido una profesora en ese Colegio, que, como su maestro Don Bosco, se dirige, sobre todo, a las clases modestas. Este incivismo me ha traído recuerdos del año 1936, en que con once años (ahora tengo, pues, 87) estaba en el Colegio de los HH. Maristas de Badajoz. En aquel entonces, los "pioneros" socialistas y comunistas iban a nuestra salida de clases para zurrarnos. Sólo nos defendían nuestras piernas y unos más mayores que nosotros que decían eran "falangistas".

Yo tenía suerte casi siempre.Y lo explico. Mi padre, Valeriano (1899-1968), era de Baños de Montemayor (Cáceres), desde la reforma provincial de Javier de Burgos, que la sacó de Salamanca, aunque no sé si todavía tienen el prefijo telefónico de tal provincia. Mi padre se quedó huérfano de madre muy pequeño. Su padre, mi abuelo paterno, se volvió a casar con una cacereña, y al morir también, la madrastra le mandó a Badajoz en tren, encomendado a la pareja de la Guardia Civil, con sus 10 años, a trabajar en las tiendas de ultramarinos de D. Pablo y D. Facundo Santa Cruz, en que los dependientes comían y dormían en casa de los patronos. Trabajó duro, se casó con mi madre, Valentina Lobo, y se estableció con una modesta tienda de "ultramarinos" en la pobre y obrera calle del Río, luego, Joaquín Sama (por cierto, buen pedagogo socialista, que les vendría bien ahora a los de la Logse). Todos sus afanes "capitalistas" se cifraban en que su hijo estudiase, para ser "más que él", y, por eso, me mandó a estudiar a los Maristas, donde estudiábamos los ricos y los pobres o menos pobres juntos. Vio su sueño cumplido, pues me pude hacer Ingeniero y Periodista, gracias a su enorme sacrificio, que yo no podré agradecer nunca.

Cuando yo terminaba las clases por la tarde solía irme a la tienda de mi padre, "Casa Valeriano", y jugaba con los niños de mi edad del barrio. El dependiente de mi padre me hacía un carricoche con ruedas de bolas de acero, en el que iba yo y me empujaban mis amigos, y luego se montaban ellos y empujaba yo. Y por eso, cuando algún energúmeno de los pioneros trataba de pegarme, salía uno de mis amiguitos y decía "No, a Manolito, no, que es mi amigo", y me abrazaba y nos íbamos juntos. Con los que ahora en 2012 quieren volver a "quemar a los curas", más los separatismos, ¿será que estamos volviendo a 1936?


Manuel Martín Lobo
Doctor Ingeniero de Montes y Periodista
eleneo1925@yahoo.es


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