19 de Agosto, 2009

Paco y Yoli, marqueses de Sepúlveda, se casan

Por El Avisador - 19 de Agosto, 2009, 22:35, Categoría: General

Noticia de alcance local. Paco y Yoli, Yoli y Paco, se casan. Como os lo cuento. Paco Morán Cruz, cotizado pintor del Reino de Badajoz y alrededores, y Yolanda García Risco, ama de casa, se casan. Mejor dicho, se recasan, que la parejita ya firmó los papeles por lo civil en el año 2000. Y ahora quieren hacerlo por la Iglesia. Como Dios manda. Pero no este año. Ni al otro. Al siguiente. O séase, en 2011. Y en abril. Parece ser que los marqueses de Sepúlveda se han liado la manta a la cabeza y han dicho que quieren darse de nuevo el “sí, quiero”, pero de guapo subido. Ella, de blanco, blanquísimo, y él, de gala, pero con sombrero blanco, como un tal Zelaya. Para dar la nota, claro. La feliz pareja me ha dado la noticia hace unas fechas y el bodorrio será en la iglesia de la Concepción, justo al lado de su casa, en la calle Sepúlveda, donde moran desde hace la intemerata. De ahí lo del marquesado, que allí tienen, además del hogar, dulce hogar, el taller de pintura, el almacén y el trastero.

Según las comadres del barrio, la Yoli no hace mucho que cogió en un renuncio al pintor moraniano y le dijo bien clarito:

--Pacorro de mis entretelas, ¿quién es la más guapa del barrio?
--La Yoli, quién va a ser, si no.
--¿Quién te hace tilín todos los días?
--La Yoli.
--¿Quién te quiere a ti más que a las pesetas?
--La Yoli.
--Quién te dice todos los días que eres el mejor pintor de brocha fina que haya parido madre en Badajoz y parte del extranjero.
--La Yoli, quién, si no.
Y, así, siete preguntas más. Y el tío, que a todo contestaba “La Yoli”, “La Yoli”, “La Yoli”... Como que parecía un disco rayado, tú. Lo que la madama, viendo al maromo arrobadito, como si le hubieran dado las tres moscas, aprovechó para rematar la faena:

--¿Y con quién te casarás por la Iglesia?
--¡Con la Yoli!
--Anda, tira p'alante, campeón, pamplinas, las justas, que te conozco, y ahora, antes de casarnos por la Iglesia, coges los trastos y me vas a hacer un retrato de cuerpo entero, como de Reina madre, en el balcón de nuestra casa, con la Torre de Espantaperros al fondo, que no me sacas nunca...

Pues esto es lo que se cuece en el palacete de los marqueses de Sepúlveda, colegas. Y ahora, con tiempo, la parejita que está invitando a sus familiares y amigos más íntimos. Entre los que se encuentran este escribano y la patronal. Y le hemos dicho que sí. A ver, no. Anda, que nos íbamos a perder el bodorrio.

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Teatro Romano de Mérida: El penoso solar de los Labdácidas

Por El Avisador - 19 de Agosto, 2009, 22:13, Categoría: General

“Edipo, una trilogía”, inspirado en Sófocles, es el espectáculo más penoso de los muchos que he visto sobre la leyenda de este personaje --se han hecho ya 15 versiones- en la historia del Festival. Pero es penoso no por el argumento de la trilogía ideada por el francés Daniel Loayza, que completa el trágico fin de la familia de los Labdácidas, sobre la que pesa una maldición, sino por su montaje en el espacio romano. El planteamiento de la trilogía de Loayza, compila y engrana hechos y diálogos de los distintos textos del autor clásico: “Edipo rey” --tragedia de destrucción--, “Edipo en Colono” -melodrama- y “Antígona” --tragedia de sublimación-- que no estaban en el orden en que se escribieron, para brindar un discurso esclarecedor de la gran tragedia edípica. La adaptación, que refleja armónicamente conceptos, sentimientos y reacciones de cada conflicto que siguen estando de actualidad, ha sido traducida al castellano, con buena dosis de halo poético, por Eduardo Mendoza.

Este interesante material teatral del adaptador galo y del traductor español tomó tierra en Mérida -después de pasar por Madrid y Barcelona- de la mano de Georges Lavaudant, con la propuesta de mostrar «una estética contemporánea para eliminar los clichés sobre el teatro griego». F. Suárez había “fichado” a este director parisino, por estar «considerado como uno de los más originales e importantes del teatro contemporáneo». Es necesario aclarar que los montajes de Lavaudant en España, han tenido muchos altibajos de calidad. El último visto en Extremadura, la comedia trasnochada “Hay que purgar a Totó”, más sosa que graciosa, fue un rotundo fracaso. En cuanto a su “ilustración” de la estética contemporánea, el director decepcionó haciendo alarde de una confusa ambientación escenotécnica --donde, entre otras arbitrariedades escénicas pretenciosas de crear un mundo espectral, resalta una ridícula pantalla videográfica alzada en un tinglado oblicuo que simula un viejo cine-- y un vestuario atípico, a tono con la frialdad del montaje, pero que desentonan con la estética del monumento y resultan, paradójicamente, por lo repetido en tantas funciones, un cliché que aburre. En este sentido, parece que el Lavaudant es un debutante que no ha visto obras en el teatro romano.

En el espectáculo desaprovecha las posibilidades del hermoso texto en su juego escénico, tremendamente estático y oscuro (el diseño de luces es pésimo). No logra la resonancia esperada y el ritmo intenso, de lirismo lapidario radiante de los parlamentos se pierde en la inútil puesta en escena sin dejar a nadie trémulo de emoción. De las tres obras, las dos primeras resultan letárgicas, la más lograda y ágil es “Antígona” (en los diálogos de confrontación). Únicamente se vale de un estilo sobrio donde sobresale el poder de la palabra, pero despojada de pasión. Y no entendemos por qué usa micros, que en las voces de los actores --sin gestos y movimientos-- tienden a igualarse y no se distingue quien habla. Tampoco entendemos como divaga perezosamente --o ingenuamente-- montando escenas en el fondo de la entrada principal del monumento que no se ven desde las caveas laterales. ¿Tropiezo de hacer compatible la producción de Madrid con la de Mérida?

En la interpretación sólo alcanza su mejor climax la declamación estricta de los actores Pedro Casablanc (Creonte), Laia Marull (Antígona) y Críspulo Cabezas (Hemón). Eusebio Poncela (Edipo) se mueve y recita con afectación, no convence demasiado. Lavaudant debería tomar nota de experimentos realizados ya en Francia sobre el solar de los Labdácidas, como los de Teatre du Lierre, donde prima la calidad de una propuesta original en el tratamiento de las técnicas de relación texto-expresión corporal-voz. Montaje con actores completos, que saben utilizar su energía en todos los registros, con potencia evocadora y amplificadora de la emoción trágica.

José Manuel Villafaina Muñoz
Crítico teatral
jmvillafaina@gmail.com

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