Si ya lo decía yo

Por El Avisador - 14 de Noviembre, 2009, 0:23, Categoría: General

PLAZA ALTA
(a finales del milenio)

Plaza Alta, abasto bullicioso,
orgullo de la fiel Espantaperros,
mercado centenario en esos cerros
con muros de bastión presuntuoso.

Brotaron de tus cuerdas alegrías
y tientos en caricias de bordón,
tus rumbas fueron ritmos de pasión
en noches de compás y bulerías.

Y fuiste sin pudor envejeciendo,
sin ver que calle abajo amanecía,
durmiendo cuando el sol anuncia el día,
sin darle a tus arrugas un remiendo.

En torno a tu carnal Encarnación
afamadas leyendas compulsadas
dejaron tu empedrado sin pisadas
y huérfana de notas tu canción.

Tu atalaya se hunde en los recuerdos
con los años que van a la deriva,
cercando de progreso tu cautiva
historia de alocados y de cuerdos.

Ahora quedan tus casas desvalidas
cargadas de pobreza consagrada,
allá donde la historia queda en nada
sabiéndose rescoldo de otras vidas.

Y yaces cual enfermo desahuciado,
sufriendo la constancia de los días,
soñando a tenor de las porfías
volver al esplendor de tu pasado.

(“Entre todos lo matamos y el solito se murió”.
Publicado en Diario de Badajoz, el 8 de Julio de 2000)

***

Estos versos, que escribí hace ya algún tiempo, me recuerdan aquella época en que nuestro barrio más antiguo se pudría, entre jeringuillas y “sin techos”, en torno a la ‘vida alegre’ (al final, siempre tristemente triste) y ante la desidia de nuestros gobernantes. La Plaza Alta y su entorno, al ritmo de guitarras malheridas por esa “...flecha jedionda / con la punta envenená con polvo blanco...”, se sumió en el abandono echándole un pulso al tiempo.

Una comisaría de policía, hurgando en la llaga abierta de un lugar ya casi intransit-ado (podría utilizar otro sufijo, pero no lo hago por respeto a la decencia de algunas personas); un edificio de nueva planta (¿histórico-artístico?) con destino a modernas oficinas en la calle Encarnación aún con sus ‘negocios’ abiertos (tan fuera de lugar, como ridículo), fueron algunos de los intentos fallidos para ir revitalizando un barrio histórico que, enfermizo y marginal, arrastraba su fama por los solitarios adoquines de sus callejas.

Y ahora, cuando las instituciones públicas aúnan esfuerzos presupuestarios (derivados, por supuesto, del esfuerzo de los contribuyentes) para intentar recuperar a ese barrio enfermo y desahuciado, surgen voces enarbolando la bandera de la desentonación arquitectónica y esgrimiendo el sable bífido de la legislación (¿histórico-artística?).

Y, quizás, resulte que ambas partes tengan razón y que aún se esté a tiempo de modificar algún proyecto en su aspecto meramente ornamental. Pero, ¡por favor!, que no se repita la historia y que nunca tengamos que volver a decir, refiriéndonos a nuestro barrio histórico, que “...yace cual enfermo desahuciado / sufriendo la constancia de los días...”. Porque decir eso sería lo mismo que decir: “Entre todos lo matamos y él solito se murió”.

(De mi libro oCURRencias)

Javier Feijóo
fjavierfeijoo@hotmail.com

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