5-N: Noche landwiniana, entre vinos, piedras land y jamón pata negra

Por El Avisador - 9 de Noviembre, 2009, 17:37, Categoría: General

El pasado 5 de noviembre, en el salón de convenciones Alcazaba, del Hotel NH Gran Casino, de Badajoz, tuvimos ocasión de asistir a un acontecimiento singular: la presentación en sociedad de un nuevo vino, Landwine, crianza 2006, arropado por varias muestras creativas de escultura "land", un libreto de textos e imágenes y un videoclip. Con el salón a rebosar, más de doscientas personas nos concentramos aquella noche landwiniana, con gentes de todos los ámbitos de la sociedad extremeña, predominando los gerentes comerciales, los empresarios de hostelería y los cocineros cinco estrellas, además de una nutrida representación de profesionales de todos los ámbitos, artistas, coleccionistas de arte, diputados de la Asamblea, clientes del Hotel y, en fin, gente amiga del buen yantar y de los buenos caldos.

Como sería la cosa, que las cien sillas dispuestas resultaron insuficientes, con mucha gente de pie. Se trataba de una iniciativa del Estudio art, investigation & development (a + i + d), de Alfonso Doncel, la Bodega Vinícola Guadiana, de Paco Moreno, y La Vinatería, de Juan & María Calderón. Ahí es nada, conectar dos mundos aparentemente distintos, como son la enocultura y el arte contemporáneo. El vino, licor de dioses, civilizador de culturas, elemento vertebrador de los pueblos de la cuenca del Mediterráneo, donde nació y de donde irradió a todo el mundo. Y el arte contemporáneo, el de nuestro tiempo, con sus nuevos lenguajes, como los que emanan del arte "land", donde las piedras del entorno natural "hablan", interpelan al observador atento. Máxime cuando aparecen encapsuladas, capturadas, sujetas a la creatividad de sus autores.

Ambiente selecto, mucha gente guapa y una escenografía bien cuidada, con estuches en derredor, cartelas, vitrinas expositoras y pantalla de proyección al fondo.

LOS CALDERONES, LOS VINATEROS
La sonriente y amable María Calderón, con una pinta a lo Pepa Bueno, que tiraba de espaldas --la guapa presentadora pacense de TV1--, fue la encargada de abrir el acto, así como dar el uso de la palabra a los distintos intervinientes. María hizo una salutación breve y cordial, diciendo que "era un placer saludar a todos los presentes, además de contar con las muchas personas que colaboraron en el proyecto". Y le siguió el padre de la criatura, Juan Calderón, que con voz pausada y profunda, mostró "su satisfacción porque el mes pasado La Vinatería cumplió 11 años". Habiendo realizado "múltiples actividades, tanto dentro como fuera de la tienda", lo que le ha permitido "conocer y tratar a muchas personas, a quienes nos une la afición, la pasión por el vino". Y entre ellos, citó a Alfonso Doncel, "a quien le gusta de verdad el vino". Mostrándose encantado de "colaborar con sus magnos proyectos corales, el último, Náufragos, ensayos sobre el fracaso".

Y pasó a recordar como ya "en la Navidad del año 2008, ambos se unieron en un proyecto denominado "Vino y diversidad", con 100 estuches, totalmente agotados". Y en esta ocasión, "con Landwine, naturaleza capturada, con 500 estuches, conteniendo una escultura de Alfonso, dos botellas de Landwine, crianza 2006, de Vinícola Guadiana, de Paco Moreno, un libreto y un CD". Y para que la gente supiera qué cualidades había exigido al vino, lo dijo bien clarito: "Un vino de calidad, uno que fuera desconocido, inédito, y, si pudiera ser, extremeño". Y salir a relucir el nombre de Paco Moreno, mi Juan comenzó a dar detalles de sus primeros contactos, diciendo que "se enamoró del proyecto nada más conocerlo". Y es en este momento, al tiempo que mi Juan trataba de explicar lo de la cultura "land", cuando vemos que se queda en blanco, agarrado al atril, en un lapsus que duró varios segundos, sin pronunciar palabra. Tras beberse un vaso de agua, el nota de La Vinatería pareció recobrar la normalidad y siguió hablando. Todo, sin leer un cacho de papel. Remitiéndose "al mes de septiembre, en que probamos las primeras muestras del vino de Paco". Etiquetándolo como "vino único, un vino importante, un vino para el mundo, un vino que no se encontrará ni en tiendas ni en restaurantes". En total, "son 500 estuches, numerados a mano, y 1.000 botellas de vino, elaborados expresamente para la ocasión".

Y cuando volvió a Paco y a Alfonso, los calificó de "artistas", que lo suyo "es más prosaico: vender el vino". Y en este momento cuando mi Juan vuelve a quedarse mudo, pensativo, con la mirada fija, sin que las palabras le salieran de la boca. La gente, al pensar que se había indispuesto, le dedicó una sonora ovación y mi Juan espabiló pronto, después de beberse otro trago de agua. Para rematar: "Landwine, producto exclusivo, original, que sabe aunar dos formas de arte: el plástico y el vino". Juan Calderón recibió muchos aplausos del selecto auditorio cuando se retiró a la mesa de intervinientes, y lo de sus lapsus quedó pronto olvidado.

DONCEL, EL ARTISTA LAND
Le siguió en el uso de la palabra Alfonso Doncel, quien definió a Landwine como "un proyecto creativo cien por cien". Un producto "generado en torno a una idea: capturar la naturaleza". Dando a conocer algunos principios y valores que subyacen en la escultura "land", "aunque se trata de manipular con las piedras, no habla de piedras, habla de personas". Citando a los miembros de su familia que las recogieron y, cómo no, a los artistas colaboradores: "Antonio Saéz Delgado, en el texto, trilingüe --español, portugués e inglés--, y José María Fernández Vega, en el videoclip". Para seguir hablando de la procedencia de las piedras, cantos rodados originales y de diversos lugares de la península Ibérica, "situados cerca de corrientes de agua: costa atlántica y orillas de los ríos Tormes y Duero, piedras de playa, de río y de viña". Para, después, "ser engarzadas con tiras de acero y soldadas convenientemente". En definitiva, "piezas únicas y diferentes entre sí, escogidas por su ubicación, forma, textura, contraste y significación estética". Para acabar con una invitación: "Esperaremos al final para poder brindar con Landwine". Muchos aplausos rubricaron la intervención del cabeza pensante landwiniano.

PACO, EL BODEGUERO
Por último, cerró el ciclo de intervenciones Paco Moreno Camacho, bodeguero de pro y dueño de Vinícola Guadiana, de Almendralejo, empresa familiar fundada en el año 2001, y con residencia en Badajoz, quien tuvo la intervención más extensa y apasionada de todos, pues habló de lo que más sabe: el mundo del vino. "Lo más importante de mi vida, donde he pasado y sigo pasando mis mejores momentos". Y siguió: "Cuando me propusieron la idea, la acepté de inmediato". Para dar una definición cabal del vino: "Creación, arte y cultura". Ahí queda eso. Y su objetivo como bodeguero cinco estrellas: "La creación de vinos diferenciados, con personalidad bien definida, que se identifiquen con la tierra de donde proceden".

Y es en este punto cuando Paco Moreno se puso --es un decir--, la toga y la birreta de catedrático de Enología, para dar una clase magistral sobre el vino y su cultura. Y la gente, embobada, escuchando al profe su disertación. Y el primer viaje lo dio hablando de un término francés, terroir, que entre nosotros equivale, muy aproximadamente, a terruño, tierra madre..., "el factor más incidente en la personalidad y la calidad de los grandes vinos".
Terroir, "un espacio concreto que, bajo la influencia de varios factores, como el clima, la situación y el tipo de suelo, permite lograr un producto concreto e identificable. Item más: "Concepto muy amplio y complejo, que pertenece a nuestra cultura y a nuestras tradiciones, pues la influencia del factor humano, la del viticultor, es decisiva". Aprovechando para hacer una crítica velada al mundo de los vinos de ahora, "que lo basa todo en la homogeneidad, consiguiendo vinos prácticamente idénticos". Cuando tenemos a mano la fórmula de siempre: "Tierra idónea, fresco suelo, clima ideal, planta de vid adecuada e intervención del hombre".

Y puso a Landwine por las alturas celestiales, cuando dijo que "este vino combina sabiamente la estética del arte contemporáneo con la cultura enológica más actual". Dando sus significados: "Naturaleza capturada dentro de unas botellas y naturaleza capturada de una escultura de piedras en una caja-estuche". Y habló de la originalidad del continente: "Botellas de diseño clásico, cristal translúcido, tapón escogido, etiqueta de diseño propio y caja de madera marcada a fuego". Y, faltaría plus, "con D. O. Ribera del Guadiana".

Y, ya a tumba abierta, pasó después al contenido, al vino: "Elaborado en Tierra de Barros, salido de un viñedo con 14-15 años de antigüedad, en base a uva tempranillo, criado durante 20 meses en barricas de roble francés..., lo que da unas buenas sensaciones y deja un buen recuerdo tras su bebida". Y en este punto, comienzan a servir copas de vinos a la respetable audiencia, sentada en sus butacas, para hacerle la cata. Y el experto landwiniano, que nos acompaña con su voz profunda, espaciadamente, para que le sigamos con todos los sentidos: "Color rubí brillante..., con tonalidades púrpuras..., de aroma fino y persistente..., clásico de uva tempranillo y roble Allier..., abundante en matices complejos bien definidos..., fiel a su origen y crianza en boca..., amplio y profundo, inunda el paladar de sensaciones de vinosidad..., destacando su mineralidad, acompañada de regaliz y frutas rojas del bosque...". Para rematar, también suavemente: "Fijaos en la personalidad y viveza que nos transmite..., teniendo en cuenta su cuerpo, su acidez y su contenido en alcohol..., Landwine ofrece un carácter y una estructura muy equilibrados..., que ayudarán a mantener su atractivo y personalidad durante años...".
La ovación fue de gala, que el discurso lo mereció. Y, aunque la boca la teníamos casi seca, rematamos la copa, que nos supo a gloria bendita.

NOCHE LANDWINIANA
Tras lo que Pepa Bueno, digo..., María la Calderona, todo sonrisas, agradecida e ilusionada, invitó a la concurrencia a una copichuela de vino. Pero no era el Landwine, que era el Vigua, un tinto excelente de Vinícola Guadiana, 100 % tempranillo, añado 2008, con D. O. Ribera del Guadiana. Y la gente se repartió entre las mesas, formando corrillos y tertulias que duraron hasta bien entrada la noche. Y en las mesas, muchos platos de jamón pata negra y de queso de oveja del bueno, servidos con encomiable profesionalidad por el equipo de doncellas, sirvientes y maestresalas del Hotel NH Gran Casino. Y en un lugar secundario de la sala, ejercitando sabiamente su oficio, un personaje que no venía en los carteles: el joven Sergio Carozo González, de la Muy Noble, Leal e Ibérica villa de Alburquerque, ilustrísimo cortador de jamones del Reino de Jamonópolis (Extremadura), además de baranda de la Asociación Extremeña de Cortadores de Jamón y Personal de Sala, un buen mozo que ganó el título de campeón de España de cortadores el año 2007, en Ciudad Real. Y allí, ante el contento de la selecta audiencia, que daba buena cuenta de las delicias del cerdo ibérico extremeño, el mejor del mundo, del que gusta hasta los andares, el ilustrísimo Sergio, acompañado de su segundo, un tal Leonardo, cortó tres preciosos jamones, tres, procedentes de Jerez de los Caballeros, salidos de la jamonería de Emilio Díaz Blando, a quien Dios guarde.

La noche landwiniana era bella, los artistas deambulaban de aquí para allá, recibiendo felicitaciones y abrazos sin cuento, en tanto los platos de jamón iban y venían. De Londres hasta Madrid, como en las sevillanas, no, de la mesa de Sergio a las del respetable. Y en este trajín jamonero, fue providencial la presencia a nuestro lado de José María Casado, el nota de Universitas (Librería, Editorial, etc.), y desde esa noche, el mejor proveedor de jamón que haya parido madre por Jamonópolis. Amigote de Sergio desde hace unos años, ahí va ese plato, don José María..., llévese este otro, con estas vetas de tocino, don José María..., pruebe estos tacos, don José María... Y el José María de la película, que se complacía en distribuir los platos entre sus amistadas más cercanas, entre las que se encontraban las dos patronales y este escribidor. Pero es que hubo más, colegas. Y es que sin saber cómo, dónde ni por qué, el José María de marras se agenció una botella de Landwine, y, como si estuviéramos en las bodas de Caná, que al final pusieron el vino del bueno, venga una copa, Pedro, y, tómate otra, que está riquísimo... Desde luego, este José María tiene porvenir en Jamonópolis el día que le falle lo de los libros... Así, hasta cerca de las doce, en que recogimos el hato, metí en el talego el librillo landwiniano, obsequio del doncel Alfonso, y regresamos a nuestros lares.

Quede para el recuerdo una noche inolvidable, la del 5 de noviembre de 2009 en el Hotel NH Gran Casino, una noche landwiniana vivida entre vinos, piedras land y jamón pata negra. He dicho.

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