El proyecto Cáceres 2016 y las valoraciones del jurado

Por El Avisador - 22 de Octubre, 2010, 16:42, Categoría: General

Por fin se ha hecho público el dictamen del jurado de la Capitalidad Cultural Europea 2016 y se ha distribuido selectivamente el Proyecto presentado por la candidatura de Cáceres. Llama la atención el informe del jurado que elude individualizar las carencias de las candidaturas desechadas como viene siendo habitual. Seguramente, la gran afluencia de aspirantes (15 en España y 11 en Polonia) así como una fecha límite de entrega ha impedido que el jurado se extendiera en argumentos personalizados, cosa que sí pudo hacer el pasado año en los casos de Bélgica que presentó una sola candidatura (Mons) y la República Checa a cuya convocatoria se presentaron tres ciudades aspirantes (Hradec Králové, Ostrava y Pilsen) de las cuales dos pasaron a la fase definitiva.

El jurado sí reconoce "los esfuerzos sobresalientes de la ciudad de Cáceres en la preparación de su candidatura, así como la participación y apoyo de ciudadanos, agentes culturales, empresas, universidad, gestores políticos y la región de Extremadura." Reconoce la "legítima aspiración" de Cáceres y Extremadura a ser reconocidos como una parte de la cultura europea y anima a la ciudad a desarrollar su proyecto cultural a lo largo de los próximos años y difundir sus resultados al resto de España y Europa.

Resulta sorprendente que Córdoba, que pasó el corte, recibe comentarios nada elogiosos antes del reconocimiento de sus méritos (no inclusión de representantes del sector cultural en la presentación, respuestas incompletas durante la presentación, exceso de argumentos reivindicando el legado histórico de la ciudad y escasa proyección hacia el futuro, exceso de confianza, listado incompleto de fortalezas y debilidades, desfase entre las aspiraciones europeístas y las herramientas para llevarlas a cabo), circunstancia de la que no se escapa ninguna de las candidaturas aprobadas.

Escudriñando las someras conclusiones generales del jurado, se pueden aventurar los motivos de la exclusión de Cáceres si estas conclusiones se comparan con el proyecto presentado: "escasa dimensión europea del proyecto, estimaciones presupuestarias no detalladas o poco realistas, planes de gestión no convincentes, pruebas insuficientes de que la estrategia de desarrollo incluyese una dimensión cultural sólida". No se hace mención al papel de las infraestructuras ni en un sentido ni en otro. Por último, el jurado recomienda a las candidaturas que pasaron el corte que la próxima vez las respectivas delegaciones no sólo incluyan representantes políticos, sino también miembros del equipo de gestión y del sector cultural involucrado en los respectivos proyectos. También recomienda una mayor claridad expositiva en las presentaciones y respuestas pertinentes a los temas planteados durante la sesión de preguntas y respuestas.

Esto es lo que hay. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas ni tanto dinero dilapidado sin un fin concreto. Una candidatura mucho más austera y modesta pero clara y sintética en sus aspiraciones como Segovia (http://www.segovia2016.es/Default.aspx?tabid=466) pasó sin haber echado la casa por la ventana. La conclusión primera es que los políticos que abanderaron esta odisea de siete años sucumbieron a la tentación propagandística inflando el proyecto, derrochando recursos, apelando a motivaciones emocionales y desentendiéndose de las exigencias concretas de la candidatura hasta bien avanzado el proceso de elaboración. De ahí que la redacción del proyecto que se ha distribuido selectivamente y, en estas fechas sigue sin hacerse público, resulte verborreica y confusa, plena de abstracciones academicistas y saturada de lugares comunes que no venían al caso.

El proyecto de Cáceres 2016 carece de una unidad de estilo tanto en la redacción como en la maquetación, en exceso prolijo cuando no era necesario y penosamente esquemático cuando se trataba de concretar y aportar datos y realidades. Al igual que muchas otras candidaturas, Cáceres relegó a los agentes culturales a un papel de meros comparsas y no fue capaz de elegir un equipo de gestión profesionalizado y capacitado para desarrollar las ideas globales que tampoco eran nada del otro mundo (el abrazo, puente con Iberoamérica y la figura de Carlos V).

Hay ocasiones en las que el proyecto redactado produce sonrojo en su acumulación de conceptos dispersos: "ejes estratégicos, bloques temáticos, programas marco", se acumulan en un mar de palabrería que desprende un insoportable tufillo institucional. Proyecto concebido desde arriba para guardar celosamente las esencias del dirigismo en política cultural y desentenderse de las necesidades reales y pegadas a la tierra, llegando en algún momento a afirmar que "la cultura es el ámbito que menos afectado se ha visto por las convulsiones económicas recientes". Extraviados en esta acumulación de despropósitos afloran tímidamente los estudios sobre participación ciudadana y un modelo de seguimiento y autoevaluación que bien se podría haber aplicado antes de enviar el proyecto a la imprenta.

Por último, se hace necesario reflexionar sobre la utilidad, fines y características del programa Capital Europea de la Cultura. En época de severa y galopante crisis económica, de tremebundos recortes presupuestarios por doquier, de estancamiento de las inversiones con la espada de Damocles de la Gran Deuda pública y privada pendiendo sobre nuestras cabezas, el sueño anual de la capitalidad se está demostrando inviable.

De hecho, muchas de las ciudades europeas ya elegidas se han visto obligadas a reducir los recursos previamente asignados y a recortar, en algunos casos radicalmente, la programación cultural prevista. Este empeño en mantener el "café para todos" de dos capitales todos los años va en detrimento de la calidad y repercute en el prestigio de la marca. No resulta coherente que, por un programa que sólo asigna 1 millón y medio de euros a través del Premio Melina Mercouri, las ciudades candidatas, seducidas por beneficios hipotéticos, malgasten dinero público durante un período de tiempo demasiado extenso e hipotequen recursos del futuro con el fin de acceder a un título honorífico cuya rentabilidad se hace cada vez más dudosa. "Menos es más", dice un refrán anglosajón.

Eugenio Amaya (*)
eamaya@arandramatica.com
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(*) Publicado con autorización del autor, citando la fuente de procedencia: http://www.extremaduraprogresista.com

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