21 de Junio, 2009

Vallarcal blanco joven, un vino para la Feria

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 13:50, Categoría: General

No sé vosotros, pero en la Feria mando yo. Con permiso de la patronal, se entiende. Y en las cosas del vino, aclaro. Por lo que estoy en contra de las bebidas que nos meten por los ojos las Ferias de Día, de Tarde, de Noche y de Madrugada, con la manzanilla como bandera, como si no hubiera otros caldos, y mejores. Y mi vino de Feria este año, hartito de tanta colonización andaluza, tiene nombre extremeño: un Vallarcal blanco, joven y afrutado, a base de uva cayetana, procedente de viñedos de más de 20 años, de las acreditadas Bodegas Hijos de Francisco Escaso, de Fuente del Maestre, Tierra de Barros, Badajoz, Extremadura, España. A. R., naturalmente.

Vino de aspecto brillante, color amarillo pajizo, franco y limpio en nariz, con aromas de frutas maduras, ligero y persistente en boca, con una acidez característica
, propia de la uva, que lo convierte, servido convenientemente frío, en una bebida ideal para acompañar todo tipo de pescados, mariscos, ensaladas, arroces, quesos frescos, etc. Y a unos precios tirados, oiga. No como las manzanillas de moda que se anuncian, que te cuestan un ojo de la cara. ¿Manzanilla, dice usted?, anda y que te den, mi apuesta se llama Vallarcal blanco joven y afrutado. 


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Toros: Primera de Feria

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 10:40, Categoría: General

Primeras notas del pasodoble sanjuanero. Pasito a paso, buscando acomodo en los tendidos del coso de Pardaleras. Sol torero. Tres cuartos de entrada. Tarde entretenida, pero huérfana de detalles de enjundia. Nueve orejas por un cuartillo de nada. Toros de Los Espartales. De casa. Parejos, algo entrados en carnes. Nobles. Los tres primeros, justitos de pólvora. El público les pitó en el arrastre. Yo, no. Puede que les faltara casta, pero hubo toro. Cuarto y quinto, más que potables. Sexto, de faenón que no hubo. Mientras José Luis Iniesta tomaba notas yo pensaba en que, en general, hicieron buena su sangre Murube.

Pablo Hermoso de Mendoza se sienta en el trono del toreo a caballo. Y desde allí ve pasar las temporadas y cómo la agilidad de hoy no es la de ayer. Se llevó tres orejas en el baratillo que instaló Don Antonio Paiva en la presidencia. De salida, a lomos de "Dalí", recibe a "Salinero", un toro negro de 580 kilos. El bicho aprieta, el maestro duda y el burel acaba arrollándolo junto a tablas. Manda más el toro que el de a caballo. A lomos de "Chenel" viene lo mejor de la faena: dos pares por los adentros, donde torean los jinetes buenos. Llegan las cortas y el bicho se tumba mareado. Sin más remedio que abreviar, mata algo caído. Una oreja. El cuarto toro acompañaba. Hubo quiebros ajustadísimos, con y sin banderillas. Volvió "Pirata" con las cortas. Un acero, caído y algo atravesado, fue suficiente. Dos orejas con marchamo de plaza de tercera.

¡Ay, Diego Ventura! Recibió a su primero a porta gayola. Sin más. Torito distraído y soso. Montando a "Ordoñez", un tordo rodado, banderilleó bien y se lució con cabriolas en la cara del toro. Las cortas, a lomos de "Ginés". Perla isabel que presumía de doma. El público aplaudió con ganas, más atento a lo circense que a otra cosa. Un acero y dos orejas. El quinto fue el más bonito de lámina. Crea el pánico en el tifus. Diego banderillea mal por tres veces. "Distinto" endereza con dos pares al quiebro que por su quietud y belleza son lo mejor de la tarde. "Morante" da dos bocaditos. Aprovecha que el toro se aploma para tocarlo con sombrero cordobés. Bajonazo y dos orejas. ¡Uf, dos orejas!

Manuel Lupi toma la alternativa en España. Veinticuatro años. Su padre, aquel jinete de la apoteosis, pisa el ruedo y le abraza. Pablo aprendió de Samuel. Ahora a Manuel le toca aprender de Pablo. En el que le cedió Hermoso, lo mejor fue el rejón de muerte. Puede que sólo eso se mereciera la oreja que le dieron. Pero en general banderilleó sin tensión y se mostró corto de repertorio. El que cerraba plaza fue el mejor toro de la tarde: abanto de salida, se volvió pronto codicioso. Bravo a los hierros. El portugués le cogió miedo y lo lisió sin piedad, clavando muy bajo. Trampa fea donde las haya. Lo otro ya no tuvo mérito. La muerte fue imperfecta, pero bastó un rejón trasero, caído y atravesado para que el toro doblara. Otra oreja. La levita era azul y bien pudiera haber sido verde. A la salida hablo con el presidente.

Lloro un poquito tanta oreja. "Han matado todos a la primera", me dice como quien busca justificación. ¡Qué calamidad! Claro que peor es lo de los dos clarineros y el impar timbalero. Disfrazados de zarrapastrosos, "escarranchaos", afeando una plaza que debería cuidar los detalles como corresponde a su categoría. ¿Nadie puede arreglar esto?

Y esta ha sido la crónica del día de antes. Hoy, el acabose. No hay papel. Delante de mis narices pagan dos mil cuatrocientos euros por dos barreras para José Tomás. ¡Que se haga carne entre nosotros el Dios del toreo y que nos arrebate a los que su gloria pregonamos!

Fernando Valbuena Arbaiza
Crítico taurino
fernandovalbuena@zetaasesores.es

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Concierto de la Banda municipal de Música el día de San Juan

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 10:25, Categoría: General

Como viene siendo costumbre el día de San Juan, patrón de Badajoz, unos minutillos después de las 13,00 horas, tras la misa mayor en la catedral metropolitana, la Banda municipal de Música de Badajoz ofrecerá su tradicional concierto en la plaza de España, junto a la severa fachada de la torre, a la sombrita, y con este programa:

El torico de la cuerda (pasodoble), de L. Serrano
Pan y toros (selección), de F. Barbieri
Muralles (poema sinfónico), de J. Gómez Deval
La alegría de la huerta (pasacalle), de F. Chueca
Spectacular Shostakovich, de D. Shostakovich
Orgía Dorada (Soldadito español), de J. Guerrero

Director: Vicente Soler Solano

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Una de gigantes y cabezudos

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 8:06, Categoría: General

Uno de los festejos más divertidos de la Feria de San Juan tienen que ver con unos personajes y personajillos grotescos que causan la admiración de muchos y el pavor de los más pequeños: los gigantes y cabezudos. Comparsa formada por cuatro gigantes --una pareja real y otra de extremeños-- y una veintena larga de cabezones, representando diversos personajes del mundo infantil de los cuentos de hada y de las películas de la factoría Disney.

En Badajoz, la tropilla sale en la mañana del 24, día del Patrón, en esta ocasión de un local municipal existente en la calle Arco Agüero, haciendo paradas en plazas importantes, como la de España, paseo de San Francisco, la de Conquistadores, para regresar por la plaza de San Atón a la de España, y, de aquí, a su punto de partida, en la calle Arco Agüero.

La cuadrilla está formada por varios adultos --en los gigantes-- y una treintena de mozuelos y muchachinos, que marchan disciplinadamente a las órdenes de dos secundarios de lujo en las fiestas de Badajoz, José María Silva y Luis Merchán. A cambio de una modesta recompensa, que se puede cifrar entre los 30 y los 50 euros de vellón, pero que les viene de puta madre para montarse en las atracciones de la Feria.

Su comportamiento está siempre controlado y, mayormente, se trata de hacer reír a los más pequeños de la ciudad, siempre en brazos de sus padres y abuelos, aprovechando la ocasión para hacerse mil fotos con ellos.

Nada que ver, por cierto, con las cabalgatas de gigantes y cabezudos de antaño --años 50 y 60, por ejemplo-- formadas por recios mozos y reclutas que servían en los diferentes regimientos de guarnición en la plaza, a quienes se les iban las manos cuando veían a las buenas mozas de la localidad, persiguiéndolas y dándoles pellizcos donde podían. O donde les dejaban, que todo hay que decirlo.

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Formas: La cultura del entusiasmo y de la voluntad

Por El Avisador - 21 de Junio, 2009, 7:35, Categoría: General

Hace unas fechas asistía a la inauguración de una exposición fotográfica en Badajoz. Aparentemente, una más de las muchas que se montan al cabo del año en nuestra ciudad. Pero no, ésta resultó ser muy diferente. Se celebraba en la sala de exposiciones del Centro Comercial Conquistadores, en la margen derecha del Guadiana, se titulaba Formas y era su XVII edición.

Y nada más llegar, que veo cómo un hombrecillo, pero de aspecto decidido, con su inveterada camisa a rayas y su bolsa en bandolera, no para de moverse nerviosamente de aquí para allá. Saludando a todo el mundo y procurando que las cosas estén a punto, que salgan bien. Es el creador y organizador del certamen, alma mater de la exposición desde hace 17 años. Y en nuestro derredor, 29 grandes fotografías en b/n y color, pertenecientes a diez grandes fotógrafos de la AFE, destinatarios del concurso. Y junto a ellas, otras siete, de enormes dimensiones, de un autor invitado, Pedro Casero, fotógrafo con gran predicamento en estos Reinos.

Según pasaba el tiempo, el número de personas iba en aumento, con bastantes fotógrafos, miembros del jurado, amigos y gentes de la cultura local. Además de familiares de nuestros artistas, algunos, acompañados de sus padres, tíos, hijos, primos y demás familia. Muy familiar el acto, sí, señor. Y el hombrecillo, que se multiplicaba. Y allí, en lugar destacado, objeto de la atención del selecto público, los dos trabajos premiados, firmados por la joven María Romero Álvarez (en color) y Francisco M. de la Cruz Barrero (en b/n).

Con que el hombrecillo de la película, al que todos llaman Plaza, da un toque de atención al respetable --que sobrepasaba el medio centenar de personas-- y todos nos disponemos a oírle. En esos momentos observo que junto al tal Plaza no hay ningún jerifalte ni gobernanta de Cultura de cualquiera de las distintas administraciones. No os lo vais a creer, pero allí no había ningún político, de esos que siempre van a sacar pecho y a salir en todas las fotos. "Es que lo hemos hecho todo muy familiar, entre amigos", me dice, sonriente, a modo de explicación, el susodicho Plaza, el hombrecillo de la camisa a rayas y la bolsa en bandolera.

Con que, todos dispuestos, que veo cómo Plaza saca una papela. Tate, me dije, va a largarnos su discurso de apertura. Seguro que nos va a contar su biografía, la personal y la profesional, la historia del concurso, las dificultades que ha tenido que vencer, las muchas gestiones que ha tenido que realizar, etc., etc. Pues nada, monada, vean:

A los concursantes: "Este es un concurso humilde. Hecho con humildad. La grandeza del concurso está en las fotos que habéis presentado".
Al jurado: "Un concurso que engrandece el Jurado, que buen coñazo les doy". Sonrisas.
A los presentes: "Lo engrandecéis aún más todos vosotros, con vuestra presencia y compañía".
Y al artista invitado: "Y, cómo no, a Pedro Casero, con su obra".
Y a sus anfitriones: "Y al Centro Conquistadores --no había ningún representante--, muchas gracias".

Y ya está. Por lo que este émulo de Baltasar Gracián --"lo bueno, si breve, dos veces bueno"-- se llevó su buena ración de aplausos.

Pero hubo más, porque mi hombrecillo llamó a los jurados, a los que dió un obsequio, recuerdo de su colaboración, todo por amor al arte. Y a los premiados, faltaría plus, a los que entregó dos trofeos de diseño propio, made in Plaza. Con palabras de agradecimiento luego de Vicente Novillo y Pedro Casero, encantados de haberse conocido, haciendo votos los dos para que este concurso se mantenga otros diecisiete años más, por lo menos.

UN VINO ESPAÑOL
Y como mandan los cánones, el hombrecillo que invitó a la concurrencia a un vino español. Y en una mesa central, montada y servida por mi hombre, allí que puso unas botellas de cerveza, unas botellas de vinos blanco y tinto y unas de refrescos, con sus reglamentarios vasos de plástico y sus servilletas de papel. Las había sacado de una nevera familiar, traida de casa, a ver, no. Los vinos no eran marcas de lujo, para gente ricachona, no, hija, no, que eran un blanco Marqués de Villalba, de la Cooperativa Montevirgen, de Villalba de los Barros, y un tinto Marqués de Tentudía, de Viñexsa, de Almendralejo. Como pueden ver, dos "marqueses" humildes, de andar por casa, como el mismo acto.

Y de aperitivos, nada de jamón, lomo, chorizo y otras viandas del ibérico por estas tierras. Ni de los afamados quesos de La Serena y El Casar. Qué va.
Como tampoco hubo canapés con huevos y setas, ni de paté de aceitunas, de pescados ahumados y caviar, ni de queso de cabra con aceite de ajo... Ni croquetas caseras al estilo de la abuela, ni pinchos de tortilla, ni dátiles con bacon, ni empanadillas de atún y gambas. Ni tampoco foie-gras natural con almíbar de pomelo, jerez dulce y pimienta verde, guindillas asadas, mousse de salmón, palitos de queso, pastelillos de espinacas y queso fresco o paté a la gelatina. Como tampoco hubo pimientos con anchoas, frituras, tartaletas, chupitos de granizada y gazpacho, dulzainas y otras exquisiteces de estos Reinos. Qué va.

Sí que hubo, en consonancia con este acto humilde y familiar, entre amigos, un par de bolsas de patatas fritas, otras dos de frutos secos y un bote de aceitunas extremeñas. Y sin hueso, que conste. Y la gente, encantada de haberse conocido, probando de aquí y de allá, hasta que se agotaron las existencias. Siguiendo en amor y compaña no sé cuánto tiempo más, hasta que echaron el cierre, a puntito de quedarnos dentro. Eso sí, comentando los cuadros de la exposición en grupillos, y poniendo por las nubes a los fotógrafos participantes en esta ocasión, que fueron estos:

José María Ballester Olivera, Juanjo Bolaño Franco, Pedro Bolaño Franco, Francisco M. de la Cruz Barrero, Antonio Fernández Romero de Castilla, Gullermo Gabardino Herrera, Lorenzo López Lumera, Juan J. Morales Velázquez, Rafael Morera Bañas y María Romero Álvarez.

Y es que no hubo terminado la función cuando el Plaza de esta historia --Miguel Ángel Rodríguez Plaza pone en su DNI--, sin darle importancia a la cosa, que va y me dice cómo está preparando ya la XVIII edición, mejorando los diseños de los premios, pensando en los nuevos jurados, en el artista invitado, etc., etc.

EPÍLOGO
Y me quedé maravillado ante este hombre extraordinario
--de hombrecillo, nada, monada, un tío con un par--, que gusta habitar en los segundos escalones, comprobando hasta dónde llega el poder del entusiasmo y de la voluntad. Un ciudadano que, a pesar de su modestia y sencillez, con su pasión por los valores que representan la amistad y el arte de la fotografía, está enriqueciendo la vida pacense. Al menos, de un sector de ella. Un ciudadano, en fin, con quien la propia ciudad está en deuda.

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