El pinchazo de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura

Por El Avisador - 29 de Octubre, 2010, 0:23, Categoría: General

Parafraseando a un célebre animal político francés del siglo XIX, el espectáculo "Montañas de Yo" presentado en el Festival de Teatro Contemporáneo de Badajoz por la Escuela Superior de Arte Dramático, "peor que un crimen, es una equivocación". Y grande. Una muestra más en esta maltratada región de una dirección cultural profundamente equivocada que coloca al frente de entidades de gestión pública a personas no cualificadas para asumir tal responsabilidad. En este caso se trata del director de la ESAD, Ramón Alonso de la Torre, columnista del periódico regional de mayor difusión y hermano del actual director general de promoción cultural, Javier Alonso de la Torre (http://www.extremaduraaldia.com/caceres/10-alumnos-de-arte-dramatico-representan-en-polonia-montanas-de-yo/105154.html ).

En el 2008 la Consejería de Cultura y Turismo dedicó más de 1,8 millones de euros para la adaptación del Centro Cultural San Jorge de Cáceres como sede de la Escuela Superior de Arte Dramático. Las instalaciones resultantes son excelentes, pero lo que el montaje "Montañas de Yo" puso de manifiesto es que falla el contenido, no el continente. Amparándose en un presunto sello vanguardista, el espectáculo es un muestrario de energía despilfarrada, egocentrismo escénico y caprichos formalistas que hacen muy difícil determinar si los alumnos-intérpretes, tras su paso por la ESAD, están capacitados para asumir los retos de la difícil profesión que les aguarda. A modo de ejemplo comparativo, dudo que los responsables pedagógicos del Conservatorio Superior de Música de Badajoz se atrevieran a algo similar. Y no se trata de establecer una dicotomía antagónica entre vanguardia y ortodoxia. Es una cuestión de formación básica en la que se emplean recursos públicos que deberían tener la búsqueda de la excelencia como objetivo principal.

El contraste entre unas instalaciones de primer orden y la deficiente formación impartida, a juzgar por los resultados del montaje en cuestión, clama al cielo. Los alumnos de la Escuela de Teatro extremeña, desde sus inicios en Olivenza y ahora, en Cáceres, han servido y continúan sirviendo de conejillos de indias en los experimentos político-propagandísticos de los dirigentes culturales de la Junta de Extremadura. Esta vez, hay que añadir la ignorancia de un director de la Escuela que, con la imperdonable aquiescencia de jefes de estudios y profesores, no es capaz de establecer prioridades formativas y lanza al ruedo a alumnos inexpertos en un lamentable ejercicio de ignorancia y autocomplacencia. Todo ello, como es de rigor, con cargo al cada vez más raquítico erario público.

No es cuestión de entrar aquí en un prolijo debate especializado sobre las características de una formación actoral adecuada. Lo que sí viene a colación es la necesidad de dotar a los alumnos de una escuela oficial de las herramientas necesarias que les permitan sobrevivir en el arduo mundo de la creación teatral y audiovisual, difícil objetivo de por sí. "Montañas de yo" se mira el ombligo insistentemente y no proporciona pistas sobre el potencial de sus alumnos-intérpretes que se desgañitan con una entrega digna de mejores empeños, todo ello bajo la atenta mirada de la directora-profesora que hace de oficiante omnímoda. Lo dicho, si éste es un botón de muestra de la calidad de la enseñanza impartida, apaga y vámonos.

Me viene a la memoria una muestra del Departamento de Arte Dramático del Juilliard School de Nueva York hace un par de décadas, una versión de "El Despertar de la Primavera", de Franz Wedekind, dirigida por un prestigioso director rumano de la época. La falta de experiencia, la suplían los actores con una refrescante y cuidada exhibición de recursos expresivos, el fruto de una formación rigurosa y polivalente. Si no incorporamos a la formación de nuestros actores el concepto de excelencia y revisión permanente de los objetivos trazados, será muy difícil evolucionar y adaptarse a estos tiempos de austeridad y recortes presupuestarios generalizados. "Montañas de yo" hace muy difícil justificar dispendios de esta naturaleza ante los ciudadanos acosados por el progresivo y constante deterioro de su situación económica. Hay que cambiar de rumbo en la ESAD, colocar al frente de la entidad a una persona cualificada y evaluar y revisar programas y capacitación del personal docente. No estamos para alegrías. El tiempo de bonanza presupuestaria sin límites y reparto de cargos entre afines, clientes y dóciles está llegando a su fin.

Eugenio Amaya (*)
eamaya@arandramatica.com

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(*) Publicado con autorización del autor, citando la fuente de procedencia:
http://www.extremaduraprogresista.com

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