La simpatía de las erratas de imprenta

Por El Avisador - 14 de Abril, 2010, 18:55, Categoría: General

Muchas veces se ha hablado, y se seguirá hablando, de accidentes, destacando los más espectaculares y que suelen ser siempre los más graves. Se recomienda prudencia a los impresores y seriedad a los escritores, pues no creo que tengan ninguna intención premeditada en colocar una errata en ningún artículo o poema. Imagínese la serie de insistentes peregrinaciones que han de llevar a cabo los pobres escritores hasta encontrar la solución, y los otros aguantarla. En tal caso, no puede culparse a una sola persona, ya que en conformar un escrito participan más de uno y de dos.

Yo, bajo estas comparaciones, no quiero decir que sea así, sólo quiero sugerir los peligros que amenazan al escritor estos fallos, pero que en algunas ocasiones tienen las más divertidas de las gracias, como podrán ver si siguen leyendo.

Hay medicinas preventivas y otras curativas. Yo soy de los que más creo en la eficacia de que es mejor prevenir que curar. Por eso recomiendo a los correctores que pongan toda su atención, que siempre es mejor avisar antes que infringir. Tengo la completa seguridad en que todos los lectores, en más de una ocasión, tropezarán con alguna errata, aunque al estar dentro de un artículo es como una fuente luminosa atrayendo toda su atención.

En éste, como en todas las cosas, en algunas ocasiones también tiene su parcela de simpatía. En mi libro "Momentos para Ti", en un poema dedicado al Cristo del Humilladero, Cristo de todos los granjeños, el poema dice: ”De parte a parte te encuentras/por tres clavos sostenido”. En la errata,  que pudo subsanarse, decía: ”De parte a parte te encuentras/por tres calvos sostenido”. Continuando con otra anécdota, esta no es mía, sí de un amigo calabazón, el cual mandó un artículo a cierta revista, el que decía: ”Ante tal aglomeración de gentes para ver la procesión, un niño al que la muchedumbre le impedía pasar, el niño iba buscando hueco entre las piernas de los asistentes". La errata, con su simpatía, que no le faltaba, confirmaba: “Un niño al que le impedían ver la procesión en primera fila, comenzó a buscar huevos por entre las piernas de los concurrentes”.

Casi todos los extremeños muy bien saben que en Granja de Torrehermosa, mi pueblo, se pronuncia la letra "elle", y no la "i griega", como en otras poblaciones tan cercanas al mismo, como es Azuaga, que hablan todo lo que es con "elle", ellos al igual que en otros muchos pueblos lo hacen remarcando la "i griega", como por ejemplo "aquello", que dice un granjeño, o "aqueyo", que sería lo dicho en algunas que otras poblaciones.

Para confirmarle que es así, yo les recomiendo la lectura de algunos de los poemas de Santiago Castelo, como son el "Poemilla de la elle" o "Donde se dora el aire , ambos incluidos en su nuevo libro, titulado "Quilombo".

El motivo que hoy me invita a escribir estas cortas líneas es que para la Semana Santa de 2009, unos amigos me pidieron un poema para una revista, los hombres, con la mejor de las intenciones, mandan todo el contenido para la confección de la revista, incluido mi poema, a la imprenta. Recibo la revista y, como cosa lógica, busco mi poema, y sorpresa. Donde debía leerse "llagas", se lee "yagas". No culpo a nadie, pero sí decirles que para un granjeño esto es uno de los mayores agravios que le pueden hacer, no teniendo en cuenta esa "elle" que para nosotros es uno de los mejores patrimonios heredados de nuestros mayores, siendo aquello que no debemos  ni queremos perder.

Consultados varios diccionarios, en ninguno de ellos pude encontrar la palabrilla "yagas".

Lorenzo Medel Romero
lmedelromero@gmail.com

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