Formas: La cultura del entusiasmo y de la voluntad

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 7:35, Categoría: General

Hace unas fechas asistía a la inauguración de una exposición fotográfica en Badajoz. Aparentemente, una más de las muchas que se montan al cabo del año en nuestra ciudad. Pero no, ésta resultó ser muy diferente. Se celebraba en la sala de exposiciones del Centro Comercial Conquistadores, en la margen derecha del Guadiana, se titulaba Formas y era su XVII edición.

Y nada más llegar, que veo cómo un hombrecillo, pero de aspecto decidido, con su inveterada camisa a rayas y su bolsa en bandolera, no para de moverse nerviosamente de aquí para allá. Saludando a todo el mundo y procurando que las cosas estén a punto, que salgan bien. Es el creador y organizador del certamen, alma mater de la exposición desde hace 17 años. Y en nuestro derredor, 29 grandes fotografías en b/n y color, pertenecientes a diez grandes fotógrafos de la AFE, destinatarios del concurso. Y junto a ellas, otras siete, de enormes dimensiones, de un autor invitado, Pedro Casero, fotógrafo con gran predicamento en estos Reinos.

Según pasaba el tiempo, el número de personas iba en aumento, con bastantes fotógrafos, miembros del jurado, amigos y gentes de la cultura local. Además de familiares de nuestros artistas, algunos, acompañados de sus padres, tíos, hijos, primos y demás familia. Muy familiar el acto, sí, señor. Y el hombrecillo, que se multiplicaba. Y allí, en lugar destacado, objeto de la atención del selecto público, los dos trabajos premiados, firmados por la joven María Romero Álvarez (en color) y Francisco M. de la Cruz Barrero (en b/n).

Con que el hombrecillo de la película, al que todos llaman Plaza, da un toque de atención al respetable --que sobrepasaba el medio centenar de personas-- y todos nos disponemos a oírle. En esos momentos observo que junto al tal Plaza no hay ningún jerifalte ni gobernanta de Cultura de cualquiera de las distintas administraciones. No os lo vais a creer, pero allí no había ningún político, de esos que siempre van a sacar pecho y a salir en todas las fotos. "Es que lo hemos hecho todo muy familiar, entre amigos", me dice, sonriente, a modo de explicación, el susodicho Plaza, el hombrecillo de la camisa a rayas y la bolsa en bandolera.

Con que, todos dispuestos, que veo cómo Plaza saca una papela. Tate, me dije, va a largarnos su discurso de apertura. Seguro que nos va a contar su biografía, la personal y la profesional, la historia del concurso, las dificultades que ha tenido que vencer, las muchas gestiones que ha tenido que realizar, etc., etc. Pues nada, monada, vean:

A los concursantes: "Este es un concurso humilde. Hecho con humildad. La grandeza del concurso está en las fotos que habéis presentado".
Al jurado: "Un concurso que engrandece el Jurado, que buen coñazo les doy". Sonrisas.
A los presentes: "Lo engrandecéis aún más todos vosotros, con vuestra presencia y compañía".
Y al artista invitado: "Y, cómo no, a Pedro Casero, con su obra".
Y a sus anfitriones: "Y al Centro Conquistadores --no había ningún representante--, muchas gracias".

Y ya está. Por lo que este émulo de Baltasar Gracián --"lo bueno, si breve, dos veces bueno"-- se llevó su buena ración de aplausos.

Pero hubo más, porque mi hombrecillo llamó a los jurados, a los que dió un obsequio, recuerdo de su colaboración, todo por amor al arte. Y a los premiados, faltaría plus, a los que entregó dos trofeos de diseño propio, made in Plaza. Con palabras de agradecimiento luego de Vicente Novillo y Pedro Casero, encantados de haberse conocido, haciendo votos los dos para que este concurso se mantenga otros diecisiete años más, por lo menos.

UN VINO ESPAÑOL
Y como mandan los cánones, el hombrecillo que invitó a la concurrencia a un vino español. Y en una mesa central, montada y servida por mi hombre, allí que puso unas botellas de cerveza, unas botellas de vinos blanco y tinto y unas de refrescos, con sus reglamentarios vasos de plástico y sus servilletas de papel. Las había sacado de una nevera familiar, traida de casa, a ver, no. Los vinos no eran marcas de lujo, para gente ricachona, no, hija, no, que eran un blanco Marqués de Villalba, de la Cooperativa Montevirgen, de Villalba de los Barros, y un tinto Marqués de Tentudía, de Viñexsa, de Almendralejo. Como pueden ver, dos "marqueses" humildes, de andar por casa, como el mismo acto.

Y de aperitivos, nada de jamón, lomo, chorizo y otras viandas del ibérico por estas tierras. Ni de los afamados quesos de La Serena y El Casar. Qué va.
Como tampoco hubo canapés con huevos y setas, ni de paté de aceitunas, de pescados ahumados y caviar, ni de queso de cabra con aceite de ajo... Ni croquetas caseras al estilo de la abuela, ni pinchos de tortilla, ni dátiles con bacon, ni empanadillas de atún y gambas. Ni tampoco foie-gras natural con almíbar de pomelo, jerez dulce y pimienta verde, guindillas asadas, mousse de salmón, palitos de queso, pastelillos de espinacas y queso fresco o paté a la gelatina. Como tampoco hubo pimientos con anchoas, frituras, tartaletas, chupitos de granizada y gazpacho, dulzainas y otras exquisiteces de estos Reinos. Qué va.

Sí que hubo, en consonancia con este acto humilde y familiar, entre amigos, un par de bolsas de patatas fritas, otras dos de frutos secos y un bote de aceitunas extremeñas. Y sin hueso, que conste. Y la gente, encantada de haberse conocido, probando de aquí y de allá, hasta que se agotaron las existencias. Siguiendo en amor y compaña no sé cuánto tiempo más, hasta que echaron el cierre, a puntito de quedarnos dentro. Eso sí, comentando los cuadros de la exposición en grupillos, y poniendo por las nubes a los fotógrafos participantes en esta ocasión, que fueron estos:

José María Ballester Olivera, Juanjo Bolaño Franco, Pedro Bolaño Franco, Francisco M. de la Cruz Barrero, Antonio Fernández Romero de Castilla, Gullermo Gabardino Herrera, Lorenzo López Lumera, Juan J. Morales Velázquez, Rafael Morera Bañas y María Romero Álvarez.

Y es que no hubo terminado la función cuando el Plaza de esta historia --Miguel Ángel Rodríguez Plaza pone en su DNI--, sin darle importancia a la cosa, que va y me dice cómo está preparando ya la XVIII edición, mejorando los diseños de los premios, pensando en los nuevos jurados, en el artista invitado, etc., etc.

EPÍLOGO
Y me quedé maravillado ante este hombre extraordinario
--de hombrecillo, nada, monada, un tío con un par--, que gusta habitar en los segundos escalones, comprobando hasta dónde llega el poder del entusiasmo y de la voluntad. Un ciudadano que, a pesar de su modestia y sencillez, con su pasión por los valores que representan la amistad y el arte de la fotografía, está enriqueciendo la vida pacense. Al menos, de un sector de ella. Un ciudadano, en fin, con quien la propia ciudad está en deuda.

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