¡Viva España!

Por El Avisador - 18 de Marzo, 2010, 0:53, Categoría: General

El pasado domingo, la Banda municipal de Música de Badajoz, con Vicente Soler Solano a los mandos, tocó la fibra sensible de los Mayores de este pueblo, con un concierto extraordinario celebrado en su honor, que llevaba el sugestivo título de Un viaje por España, que resultó brillantísimo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Resulta que, dentro de su ciclo de conciertos de invierno, a falta de una semana para que entre la primavera, la Banda vicentiana había programado un concierto, dedicado a la Tercera, Cuarta y Quinta Edades, que abarrotaron el López de Ayala, con puertas abiertas y taquillas cerradas, para darse un garbeo audioviosual por las Españascontándose, además, con la colaboración especial de las sopranos Guadalupe Muñoz Cabanillas y Anabel Antúnez Medina, y del tenor Fernando J. Domínguez Cadenas.

No sé qué pasó, el caso es que el selecto personal --bien peripuestas y de pelu, ellas, bien trajeados, hechos unos pinceles, ellos-- andaba alborotado una hora antes del comienzo del concierto, con una cola que llegaba al cercano paseo de San Francisco, hasta la altura del edificio de la Caja de Badajoz. Lo nunca visto, colegas.

Ahí es nada, el Senado pacense, con cientos, qué cientos, miles de años de experiencia y sabiduría acumulados entre todos ellos, se había aposentado divinamente en el López, esperando acontecimientos. Con una enorme pantalla de fondo, donde se proyectarían diversos reportajes alusivos a las distintas regiones españolas. Y nada más salir Emilio González Barroso, el presentador de presentadores, la primera ovación. Y sin abrir el pico el tal Emilio, que lo hizo más tarde. Nada de particular, tratándose de la g
ente más aplaudidora y agradecida que haya parido madre. Y el sujeto emiliano que anunció que en el concierto la Banda interpretaría 18 páginas musicales, eminentemente representativas de cada una de nuestras regiones, haciendo después un brevísimo estudio de las 18 piezas del concierto vicentiano, para saber a qué atenernos. Afirmando que el acto estaba organizado por las concejalías de Cultura y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Badajoz, a cuyas madamas --Consuelo Rodríguez Píriz y María del Rosario Gómez de la Peña, respectivamente-- no pude ver, seguro que mezcladas entre tan señalada audiencia.

EL CONCIERTAZO
Con que empieza la función y veo cómo se situan a la izquierda del escenario, por delante de la Banda, dos guapas mozas, ataviadas con largas faldas negras y tocadas con un señorial mantón de Manila, una rubia y una morena, Anabel Antúnez Medina y Guadalupe Muñoz Cabanillas, a quienes acompañaba el t
enor Fernando Domínguez Cadenas, de etiqueta y pajarita. Mis dos mozas, que se ponen en jarras, en plan chulinas, en tanto el colega, serio como él solo, hecho un pasmarote, a verlas venir. Y suena el pasodoble Valencia, de J. Padilla, en versión reducida, como serían todas las demás, en tanto en la pantalla vemos hermosas imágenes de la ciudad y del resto de la Comunidad valenciana, Valencia, la tierra de las flores, de la luz, del amor y... de la paella y de las Bandas de música, con sus paisajes y monumentos principales, sus fiestas destacadas --las Fallas, mira por dónde, que son ahora--, en tanto el trío y la Banda lo bordan. La ovación fue de traca. Sin solución de continuidad, suena Crepúsculo de Mallorca, de L. Magenti, en representación de las Islas Baleares, ya en el corazón del Mediterráneo, y los espectadores nos quedamos extasiados ante las espectaculares imágenes, en especial, sus vistas aéreas, en b/n y color, de campaña turística de las caras. En tanto, la gente, arrobadita ante tal riqueza musical y visual, se queda como traspuesta. ¡Venga, vamos, la Banda municipal de Música de Badajoz, a la FITUR, la Feria Internacional del Turismo!

Estábamos encantados de habernos conocido, cuando la tropa vicent
iana ataca una sardana, la Santa Espina, de E. Morera, en homenaje audiovisual a Cataluña. Con vistas espectaculares en la pantalla, desde los monumentos antiguos a los edificios modernísimos, desde la costa al interior. Y el Senado, extasiado, como si le hubieran dado las tres moscas. La ovación final fue de gala. Pero ¿qué está esperando el concejalense de Turismo para llevarse a la Banda a la FITUR? ¿Dónde está el Germán ese, el encargado de las bicicletas, si puede saberse? Y la cosa subió de intensidad cuando le llegó el turno a El Sitio de Zaragoza, del pacense Cristóbal Oudrid, como enseña musical de Aragón. Con unas vistas de ensueño, diurnas y nocturnas, sacadas de La 2 de TVE, de Zaragoza, el Ebro, la tierra, los paisajes, las calles y rincones más atractivos, las fiestas del Pilar y qué sé yo. Y el del bombo, dándole con el mazo que daba gloria, en plena representación bélica, encogiendo los corazones de la audiencia. Y el de la trompeta, haciendo virguerías, animando a las tropas a seguir la senda de Agustina de Aragón, frente a los pérfidos gabachos. Y la tropa de Mayores del López, a punto de alistarse donde fuera menester, aplaudiendo ruidosamente al final y lanzando ¡bravos!, con la Banda en pie y el dire, haciéndose el interesante. ¡Que lo nombren capitán general de la Banda de música de la reserva activa, pero ya!

Recuperado el resuello, sigue el conciertazo vicentiano, en esta ocasión, con ¡Viva Navarra!, gran jota de concierto, de J. Larregla, representando al antiguo Reino de Navarra. Pasando ante nuestros ojos variados aspectos de esta tierra, con vistas aéreas espectaculares de sus monumentos,
castillos, puentes y paisajes mil, con los torazos de los sanfermines corriendo tras los mozos, ¡qué peligro! Y los Padres y las Madres de la Patria, la chica, emocionados a más no poder, aplaudiendo a rabiar a los mozos y mozas de la Banda. De aquí se pasó a Santo Domingo de la Calzada, "donde cantó la gallina después de asada", que dice la sabiduría popular, en este caso, pasodoble de E. Arrios, santo y seña musical de La Rioja, en tanto la satisfacción general subía enteros y el selecto público aplaudía y hacía fotos mil con sus máquinas digitales. Y al llegar Maitechu Mía, canción de F. Alonso, en representación del País Vasco, tuvimos ocasión de asistir a otro de los momentos álgidos del programa. Con la presencia, además, de la Anabel, la Guadalupe y el Fernando, que lo bordaron. Y el graderío senatorial, con el vello de la piel erizado, a punto de salirse de padre, madre y muy señor mío, aplaudiendo y lanzando ¡bravos!, con el teatro a punto de venirse abajo. Y el dire de la función, con la mejor de sus sonrisas, dando besos a las dos mozas sopranos y apretones de manos al serio galán. ¡Viva España! ¡Viva la Banda! ¡Viva el Vicente, la Anabel, la Guadalupe, el Fernando... y la madre que los parió!

El viaje musical proseguía y ahora pasábamos por la hermosa Cantabria, atacando la Banda el pasodoble Santander, de E. Rosillo. Con un vídeo turístico de primera, esas playas, esos picos rocosos, esos pedazo de monumentos, esas plazas y calles... Y es cuando empiezo a escuchar cuchicheos a mi alrededor, de abueletes que habían viajado con el IMSERSO, reconociendo los lugares que veían en la pantalla. Y, llegados a este punto, no puedo reprimir unas lagrimas de emoción. Admirando las maravillas de las regiones de España, del que debemos sentirnos orgullosos. Con un enorme potencial paisajístico, histórico, artístico, cultural, humano... Un país privilegiado el nuestro, di que sí. Y noto que mi autoestima ha subido como cuarto y mitad, de ahí la euforia, de ahí las lágrimas furtivas. Y la Banda, erre que erre, a lo suyo, que sigue, ahora, por tierras de Asturias, patria querida, con el pasodoble Oviedo, de P. Marquina. Los hijos de su madre, tocando de nuevo la fibra sensible del Senado de Badajoz y alrededores. La interpretación de la tropilla vicentiana, de nuevo, para nota, cosechando una atronadora ovación al final, teniendo que saludar el señor director un par de ves, con los suyos en pie.

SEGUNDA PARTE
Y, tras el merecido descanso, la segunda parte de la parte contratante. Que se inició con el pasodoble Puenteaereas, de R. Soutullo, cabal representación de Galicia. Con vídeo de La 1 de TVE, en b/n y color, con su camino de Santiago, sus monumentos y paisajes de ensueño, sus fiestas típicas, su gentes laboriosas, y qué sé yo. Y la Asamblea de notables, tan a gustito, de paseo por las Españas con la Banda del señor Vicente y los suyos. Pero ¿a qué están esperando para darles la Medalla de Oro, Plata y Platino del Turismo? La cosa iba subiendo enteros, cuando le toca el turno a La del Soto del Parral, ronda de enamorados de Soutullo y Vert, de Segovia-Castilla, con el trío habitual de figuras del canto lírico pacense. Canción que mis viejinos se la sabían,
cuando tarareaban eso de "¿Dónde estarán nuestros mozos, que a la cita no quieren venir...?". O cuando las mozas respondían, bien puestas en su lugar: "Siempre me dices lo mismo, tus consejos no quiero escuchar...". Y el dúo interpretativo que se escenificó, delante de nuestras propias narices, resultó memorable, en tanto algunos y algunas, viendo las imágenes, decían por lo bajini "¿Te acuerdas de cuando estuvimos allí...?". Los aplausos atronadores se oyeron, creo, en toda Castilla, con ¡bravos! a discreción, la Banda en pie y el de la batuta, contentino a más no poder. ¡Que se lleven a la Banda a los viajes del IMSERSO, con un cheque en blanco, pero desde este mismo verano, vamos, que nos vamos!

Pero había más, colegas. Que ahora nos íbamos de garbeo por los Madriles, que venía el chotis del Pichi, de Las Leandras,
de F. Alonso, por la Comunidad de Madrid. Con la Guadalupe y la Anabel, de chulaponas madrileñas, una, rubia, otra, morena, que estaban de toma pan y moja las dos. Con imágenes procedentes de la TVM, lo bordaron y el personal, removiéndose en sus asientos cuando escuchaban chulerías como "¡Anda y que te ondulen, con la permanén...!". La Banda se rompía las manos aplaudiendo y los ¡bravos! y la ovación seguro que se oyeron en la Villa del oso y el madroño. ¿Nos llevamos a la Banda y a las dos chulapas a los Madriles, doña Espe? Y, después, una visita por Toledo-La Mancha, con Las Lagarteranas de El Huésped del Sevillano, de J. Guerrero, con el dúo de sopranos, vueltas al atuendo inicial, con sendos mantones de Manila. Música popular, entrañable, el alma de España --"Lagarteranas somos, somos de Lagartera, traemos mercancías de Lagartera y de Talavera..."--, a disposición del distinguido público. Impagable, hermanos. La ovación parece que se escuchó en Sebastopol. ¿Y a nadie se le ocurre contratar a la Banda y al trío de Badajoz para un crucero VIP en el "Queen Elizabeth II", para vender el turismo de calidad en España...? ¡Cuánto biempagao por metro cuadrado, Señor!

Nuevo viaje turístico a la vista, y van... En esta ocasión, a la bellísima región de Murcia, con imágenes extraordinarias de La 2 de TVE y la interpretación de La Parranda, de F. Alonso, con la Banda y el tenor Fernando Domínguez, que estuvieron gloriosos. En especial, el buen mozo, que nos hizo olvidar al pamplinoso ese de Plácido Domingo. La ovación final fue larguísima, la Banda, aplaudiendo, y el dire, dándole siete apretones de manos, siete. Como que se la pudo cascar. Pero es que hubo otro viaje más, ya por tierras de Andalucía, con imágenes grandiosas de Andalucía
Cine, la Banda y el cantante, para interpretar Granada, de A. Lara. Y el nota volvió a lucirse, dando el do de pecho, con el Senado rendidito, dedicandole una extraordinaria y larga ovación, siendo abrazado por el señor director, entre el delirio del público. La próxima parada era en Ceuta-Melilla, atacando la Banda del Vicente la marcha militar El Novio de la Muerte, de J. Costa. Música que debió traerles muchos recuerdos a nuestros senadores, de cuando las guerras en Marruecos. Y se vio a muchos asistentes que movían sus cuerpos serranos al compás, siguiendo el ritmo, además, con palmadas sordas. La Banda instrumentó un ritmo que enganchó a los asistentes, cosechando al final una prolongada salva de aplausos, con la Banda, en pie, correspondiendo cortésmente a la abuelatura andante.

El viaje cambiaba de rumbo, tocaba ahora recalar en las paradisíacas Islas Canarias, en el Océano Atlántico. Los paisajes de TV1 son de turismo de los caros, con el Teide en primerísimo plano, en tanto la interpretación de la Banda te deja como traspuesto al tocar el pasodoble
Islas Canarias, de J. M. Tarridas. Como que uno vuelve a emocionarse ante tanta riqueza visual y musical de las Españas. Y cuando los dos trompetas se hacen los dueños del cotarro, los corazones de la Asamblea de mayores vuelven a quedar tocados. El final fue de aúpa, con otra salva interminable de aplausos y ¡bravos!, con la gente levantada de sus asientos. Al borde del agotamiento turístico-musical, faltaba el broche de oro. Y llegó, ¡cómo no!, a los sones de la música popular de Extremadura, interpretando la Banda El Candil (danza nº 4), una acertada adaptación de Miguel del Barco, contándose con la colaboración de nuestro ínclito Emilio G. Barroso, al acordeón. Música que originó, desde sus inicios, un gran revuelo entre nuestros Mayores, al borde del pasmo. Y con apoyo mediático de Canal Extremadura TV, que puso las maravillosas imágenes de nuestra tierra, salidas del programa "Extremadura desde el aire". Y el selecto público, como embobado, dejándose llevar, acompañando rítmicamente con sus palmas algunos sones de la conocidísima canción oliventina. Y cuando salieron imágenes de Badajoz capital, los paisanos de esta histórica ciudad, a punto de derretirse de satisfacción. "¡Mira, el Puente Real..., mira, el río..., mira, la Catedral..., qué guapa se ve desde el aire...!". Con un final apoteósico, el teatro a punto de venirse abajo de nuevo, la Banda de pie y el baranda vicentiano, entrando y saliendo no sé cuantas veces. 

EPÍLOGO
Culminando la brillantez del concierto, a su término, subieron al escenario tres dignos representantes del Senado pacense, dos caballeros y una madama, bien peripuestos los tres, procedentes de otros tantos Hogares municipales
de mayores, que entregaron tres ramos de flores, tres, a Anabel, Guadalupe y Fernando, entre las ovaciones del respetable. Pero aquí no terminó la cosa, que van los de la Banda y deciden regalar otra pieza más al respetable, Suspiros de España, pasodoble del maestro A. Álvarez, uno de los himnos oficiosos de España. En tanto por la pantalla salían imágenes de todas las regiones, la de Extremadura, al final, con los de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades, y acompañantes, haciendo miles de fotos con sus cámaras digitales y móviles antepenúltima generación.

Y aquí tuve que rendirme, sacar bandera blanca, emocionado, por este larguísimo y entrañable Viaje por España, que nos había llegado a las entretelas. Con 750 personas que llenaban a reventar el Teatro López de Ayala, convertido, por unas horas, en el mayor Senado pacense de la historia. Y, todo hay que decirlo, gracias a la Banda municipal de Música del Ayuntamiento de Badajoz, y a su director, el ilustrísimo Vicente Soler Solano, Caballero de la Orden de Santa Cecilia, patrona
celestial de la Música y los músicos. Con quien Badajoz está en deuda, por su magnífica labor de divulgación musical, y eso que sólo lleva tres años el caballero valenciano. Por eso me molestó que nadie hubiera tenido el detalle de regalarle un ramo de flores al final, como si no hubiera sido el principal artífice de la velada, dedicada a nuestros Mayores, pero a quien yo dedico esta crónica, desde la admiración y la amistad. He dicho.

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