En la fiesta de Graduación de la VIII promoción de la Universidad de Mayores

Por El Avisador - 20 de Octubre, 2010, 11:43, Categoría: General

El pasado 18 fue un día muy importante para este escribano. Pili, la patronal del Avisador, se graduaba. Había cumplido los cinco años desde que, en 2005, se alistara en el primer curso de la Universidad de Mayores (UMEX) y, ahora, recién acabado quinto, se aprestaba, en unión de compañeros de toda Extremadura, a recoger su merecido galardón: la beca azul y el diploma reglamentario. El día era magnífico y los caminos de la avenida de Elvas, en busca del campus de la sede pacense de la UEx, se vieron muy concurridos. Con autobuses y automóviles procedentes, además de la capital pacense y su comarca, de otras ciudades extremeñas, como Cáceres, Mérida, Zafra, Don Benito-Villanueva, Plasencia y Almendralejo.

Y no es de extrañar que el salón de actos de la facultad de Económicas y Empresariales, a eso de las 12,30 horas, estuviera de bote en bote. Con un lleno impresionante, hasta la bandera, con gente, incluso, de pie. Cuatrocientas personas, según los organizadores, entre ellos, los 140 que se graduaban, los componentes del coro, familiares, invitados, amigos y vecinos en general, incluidos los 22 alumnos de la Universidad de Leiría (Portugal), que habían llegado a la sede de Badajoz, dentro del plan de intercambios entre los dos Programas de Mayores. Todos, elegantes y peripuestos, ellas, de pelu, luciendo sus mejores galas, y ellos, con traje de chaqueta y corbata a juego. Pero hubo un asistente al que no se le esperaba, situado en el "gallinero", en la última fila de invitados. Se llamaba Hugo y era un chiquinino de sólo siete meses de edad, nieto de uno de los graduados, que, en los solícitos brazos de su joven madre, no quiso perderse el acontecimiento. Corazón mío, tan chiquitín y ya te llevan a la Universidad. Para que sepas el camino, sin duda, siguiendo el ejemplo de tus abuelos.

Se iba a celebrar el solemne acto académico de apertura del curso 2010-2011, y en la palestra de notables, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el rector de la Universidad, Juan Francisco Duque Carrillo, el ponente de la lección inaugural, el naturalista Joaquín Araújo Ponciano, y el responsable del programa Universitario de Mayores de la UEx, Florentino Blázquez Entonado, a quienes acompañaban dos profesoras más, en representación de la facultad anfitriona, la de Económicas y Empresariales, y de la Universidad de Leiría (Portugal). Y enfrente, en los primeros lugares, el presidente de la Asamblea de Extremadura, Juan Ramón Ferreira Díaz, el alcalde de Badajoz, Miguel Celdrán Matute, y el presidente de la Diputación pacense, Valentín Cortés Cabanillas. Que estuvieron arropados por numerosos profesores de la Universidad, tanto la oficial como la de mayores, así como representantes del Arzobispado de Mérida-Badajoz, la consejería de Educación, la Dirección provincial de Educación, etc., etc. Todo un ejemplo de respaldo social e institucional a la Universidad de Mayores de Extremadura, que, por si alguno no lo sabe, inició su andadura hace ahora 13 años.

EL ACTO
Y con el ceremonial acostumbrado, en tanto el coro de los Mayores atacaba en gregoriano el "Veni Creator Spiritus", dio comienzo el acto, con el rector magnífico de maestro de ceremonias. Intervinieron, en primer lugar, Florentino Blázquez, que hizo un repaso apretado de las actividades del curso 2009-2010, con 1.456 alumnos inscritos en todos los cursos, en las siete sedes, atendidos por más de un centenar de profesores universitarios y especialistas de todos los tipos. Felicitando a todos, a los que terminan y a los que se incorporan, y agradeciendo al rector, que se jubilaba de su cargo, tras ocho años de mandato, por su respaldo incondicional a la UMEX, diciéndole finalmente que "cuando se jubile, ya sabe dónde estamos, que hay sitio". La selecta audiencia sonrió de buena gana el ofrecimiento florentino. Tras lo que dio paso al profe que iba a dar la lección inaugural, Joaquín Araújo Ponciano, que disertó sobre "La Naturaleza, sabia ancianidad".

Naturalista, agricultor, escritor, periodista, editor, director de cine, realizador de programas de TV, divulgador del ecologismo en todos los MMCC, Medalla de Extremadura y siete cosas más, un sabio en toda regla, un filósofo de la Naturaleza, uno de los Madriles que lleva 34 años de residencia en uno de los parajes más atractivos de Las Villuercas, concretamente en
Vento, Navatrasierra (Cáceres), quien dio una soberana lección de amor por la tierra, su manto vegetal, la fauna y la flora, las aguas..., con especial atención al medio ambiente extremeño, a sus espacios protegidos, a sus comarcas, a las que puso por las nubes. Desde el sentido común y con una experiencia fuera de serie, Joaquín, el de Las Villuercas, dio un toque al personal, que le seguía arrobadito, sobre la importancia del cuidado de nuestro entorno natural, que en ello nos iba la vida de las futuras generaciones. Y decía las cosas tan convincentemente, sin recurrir a montajes videográficos ni puñetas, que, por momentos, parecía que estábamos escuchando el rumor del agua cristalina de las fuentes, el canto de los pájaros en primavera, el ulular del viento en invierno, el paso de los jabalíes tras el matorral, la pelea de los ciervos en la berrea, el picoteo de los pájaros carpinteros... Y, claro, pasó lo que tenía que pasar: uno de nuestros ilustres graduados se quedó como traspuesto. Como si le hubieran dado las tres moscas, sesteando placenteramente, oyendo las descripciones de Joaquín, el de Las Villuercas, dando cabezadas el bendito. En el séptimo cielo, a ver, no. Y terminó con una frase para enmarcar: "Lo más importante de la Naturaleza es que disuelve la vejez del mundo".

Las palmas echaron humo, lo que hizo que el colega durmiente, sobresaltado, se espabilara de una puñetera vez, interviniendo después dos alumnos, en representación de todos sus compañeros. María García Aldana, de Mérida, y Juan Gil Bodeguero, de Plasencia, se deshicieron en elogios hacia los estudios de la UMEX en sus sedes respectivas, los profesores, los compañeros, las muchas actividades realizadas, los viajes por Extremadura y Portugal, los intercambios... "Experiencias que no olvidaremos jamás", Juan Gil dixit. Y aquí se dio otro de los momentos emocionantes de la jornada, cuando nombraron a varios alumnos y profesores fallecidos el pasado curso. Y cuando sonó el nombre del recordado Juan Francisco Zamora Cabanillas --"el que más sabía del río Guadiana", según la alumna emeritense-- la audiencia lo corroboró con una salva de aplausos. A todo esto, los chicos del coro, con el maestro Joaquín Fernández Picón a la batuta, intervinieron en varios momentos, interpretando temas escogidos del folklore popular hispánico, como "Date la vuelta", de A. Dúo Vital, y "Maitechu mía", de F. Alonso.

LA GRADUACIÓN
Y llegó el momento más esperado de la tarde: la imposición de la beca azul de graduados a los 140 alumnos de las distintas sedes, que fueron bajando en grupos de seis para que los notables de la mesa presidencial se las impusieran, además de hacerles entrega del correspondiente diploma acreditativo, en medio de los atronadores aplausos de sus compañeros. Momento emotivo, que llenó de orgullo y satisfacción a todos los presentes, acto que venía culminar y distinguir cinco largos años de estudios y experiencias en esta singular Universidad. Acto, todo hay que decirlo, que se desarrolló con un orden ejemplar, milimetrado casi. Por lo que voy a dar los nombres de las personas, que, en los segundos escalones, se encargaron de que la organización resultara un éxito. Y la razón es muy sencilla, y es que sus nombres no aparecen nunca en los programas oficiales, pobrecitos míos, sólo salen los magníficos, los excelentísimos y los ilustrísimos. Así que ahí van:

Coordinadores: Camino, Ramona, Miguel y Rita.
Becarios: Mirian, María, Juan Carlos y Diego.

El señor rector también tuvo palabras de agradecimiento y de homenaje a los mayores, "por ayudar a la Universidad, en general, a que se proyecte socialmente". Y terminó, anunciando que "después de ocho años en el Rectorado, tendré que ponerme al día", recogiendo el guante que le había lanzado Florentino en su intervención.
Lo que se tradujo en más sonrisas en el graderío.

La intervención estelar estuvo a cargo del presidente Guillermo, que tuvo palabras "de alegría y de enorme orgullo" por el acto que presidía. Y es que, en plan profe, dijo que "nos pasamos la vida enseñando y aprendiendo", considerando a la UMEX "como una de las mejores ideas que ha tenido esta tierra, desde que hace 27 años se creara la Universidad de Extremadura". Y, a tumba abierta, en plan colega: "Muchas gracias por estar ahí... Necesito conocer vuestras ideas y experiencias... ¡Muchas felicidades a todos!". Y el salón de actos, a punto de venirse abajo de la ovación de gala.

Al final, con la audiencia puesta en en pie, el coro interpretó el himno universitario, el "Gaudeamus igitur", tras lo cual, en medio de la emoción desatada, los novísimos graduados --algunos, de 70, 80 y más años-- intercambiaron miles de besos y abrazos, en señal de felicidad, en tanto otros colegas y familiares les hacían miles de fotos y vídeos para la posteridad.

EL ÁGAPE
Tras el acto, los recién graduados, de todas las sedes, seguidos de una regular comitiva de colegas --incluidos los de Leiría, con las profes Isabel y Ana al frente--, familiares, amigos, profesores y organizadores, todos juntos y bien revueltos, nos dirigimos al cercano restaurante Dardy's, en la avenida de Caya, donde se reunieron a mesa y mantel, disfrutando de un ágape de hermandad, en medio de un ambiente extraordinario de amistad y buen humor. Degustando un sencillo menú, compuesto por entrantes, con sus ibéricos, quesos, tartaletas, saquitos de hojaldre y frituras
variadas, caldo guarnecido, merluza a la cazuela con gambas y espárragos blancos, tarta de queso, café y copa. De puro ya hemos hablado bastante. Y todo, regado con dos buenos vinos de la tierra: un blanco joven Castelar, uvas pardina y cayetana, y un tinto crianza 2007, también Castelar, uva tempranillo, todos con DO Ribera del Guadiana, de las acreditadas Bodegas Castelar, de Hornachos (Badajoz). A cuyo término, siguió un animado fin de fiesta, con música de discoteca, ésa del chunda-chunda-chunda, sevillanas, rumbas, las canciones de Manolo Escobar y Julio Iglesias, y, cómo no, Paquito el Chocolatero, himno oficioso de todos los festejos que se precien. Eran más de las siete de la tarde, rendiditos de tanta marcha, cuando cogimos el toli, de regreso a nuestros lares, satisfechos y radiantes tras las emociones vividas, en tanto a la salida se podía escuchar los cánticos de un coro hispano-luso, inasequible al desaliento:

Mi carrooo me lo robarooooooon..., estandooo de romeríaaaaa...
¿Dónde estará mi carroooo?, ¿dónde estará mi carroooo?
*
Porompompón, porompomporompompero, porón,
porompoporompompero, porón, porompoporompompón...
*
Bamboleooo, bamboleaaa, porque mi vida yo la prefiero vivir así...
Bamboleooo, bamboleaaa, porque mi vida yo la prefiero vivir así...


¡Viva Españugal! ¡Viva Portuespaña! ¡Viva la Universidad de Mayores! ¡Viva el Florentino! ¡Viva la madre que los parió!

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