El año que viviremos peligrosamente

Por El Avisador - 2 de Enero, 2012, 17:40, Categoría: General

El que ama el peligro perece en él, reza el refranero, que suele decir verdad. Pero ¿y si ese peligro no es querido ni deseado, y nos lo meten en el cuerpo a la fuerza como una pócima ponzoñosa? ¿Qué hacer, entonces? Todos los años nuevos son serpientes bífidas desde el paraíso terrenal en el que sucumbió la primera pareja. A la puta calle, a ganar con el sudor de la frente lo que te regalé y no supiste mantener ni aumentar. A las tinieblas exteriores, hala, Adán, hala, Eva, que parirás y vivirás con dolor e inseguridad.

Nos lo prometemos venturoso al inicio de cada año, y sin ángeles de fuego exterminador de lo dado o conseguido, pero es porque tememos lo que nos acecha, que es malo de cojones; no nacemos con un roscón de reyes bajo el brazo y ya no se atan los perros con longaniza. Llegó Rajoy y nos hundió el rejonazo, como el cirujano que saja y salva. ¿De verdad? ¿No podía ser por otros lados, los de la desfachatez de las comisiones millonarias, por ejemplo? Sí.

Por de pronto, Papá Gobierno nos ha cargado un saco de carbón de impuestos a la espalda, de manera que el tren de la economía familiar y social va a rodar menos, peor y más despacio, sin obras públicas ni privadas en el organigrama presupuestario. A ver el listo que con estos mimbres recortados hace un cesto cangrejero y a ver quién con ese cesto recoge algo de provecho que llevarse a la boca. Donde no hay harina, todo es mohína. Y este país alegre y confiado se ha levantado triste al amanecer del dos mil doce, de manera que no hay por donde cogerlo ni sujetarlo.

Virgencita, que me quede como estoy, tal era la repetida cantinela de los españoles de bien y de mal al terminar el brindis de las achampañadas campanadas televisivas de la Nochevieja, con el estreno de la Pantoja paquirriña, toda gorgoritos vanos, y el armario sin fondo de la Igartiburu de siempre. Ver para llorar.

Pintan bastos. Hay que ajustar los gastos a las necesidades imprescindibles; no puede haber más salidas que entradas en la casa española de tócame roque, desapareció la euromoneda corriente que, de mano en mano, iba. ¿Callarse? No. ¿Tirarse a la calle? Tampoco. ¡Ojalá levantemos este país! Y menos gaitas, que unas y otras desafinan: las políticas y las sindicalistas.

Apuleyo Soto Pajares
apuleyosotopajares@hotmail.com

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