Pájaros, ríos y mares

Por El Avisador - 14 de Septiembre, 2011, 16:21, Categoría: General

Los pájaros van y vienen; dan vueltas y revueltas; paran muy poco, lo justo para comer y beber; alzan el vuelo a las primeras de cambio; gozan del reprís del más moderno automóvil; su emplumado corazón late con fuerza; va un niño a cazarlos y ya se han ido; son listos sin estudiar como empollones en los colegios bilingües de Esperanza Aguirre y su memoria instintiva retiene las rutas del cielo para no equivocarse en el retorno a los nidos de antaño. Por estos días preotoñales suelen cambiar de aires, a zonas más calientes siempre y siempre las mismas: la vida les va en ello, el calor del hogar pétreo o arbóreo les es esencial. Y miran de frente y adelante con dos chispitas de luz, para no perderse.

Los pájaros de Jorge Luis Borges, el ciego prodigioso que lo veía casi todo en el paraíso de las bibliotecas, "miraban hacia atrás", pero eso no era sino una de sus muchas ficciones literarias, y ya sabemos por Pessoa que "el poeta es un fingidor, finge tan constantemente que hasta finge que es mentira el dolor que en verdad siente".

Tampoco miran hacia atrás los ríos, que son materia cristalina pura, agua que va desnuda y descalza sobre la arena o el lodo y muere sucediéndose a sí misma en la embestida. ¡Y qué diferencia con los pájaros! Los ríos, "los caudales y los chicos", no han aprendido a retornar a la fuente que les parió ni los hombres se lo han enseñado todavía. Que no estaría nada mal, para volver a regar los campos y hacer acopio de electricidad con su elástico corazón frío derramándose a chorros. Los ríos son arrolladores, aduladores y arrulladores, sí, y, sin embargo, no regresan; se entregan exhaustos de cabeza y culo, diciendo solo a quién quiera escucharlos: "ahí os quedáis". Por eso lloraba Demócrito y lloraban las ninfas del Tajo en las églogas de Garcilaso de la Vega. Y lloramos nosotros.

Porque después del río no hay más que el mar, que es el morir. ¡Qué extenso es el mar, qué extensa es la muerte! El mar es bonito de ver, pero terrible de vivir: se consuma en sí mismo y en su vientre todo asume, como la gran ballena figura suya, la asesina Moby Dick. Ya puede ser uno capitán Ahab de las finanzas o tiburón de los mercados de Wal Street, que acabará engullido. ¡España, atenta, que la navegante Grecia ya naufragó!

Apuleyo Soto Pajares
apuleyosotopajares@hotmail.com

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