Del puro teatro al puro cachondeo

Por El Avisador - 28 de Junio, 2010, 16:40, Categoría: General

Parece que el artículo "El Festival de Teatro Clásico de Mérida y la metedura de pata del caballo de Atila", publicado con mi firma en la revista Diario de Badajoz, en la revista teatral internacional Artez-Blai (con comentarios), en el blog El Avisador de Badajoz (con comentarios) y en la revista Voz Emérita (que lo había solicitado), ha levantado una interesante y curiosa polémica, a juzgar por la "catarata de comentarios recibidos" --como dice Pedro Montero en uno de estos medios-- y por la respuesta de Paco Suárez, director del Festival puesto en tela de juicio en el artículo y los comentarios, en Extremadura al Día (31-5-2010).

En este último, mostrado --sin mi permiso-- a través de la columna "Puro Teatro", de Juan Jiménez (que se parece a la de Juan Tribulete, reportero teatral que en todas partes se mete), con una empanada de reflexiones y conclusiones imberbes, donde mezcla en su escrito/caldereta, "para ir abriendo en boca", las churras con las merinas en tres platos de cocina ("Don Paco no es santo de la devoción de Don José Manuel", "debería canalizar sus críticas en un plano artístico y de gestión...", "a la nueva Consejera de Cultura se le va a hacer el verano muy largo") y la presbicia teatral es imponente.

En sazón, este "puro teatro" hay que tomárselo a estas alturas como "puro cachondeo" ante el desaliento cultural que nos invade, sabiendo que en la mayoría de los medios informativos extremeños, faltos de indagación, de recorrido en profundidad de la noticia o de la crítica, se hace grandilocuencia hueca del teatro (y mucha en este Festival), que no va más allá de los topicazos de siempre servidos de inmediato --tras la rueda de prensa-- por ese producto gacetillero pueblerino de trompetilla diarreica, que es sustrato de desconocimiento, y que, lejos de servir a la verdad, sirven a circunstanciales conveniencias y a mezquinas aspiraciones e intereses. Pero lo peor es --tal vez por lo ridículo-- cuando sale algún entrometido Tribulete (como el del TBO), con suposiciones gratuitas y recomendaciones desorientadas e incoherentes, censurando retrógradamente a la crítica teatral objetiva que cuestiona con fundamentos y se rebela contra las imperfecciones del teatro --la rutina, el mercantilismo, la manipulación, la aceptación de lo malo establecido--, contra organizadores y artistas necios y fanfarrones (a los que pone en su sitio) que, interesadamente, pretenden encajonarlo en grotescos esquemas.

En realidad, este lance evidencia que para algunos una crítica especializada y competente, de las que pueden enriquecer el debate teatral y, en definitiva, el teatro, está muy desconsiderada. Estos ignorantes no entienden que la crítica es necesaria no como "profesión" de unos señores que van a las salas y luego escriben sobre lo que les gusta o no, resuelto con un "bueno" o "malo" en lo estético, irremisiblemente acompañado por su "bien" o su "mal" en lo moral, del mismo modo que un ordenador tan sólo da respuestas de "sí" o "no" (que es lo que suelen hacer desde el Olimpo de sus columnas muchos gacetilleros y Tribuletes, con ansias de notoriedad), sino porque debe analizar el propio entramado --a niveles políticos, sociológicos, éticos, estéticos y comunicativos-- del proceso del espectáculo, profundizando además en toda la estructura económica e ideológica que sostiene y mantiene el teatro y que ese trabajo pueda insertarse en un discurso de la sociedad en general.

Esta claro que el artículo crítico"El Festival de Teatro Clásico de Mérida y la metedura de pata del caballo de Atila" va más allá del simple "plano artístico", poniendo en tela de juicio la mala gestión --la manipulación de la programación (donde se carga totalmente las producciones extremeñas), la mediocridad (por el revoltijo de bolos), la demagogia y mentiras compulsivas (de no rendir cuentas y explicar detalladamente el déficit que ha causado en el Festival), las provocaciones insultantes (llama rabiosamente a los críticos "gallinas" cluecas) y el autopanegírico (con la falsa trayectoria)-- de un director que es incapaz de imaginar, diseñar y construir un Festival que nos lleve a la gran fiesta de la grecolatinidad.

Un director al que no merece tener en cuenta su réplica --"Ay, Villafaina, Villafaina, ¿cuándo vas a olvidarte de mí?"--, por ser incapaz de contestar los planteamientos serios de mi crítica y desviar su escrito únicamente al terreno personal, donde estoy seguro que para el lector perspicaz y para el que conoce la historia del teatro extremeño queda desacreditado, al entender que sus afirmaciones son un juego más de palabrería y panegírico de sí mismo, sarta de desprecios injustificados adornados con un halo de satisfacción personal y con gratuitas falsedades y fábulas en cuya fiebre se captan delirios del señorito teatral que aspira ser. En fin, fachadas retóricas, argumentos falsos, hipocresías de la conciencia, tras las cuales se esconde el lobo humano de siempre.

Y también, porque ya han contestado por mí bastantes comentarios en distintos medios, vapuleándole seriamente con las verdades del barquero y con la ironía del puro teatro al puro cahondeo, sobre todo en una réplica ingeniosa --"En el Parnaso nos da la risa", carta publicada en una revista--, escrita por las más altas y dilectas mentoras de la creación teatral: las diosas-musas Melpómene y Talía, que lo saben todo sobre artistas, y por lo que deducen de la trayectoria de Paco Súarez, sobre sus fiascos y tropelías teatrales, es ilusorio que llegue a entrar en el Parnaso.

Por todo ello, sepa el señor Juan Jiménez que la crítica profesional en nuestra región que lo cuestione todo, y ello quiere decir una crítica formada e informada, es siempre necesaria como orientación y análisis, dirigidos hacia los artistas, instituciones y, sobre todo, hacia un público cada día más dependiente de los medios de comunicación social. De un público que no puede asimilar todo el cúmulo de expresiones artísticas que surgen engañosas del medio en que vive y que le bombardea continuamente. Y le alejan del teatro.

José Manuel Villafaina Muñoz
Profesor y crítico teatral
Licenciado en Arte Dramático por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid
jmvillafaina@gmail.com

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