A las damas camareras de la Virgen de las Lágrimas

Por El Avisador - 25 de Noviembre, 2009, 0:26, Categoría: General

No ha mucho, publicábamos en este blog la noticia de la elección del nuevo hermano mayor de la cofradía del Santo Entierro y la Virgen de las Lágrimas, Rafael Mingarro, la histórica corporación que organiza todos los años la procesión oficial de la Semana Santa pacense, el Viernes Santo por la tarde. Lo que suponía el adiós a los que durante once años han venido componiendo su junta gestora, con Juan Martín, hermano mayor accidental, a la cabeza, auxiliado en los restantes cargos por los conocidos cofrades Manuel Ángel González, Manolo Cordero y Serafín Martínez. Además de las damas camareras, que todo hay que decirlo.

Y ayer, mira por dónde, que me topé con una de ellas, en la avenida de Huelva, Asun Cordero, que esperaba la salida de una de sus mozas del Instituto Zurbarán. A quien conozco, al igual que a sus compañeras, desde los tiempos del recordado hermano mayor Amador Gómez Florido, "El padrecito", ya fallecido, quienes me tenían al corriente de sus actividades o me dejaban entrar en la sacristía de la iglesia de Santa María la Real (San Agustín), observando de cerca su piadoso y entrañable oficio de vestir a la Virgen de las Lágrimas, donde no entraba hombre alguno, salvo el párroco, días antes del triduo o de la procesión de Semana Santa.

Y viendo a Asun, me he acordado en seguida de su hermana María Cordero, camarera mayor durante 40 años, así como de sus compañeras Lucía Mangas, Juani Fernández y Conchi Cáceres, quienes, en unión de Asun, llevaban dos décadas como camareras de la hermandad. Gente sencilla, humilde, laboriosa y devota, que lo dieron todo por su Virgen y su hermandad. Sin dar tres cuartos al pregonero, todo de puertas adentro, tejiendo, bordando, cosiendo, lavando, planchando, almidonando, vistiendo y, en fin, mimando y poniendo guapa a la Madre de Dios, como fieles servidoras.

Y ahora que se encuentran en la encrucijada, de un ayer que no volverá pero que sigue ahí, recordando con sentimiento y añoranza los tiempos pasados, no creáis que las mujeres de San Agustín han dado el portazo y se van a dedicar a otros menesteres. Por ejemplo, a descansar, que se lo tienen bien merecido, o a coger unos años bisiestos para dedicarse a viajar a Roma, a los Santos Lugares o a San Petersburgo, si hiciera falta. Qué va. Que van a seguir a disposición de la iglesia y de su párroco, el inefable Julián Arroyo. Que hay mucho por hacer al cabo del año, limpiar la iglesia, lavar y planchar las albas y los manteles, exornar floralmente los altares y las capillas, preparar el templo para los conciertos sacros de Semana Santa, ayudar a Carmen Luengo a montar su famoso belén parroquial, colaborar en las cenas de Navidad, y qué sé yo.
O estar a lo que dispongan los buenos de Manuel Ángel González y Manolo Cordero, que llevan Cáritas parroquial desde sabe Dios cuándo. O de Serafín Martínez, el manitas del mantenimiento de la iglesia y sus dependencias.

Por eso, tengo que rendirme de admiración ante su ejemplo, gente, que, siguiendo el mensaje evangélico --
"la mies es mucha y los operarios, pocos"--, continúan en sus puestos sirviendo a los demás desde la iglesia de Santa María la Real (San Agustín). Que Dios os bendiga.

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