Soledad bendita

Por El Avisador - 31 de Marzo, 2010, 0:24, Categoría: General

Así me gusta llamarte. Una exclamación, un suspiro en momento de necesidad y confianza o simplemente para sentirte cerca.  Son muchas las experiencias que podría enumerar en mi vida en las que la Soledad está presente de forma especial. Soy un pacense más que ama a la Madre de Dios, que ejerce su patronazgo sobre esta ciudad. Siempre me conmueve la devoción que le tiene el pueblo de Badajoz, personas de toda clase y condición que acuden a su Ermita para rezar.

Me pidió Pedro Montero unas letras para su blog en esta Semana Santa y me quiero referir a uno de los momentos más solemnes que se viven en su Ermita, en la víspera de sus salidas procesionales: la bajada de la Virgen de su Camarín. Cuatro hombres son los encargados de tan primorosa bajada. Lo primero: manos lavadas. Después, suben dos al Camarín. La Virgen, sin corona y envuelta en su propio manto, está a la espera. Una mano en la cintura y otra en el cojín (no olvidemos que la imagen de la Soledad está de rodillas), una leve inclinación hacia atrás y comienza el descenso. Desde abajo, la esperan los otros dos varones que, como ángeles, tienden sus brazos hacia arriba para coger con sus manos a la Madre de Dios.

Se oyen suspiros, lágrimas, el nerviosismo está a flor de piel. Una voz firme: "Tranquilos, no os pongáis nerviosos". Lentamente, la Virgen es llevada hacia la Sacristía donde manos primorosas procederán a vestir con respeto y devoción a la Virgen. Una vez que la imagen está sobre la peana, se despliega el manto que la cubre y queda la Virgen en todo su esplendor. Es uno de los momentos más íntimos para los que nos encontramos en la Ermita. En la sacristía, lo primero, se la saluda con un Ave María, terminado, uno a uno, la besan en sus manos. Es un instante de intensa oración y emoción.

De repente, una voz marca el final: "¡Todo el mundo fuera!". Así comienza durante más de una hora el lento vestir de la Santísima Virgen. Una vez vestida para la ocasión (procesión "de gala" del Jueves Santo o "de luto" para el Viernes) se abre la puerta que anuncia el final: "La Virgen está vestida". Ahora, la subida al paso, con el mismo ceremonial de la bajada. Un par de horas para colocar el manto y la mantilla y "levantar" las puntillas del rostrillo, que despeja su cara. Dos personas arriba en el paso junto a la Virgen que, guiadas por otras van, orientando la colocación.

¡La Virgen está preparada! Mirada de frente y de lateral para que los que la contemplen en la procesión puedan ver bien su rostro. La satisfacción entre todos es general. Ahora, rezar para que, si Dios quiere, la Virgen salga a la calle y que todo el mundo cuando la vea pueda decir con orgullo: ¡Qué guapa va la Soledad!

Antonio Cerro Ruiz
Sacerdote y pregonero

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