Rosa Morena

Por El Avisador - 5 de Mayo, 2009, 0:29, Categoría: General

Al igual que la inmortal Maruja Limón, "una rosa morena, con los labios de coral y que para quitarse las penas, cantaba y cantaba por la madrugá", Rosa Morena, "siempre ha sido rubia, como los trigos a la salida del sol".
 
No se a quién se le ocurrió bautizarla artísticamente así, aunque ante la pila bautismal sus padres no tuvieron reparo alguno en imponerle el nombre de Otilia que, junto al primer apellido, Pulgarín, me figuro, fue el primer trauma que tuvo cuando se percató de la mala jugada de sus progenitores. Yo me la imagino en plena adolescencia, dándole al cante por lo bajini e intentando ocultar lo que en su DNI era tan elocuente como su arte. Aún así, tuvo reaños para presentase en la emisora EAJ 52, Radio Extremadura, para poder cumplir el sueño de cualquier mocita que sabe a conciencia que tiene voz y estilo. Quiso la diosa fortuna que por aquella época, el maestro Julián Mojedano, la máquina más creativa de la radio pacense, le diera la venia para que esta chiquilla desgreñada y con lo que parecían ser dos coletas, pudiera enfrentarse a todo un micrófono, sin ser consciente de lo que le podía venir encima. Y Julián, que a pesar de su juventud ya lucía una cabalgante alopecia, pero que de tonto no tenía ni un pelo, se dio cuenta que allí, en el minúsculo escenario radiofónico, la niña tenía un garbo y poderío como para comerse el mundo.
 
Por lo pronto, había cautivado a los muchos oyentes de la emisora decana de Badajoz, todo un hito, mientras que el bueno de Julián movía los hilos del destino para que Otilia Pulgarín se convirtiera en una estrella de la copla. Y entre copla y copla, la niña se nos marcha a los Madriles, dando el cante y entusiasmando a los que manejaban el artisteo. Desaparecía para siempre Otilia y nacía una Rosa Morena, a pesar de su sinuoso e insinuante cabello rubio. Los escenarios fueron su pasión y hasta el mismísimo maestro Quiroga plasmó en las rejas del pentagrama una bella copla, titulada "Badajoz, la tierra mía", que Rosa cantó hasta en Nueva York, mientras que el disco se vendía como rosquillas en la desaparecida Casa Cerezo.
 
Ya, en pleno apogeo artístico, la televisión de entonces, que nos hacía soñar con unos colores que se basaban en el blanco y negro, se abría de par en par para la artista pacense. ¿Quién no recuerda a Rosa Morena cantando el famoso "échale guindas al pavo" ante toda una compañía de "paracas" que, a buen seguro, aquella noche tuvieron ración doble de bromuro? Y es que, hasta los puristas de la copla no pudieron resistirse a sus evidentes encantos, como bien se pudo apreciar en algunas películas en las que Rosa Morena era más morena que rosa. Un monumento de belleza al estilo de Juan de Ávalos.
 
Pero Dios, que con frecuencia escribe recto pero en renglones torcidos, le puso en el sendero la eterna y hasta ahora nunca respondida pregunta ¿Por qué a mí? Pero Rosa Morena, más Otilia Pulgarín que nunca, le echó guindas al pavo, soñó con Badajoz la tierra mía, y cosechó el más grandes de los éxitos de su vida.
 
Hoy, que, como diría el poeta, "solo nos falta la muerte para ser invencibles", aquella rosa mañanera, de juventud de filigranas, de sensual perfil y de labios de azucena, ya en el otoño de su vida, sueña en cada soplo del amanecer con volver a pasear por los jardines de Castelar y rezar ante la Señora guapa de Badajoz. Con eso se conforma. Debe de ser porque, cada nuevo día y entre susurros, entona "Badajoz la tierra mía, parece un pequeño cielo, es la tierra más bravía, que puso Dios sobre el suelo...".

Gabriel E. Sardina Sánchez (Gabien)
gabien@hotmail.com

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