6 de Enero, 2010

Figuras con pedestal: Manuel Monterrey, el poeta relojero

Por El Avisador - 6 de Enero, 2010, 18:46, Categoría: General

Su nombre, seguro que a las nuevas generaciones les dice poco, pero a las antiguas, sí. Porque Manuel Monterrey (Badajoz, 1877-1963), además de relojero --trabajaba en la mítica joyería-relojería Álvarez Buiza, en su antiguo edificio de la plaza de España, hoy, propiedad del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos-- y viajante, fue un poeta entrañable al que deben mucho las generaciones de poetas posteriores. Autor prolífico y generoso, jamás negó su colaboración poética a quienes se la pedían. Y sus creaciones se tienen por incontables, tan rica fue su producción literaria. Dedicada, primordialmente, a cantar las emociones del hombre, la paz, la ternura, la melancolía, el ensueño...

Y desde 1982, puede verse su busto en bronce en el hermoso Parque de la Legión, obra de José Sánchez Silva. En un lugar poco transitado por la ciudadanía, casi perdido, no lejos de la Puerta de Trinidad, luciendo su capa española, asomando su mano diestra, en la que porta un libro. De poesías, claro.

Y, de tarde en tarde, son sus amigos los gorriatos sus interlocutores, quienes se posan en su busto para hacerle compañía. Y el bueno de don Manuel, mirando fijamente al frente, sin inmutarse, no tengáis prisa, pajarillos míos, quedaos el tiempo que queráis, os voy a leer una de mis poesías, aquí tengo el libro, seguro que os gustará...

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¡Al rico roscón de Reyes!

Por El Avisador - 6 de Enero, 2010, 13:19, Categoría: General

El roscón de Reyes está siendo la estrella gastronómica de estas fechas, y los pacenses los están adquiriendo por miles. Hay que cumplir con la tradición. Rellenos --nata, crema, moka...-- o sin rellenar, grandes, medianos o pequeños, ayer, los hipermercados, las panaderías y las dulcerías de la ciudad no dieron abasto, con colas para adquirirlos. Y esta mañana, las panaderías cercanas, lo mismo.

Pero el éxito rosconero se lo llevó ayer, martes, la chocolatada y los roscones de Reyes con que obsequió a la ciudadanía, en el Paseo de San Francisco, la concejalía de Cultura, en comandita con El Corte Inglés, que donó cientos de regalos, entre ellos un cheque por 300 machacantes. Que le tocó a una zagala de 7 años, entre el contento familiar. Y con miles de personas en el lugar, haciendo colas kilométricas, de 3 y 5 en fondo, que se salían por las calles aledañas. Lo nunca visto por estos pagos desde que hace siete años se vienen organizando estas concurridas degustaciones. Salidas, por cierto, que todo hay que decirlo, del caletre de Juanma Cardoso, jefe del gabinete de Prensa del Ayuntamiento pacense, y de Miguel Luna, el todoterrenal relaciones públicas de El Corte Inglés.

Cómo sería el fervor rosconero y chocolatero, y el ansia por los premios, que todo hay que contarlo, que las existencias se agotaron antes de tiempo. Y, como de costumbre, fueron bastantes los pícaros y las espabiladas, algunas con sus collarones y sus abrigos de piel y todo, que se saltaron el orden de las filas, colándose una y otra vez, por la cara. Para tirar a los contenedores los trozos de roscón, una vez abiertos y comprobado que no había premio. ¡Partida de gañoteros!

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Histórica entrada de los Reyes Magos en Badajoz, procedentes de La Estación

Por El Avisador - 6 de Enero, 2010, 10:19, Categoría: General

En un noche fría y desapacible, con viento casi helado y temperaturas que fueron bajando de los 10º a los 8º, llegaron los Reyes Magos a Badajoz. Este año, con importantes novedades. La primera, que llegaron en tren a la Estación de la RENFE, en la barriada de San Fernando y Santa Isabel. Y a las 18,00 horas ya estaban listos para subirse a sus carrozas para hacer su paseo triunfal por la ciudad. La segunda, que por vez primera en la historia de sus visitas a Badajoz, lo hicieron atravesando el río Guadiana, a través del histórico Puente de Palmas. Lo nunca visto. Y la tercera es que una gran muchedumbre los esperó junto a Puerta de Palmas, monumento emblemático de la ciudad, que ofrecía en su fachada exterior un portal de figuras luminosas, junto con un mensaje de bienvenida, que decía: "Feliz 2010".

Ahí es nada, como en tiempos remotos se hacía ante la llegada de reyes, príncipes y otros altos dignatarios a la ciudad, provenientes de Portugal. Y la multitud los esperaba, bien abrigada ante el resencio de la noche, junto a la Puerta, con miles de niños en las primeras filas. Muchos de ellos, portando las socorridas bolsas para echar los caramelos reales. Y una fila por detrás, sus solícitos padres, abuelos y demás familia, portando paraguas, que amenazaba lluvia. Cosa que no ocurrió, afortunadamente, por lo que la cabalgata discurrió sin incidencias climatológicas adversas, sólo el frío y la humedad rampante, que te calaba los huesos.

Acompañado de la patronal y el resto de la troupe Monterini, nos situamos en la cabeza de la avenida de Ramón y Cajal, frente por frente del antiguo paseo de Las Viudas, sin perder de vista ningún momento a la Puerta, y justo delante del mesón Mosara, a esas horas atestada de público, tomándose unos cafelitos y unas copas para combatir la pelona nocturna y entrar en calor. El gentío, según pasaban los minutos, iba tomando el lugar, registrándose la presencia de incontables matrimonios jóvenes, con sus pequeñuelos y sus carritos de bebés. También se vieron numerosas pandillas de adolescentes, yendo de un lado para otro. Los grupos de jóvenes que se vieron iban cargados de bolsas con bebidas y con una dirección fija: el botellódromo del cercano Paseo Fluvial. Y otra gran novedad: algunas familias de etnia gitana, en la acera de enfrente, cantando en la espera y batiendo las palmas.

BRILLANTE CORTEJO
Son las 18,50 y los movimientos de dos coches-guía, del Servicio de Protección Civil, pone en guardia a la chiquillería:
--¡Ya vienen los Reyes!
Pero no, no eran ellos. Son las 18,57 cuando la cabalgata parece haber llegado a la plazoleta de Puerta de Palmas, iniciándola dos furgonetas de Protección Civil y una de los Bomberos. Mientras tanto, ningún policía local
, de los de a pie, a la vista. Cuando vemos que aparece un escuadrón motorizado de la Policía local --en moto, sí--, al que seguía un escuadrón a caballo de la Guardia Civil y, ya en plan festivo, la cuadrilla de cabezudos del Ayuntamiento. Y es entonces cuando, con ellos, daría comienzo una de las "guerras" de caramelos más sustanciosas de las que se recuerda por estos pagos.

Con los niños y los cabezones enzarzados a caramelos, otra de las sorpresas en la fría noche: estallaba en el cielo, procedente del paseo de Entrepuentes, una colección de fuegos artificiales, con la gente sorprendida. Era el ritual ruidoso y colorista con que se recibía a SS. MM. los Reyes de Oriente en el casco histórico de Badajoz, a su entrada por la histórica Puerta de Palmas. Y con el gentío repartiendo sus miradas entre el cielo y la tierra, la llegada de la primera gran carroza, la del Portal de Belén, repleta de zagales y pastorcillas, sirvió para que la primera "batalla" estallase, con cientos de proyectiles caramelísticos lanzados en todas direcciones. Para contento de los niños de las primeras filas, que se hincharon a manos llenas.

La "batalla" amainó para dejar paso a la patrulla motorizada de la Guardia Civil y una comparsa de payasos. Unos saboríos todos ellos, creyéndose graciosos, pues no repartieron caramelos. La cosa volvió a subir de temperatura con la llegada de la carroza de Hércules, o eso me pareció el personaje gigantesco que la presidía. Con su corte de niños, que montó otra "guerrilla" que daba gloria. La pasma seguía apatrullando la cabalgata, y es ahora un escuadrón motorizado de la Policía Nacional quien se luce. Al que siguió una corte más que respetable de hebreos a pie enjuto, romanos a caballo y una comparsa de titiriteros, saltimbanquis y malabaristas, que la montaron a base de bien con su barco pirata, sus juegos de bengalas y demás paridas circenses. Pero sin tirar un joío caramelo, y eso que nuestros niños se desgañitaban:
--¡Tira un caramelo!
¡Tira un caramelo! ¡Tira un caramelo!
Ni puto caso, oiga.

BATALLA DE CARAMELOS
Pero las "hostilidades" volvieron a recrudecerse con el paso de las carrozas del Caracol y de Astérix, el galo, atestadas de pequeñuelos lanzadores de caramelos. Los caramelos, de todos los formatos, colores y sabores, volaban en todas direcciones, pero es pasar dos trenes seguidos, cargaditos de rapaces, cuando aquello estuvo a punto de salirse de madre, padre y muy señor mío. Y los caramelos nos llegaban por todas partes, como que había que esconder los caretos para que no te dieran en los mismos morros. Y en plena "batalla", allí que va un paisano y me saca un paraguas, poniéndolo en forma de antena parabólica, dando frente a las carrozas, con lo que se hinchó de caramelos, el muy pícaro, haciéndole la competencia a la muchachada. Pero los de la infantería menuda, los chavales de las pimeras filas, que no eran mancos, estuvieron incansables, pidiendo caramelos a voz en grito y llenando sus bolsas hasta que se cansaron.

Nueva pausa caramelística, porque pasaban romanos a pie y a caballo, entre ellos, muchos niños sobre sus ponis, que causaron la admiración de la concurrencia. Pero lo mejor estaba por llegar, y eran las carrozas reales de Melchor, Gaspar y Baltasar, que la organización los había dispuesto al final del cortejo. Y son las 19,15 horas cuando aparece la de Melchor, repleta de muchachinos, que la emprendieron a caramelazo limpio, con el público al borde del pasmo. Por contra, Su Majestad, el del pelo blanco, sin sentar, como nervioso, anduvo remiso y algo pamplinoso --en este tramo del recorrido-- pues se dedicó a atarle los cordones del traje de una zagala que iba junto a él, por lo que se olvidó por unos minutos de su cometido real, para fastidio de los presentes, que le pedían a gritos que les lanzara caramelos. Que si quieres arroz, Catalina. La llegada de la carroza de Gaspar volvió a levantar los ánimos de la chiquillería, gracias, todo hay que decirlo, a los niños y las niñas de su corte infantil, que repartieron caramelos a discreción. Su Majestad, el del pelo castaño, sin sentar también, estuvo medio distraído
con su cabellera real --en este tramo también--, que se la llevaba el viento, el muy coqueto. Y ni un caramelo, oiga. En cambio, Baltasar --el morenito Jorge Mendoza, zapatero prodigioso--, iba majestuoso, señorial, magnífico, como hacen los Reyes de verdad, sentado en su sillón dorado, repartiendo caramelos y sonrisas a manos llenas. Esto es un Rey como Dios manda, claro que sus trece años en el cargo se notaban, no como los otros --los concejalenses Germán López y Alberto Astorga--, unos aficionadillos, mire usted.

EL TÍO DEL PARAGUAS
Pero el tío del paraguas --que se me había olvidado--, ajeno a estas disquisiciones reales,
a lo suyo, sin perder comba, recolectando con paciencia la cosecha que le caía del cielo, poniéndose como el Quico de caramelos. Eran las 19,20 horas, cuando se acabó lo que se daba, en tanto el brillante cortejo se dirigía --con algún retraso sobre el horario previsto-- camino de San Francisco, donde el alcalde y miles de niños y mayores esperaban. El frío de la noche hizo que muchos de los presentes, con decenas de pequeñuelos entre sus brazos o dormiditos en sus cochecitos de bebé, recogieran los bártulos para regresar a sus lares. Que había que cenar y acostarse pronto, no les fueran a coger despiertos Sus Majestades de Oriente. Y otros, entre los que nos encontrábamos, en busca de un reparador chocolate con churros, que había que recuperar el resuello tras el paso por Badajoz del magnífico cortejo de los Reyes Magos, en la fría noche del 5 de enero de 2010.

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