Una visita a la república independiente de Ikea

Por El Avisador - 24 de Agosto, 2009, 20:40, Categoría: General

Aunque parezca increíble, el abajo firmante no conocía ningún centro comercial de Ikea. El gigante sueco de muebles, decoración y complementos. Sí, alguno de los que están más a tiro, geográficamente hablando, de los pacenses: el de Castilleja de la Cuesta, en las proximidades de Sevilla, en dirección Huelva, y el de las cercanías de Lisboa, ya en Portugal. Sí, el que expende productos para la república independiente de tu casa, según anuncian. Sí, sí, el mismísimo que está buscando solar en Badajoz, si no lo ha encontrado ya, para levantar otra de sus peculiares repúblicas comerciales.

Y, aprovechando las vacaciones de verano, allá que nos fuimos, camino del Ikea de Castilleja, a ver qué tal. Eso sí, acompañado de la patronal y de la gente moza de la casa, que ésa sí sabe lo que vale un peine, pues Ikea, para ella, no tiene secretos.

Y, a la entrada, después de dejar el coche en los aparcamientos, la primera sorpresa de la jornada: ¡no había nadie esperándonos en la puerta! Para darnos siquiera la bienvenida. O para decirnos "hola" en sueco. Ni el embajador de Suecia en España, ni el cónsul sueco en Sevilla, ni una azafata sueca, de esas de tipazo escultural, pelo rubio y ojos azules. Nadie, oiga. Pues vaya república, me dije para mis adentros. Lo que sí había eran varias montoneras de panfletos, tipo revista, sin desembalar. Y la gente que se iba proveyendo de ellas, por la cara. Unos cogían una, otros, dos, y los más, las que les daba la gana. Eran catálogos, dedicados a novedades en armarios, baños y colchones. Y aquí, como quien no quiere la cosa, una de las señas de identidad de Ikea: el autoservicio, el sírvase usted mismo, el arréglese como pueda. Y, ya en la primera planta, la dedicada a Exposición, veo que la gente se provee de grandes bolsas amarillas y azules. Los colores suecos, mira por dónde. Y, a un lado, otra de las peculiaridades del centro comercial: cintas métricas y lápices de pequeño tamaño a granel. A disposición de los distinguidos republicanos, para anotar sus preferencias. En una papela, donde viene un casillero para poner los nombres de los artículos elegidos, la cantidad, la referencia, el precio y, ojo al dato, el pasillo y la sección. Datos estos últimos de enorme importancia, cuando, al final de la visita, ya en la planta baja, se deba acceder a la zona llamada de Autoservicio.

LOS LÁPICES DE IKEA
Pero no adelantemos acontecimientos. Porque, para empezar, la gente cogía los lápices a mogollón. ¿No era "autoservicio" todo?, pues vengan lápices al bolso. Seguro que como recuerdo republicano. Nada de bolígrafos, que son más caros, como para gente pija y monárquica. Y de cintas métricas, un puñado, que había que medir lo largo, lo ancho y lo alto. O, también, lo bueno, lo bonito y lo barato. Porque en Ikea lo anuncian así, pero con otras palabras rebonitas. Y, a través de unas flechas impresas en el suelo, el personal que iba desplazándose fluidamente por la Exposición, lugar que me recordó las grandes Ferias comerciales que se celebran en IFEBA, en Badajoz, con sus stands, puestos y rincones comerciales. Y en este lugar pudimos ver una gran variedad de productos para el hogar, dulce hogar, con infinidad de diseños, tamaños, colores y precios, todos ellos relacionados con salones, librerías, cocinas, comedores y dormitorios. Con espacios expositores muy sugestivos, como un pisito de 50 metros cuadrados, diseñado, amueblado y decorado por la gente de Ikea. Y el personal, embobado, con los ojos muy abiertos, como platos, entrando y saliendo, curioseando y tocando en todos sus espacios y habitaciones. Bien aprovechados, por cierto. Visto lo visto, me doy cuenta que estos suecos son maniáticos de la organización y el orden, así como expertísimos en el aprovechamiento de los espacios, por pequeños que sean. Pero había más, colegas: una gran zona dedicada a "las personas más importantes de la casa". ¿Los abuelos? ¡Qué va! ¿Los padres? ¡Amos, venga! Entonces, ¿cuálos? ¡Los niños!

Viendo los artículos expuestos --recordemos, muebles y decoración, preferentemente--, sobresale de manera especial el diseño: el diseño sueco, se entiende. Moderno, funcional, atractivo y siete adjetivos más. Como que había cartelas, donde, junto a los artículos en exposición y sus cualidades, aparecían los caretos de sus diseñadores. ¿Habrase visto? Y la gente, venga a medir y a tomar datos por todas partes, a sentarse en los sofás, a echarse sobre las camas, a abrir y cerrar puertas de los armarios, a entrar y salir siete veces por el pisito de 50 metros cuadrados… y qué sé yo. Y, en contra de lo que podía suponerse, no había voces ni carreras, nadie discutía y la gente parecía contentina. Y en lugares discretos, gente joven de la república de Ikea, de amarillo y azul, atendiendo cortésmente al público en sus dudas y consultas. ¿Habrase visto una república como ésta?

Terminada esta visita, la gente cogía los ascensores o las escaleras mecánicas y accedía a la planta baja, dedicada a Complementos. Y con el mismo sistema de visita --flechas en el pavimento--, nos dimos un voltio, sin quitar los ojos de expositores repletos de menajes, telas, alfombras, ropa de cama, baños, iluminación, marcos y posters, plantas y mimbre y oportunidades. Y la gente, en este segundo espacio, que iba provista, además de las bolsas azules y amarillas del principio, con carritos. Algunos, a reventar. Con los productos escogidos en su interior. Como en cualquier supermercado.

EL AUTOSERVICIO
Y después de una hora larga de visita, cuando estábamos a punto de sacar bandera blanca, que ya habíamos visto casi de todo, ante nosotros que se abre la última atracción comercial de Ikea: su gigantesco Autoservicio. Enorme, colosal, como si fuera el almacén de un aeropuerto transoceánico, con estanterías repletas de artículos, empaquetados a la perfección. Los armarios, las librerías, las camas, las mesas, las cómodas, las lámparas, etc., expuestas y vistas en la sala primera, embuchados en sus estuches y cajas de cartón, junto con bolsas conteniendo decenas de tornillos, tacos, rieles, tiradores y apliques para su posterior montaje, a disposición de los compradores que previamente los habían elegido y anotado en sus papelas de compra. Y tuve que pararme para recuperar el resuello, pues era la primera vez que veía una organización comercial de este calibre.

Así y todo, era digno de verse cómo los republicanos más conspicuos, los que ya tenían la experiencia de anteriores visitas, iban de aquí para allá, papela en mano, con los datos de referencia apuntados en su momento, para recoger sus bultos. Y había gente que, además de sus carritos de compra, llevaban otros especiales, como los que se utilizan en los aeropuertos para transportar las pesadas mercancías y el equipaje de los pasajeros. Y metiéndote en los enormes pasillos, localizados los paquetes en la sección correspondiente, venga, al carro. Y si te faltaba uno, a la zona de preparación de pedidos, que te los están montando. No sin antes pasar por caja, donde los lectores magnéticos --y las tarjetas, a ver, no-- te hacían el avío. Y nuevo alto para recuperar el sentido. Y es que no se veía una cosa igual desde los tiempos del café migao y los polvorones de La Perla.

Y de aquí, a las últimas compras en la tienda de productos suecos, donde no había ninguna sueca, oye. Todos, españolitos, morenos y bajitos, amables y serviciales siempre. Para rematar en la cafetería --autoservicio, cómo no--, que aquí llaman Bistró. Lugar ideal para los aficionados a la comida rápida, con precios de risa, Marisa. Donde puedes repetir el refresco inicial las veces que quieras. Como os lo cuento.

Y después, a casita, con el mueble, el complemento y el accesorio desarmados en el coche, junto con cientos de tornillos, apliques y remaches. Para montarlos en casita. Tú mismo lo haces. Tú te las arreglas. Si eres un manitas, claro. Pero si eres un torpallo, que bien pudiera suceder, tranquis, colegas, los de Ikea te facilitan el montaje y la instalación. Lo mismo que el transporte de mercancías, si los artículos comprados no te caben en tu vehículo. Previo pago de su importe, no te amuela.

IKEA Y BADAJOZ
Ikea se mereció la visita. Y quedé impresionado por cómo se las gastan estos emprendedores suecos, las cosas como son. Y como yo, centenares de republicanos, republicanas y republicanitos. Con gentes de Badajoz por todas partes, a algunas de las cuales tuvimos ocasión de saludar. Venían de la capital y sus poblados, y el resto, de distintos lugares de vacaciones de la costa onubense. Dispuestos a remozar, en todo o en parte, sus respectivos pisos y apartamentos. Y todos, contentinos. ¿Será posible?

Prometimos volver al Ikea de Castilleja, porque, así y todo, nos quedaron muchas cosas por remirar, además de contrastar más artículos, precios y calidades. Claro que yo preferiría visitar el Ikea de Badajoz prometido. El centro comercial sueco que anda buscando sitio, mira por dónde, en nuestra ciudad. Compañeros y compañeras de la república independiente de Ikea, ha sido un placer.

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