Julián Mojedano

Por El Avisador - 27 de Abril, 2009, 0:47, Categoría: General

Me han dicho que su voz se ha ido apagando por los callejones de la memoria. Sí, su voz peculiar y única. Voz recia de recio castúo, voz lírica de galán teatral, voz incansable en matices, voz de Extremadura. Así lo definió el "playboy" Pepe Vela, y dio en la diana, al igual que los que, ya un lejano día, le confiaron un poderoso y nuevo invento que, por arte de magia, se adentraba en la práctica totalidad de los hogares, cuyo único entretenimiento era precisamente ese, la radio. De galena o de válvulas, según la siempre escasa economía de tantas y tantas familias de entonces. Y, a pesar de que ya no se le ve ni se le oye, el maestro Julián Mojedano, vive cada uno de los suspiros con los que le obsequia su propia vida sin rencor al calendario.
 
El "Tío Curro", "Don Juan", "El abuelo Batallas" y un largo etcétera de personajes a los que dio vida en las ondas hertzianas, también se han quedado sin voz y sin el encanto de un tiempo que, aunque pasado, se añora por lo que de humano tenía. Allá en la gloria estarán. Como los suaves armónicos de Rafael Santisteban, de María Luisa Nieto, de Julio Luengo... , gente, buena gente dedicada a una radio artesanal, de quita y pon, sin horarios, casi con lo puesto. Locutores de radio. No, algo más, mucho más. Una especie a extinguir merced a la fiebre titulística que asola esta España mía, esta España nuestra. ¡Como si el amor al micrófono se pudiera aprender! y si alguien tiene dudas que comparen, aunque comparar sea odioso.

Por eso, porque se nace por y para. Como este Julianísimo romántico y sentimental, castizo y populachero, amante y amador, humilde hasta la desesperación, fiel devoto de la Virgen de Bótoa, declamador único de versos escritos a golpe de gubia y sabiduría, que un día le prometió amor eterno a un micrófono y, ¡lo que es la vida!, con el paso de los años y porque así lo ha querido Dios, sus infatigables cuerdas vocales se la han jugado.
 
Pero nos queda su eco, su humanidad de lágrimas merced a una "nacencia" que, sin ser esta la intención de Luis Chamizo, fue escrita exclusivamente para que Julián la proclamara a los cuatro vientos, aquí y allá, donde menos uno pudiera imaginarse. Porque, donde esté Julián, allí estará el alma poética del poeta de Guareña. Y a pasar de que su voz ha pasado a peor vida, sus cada vez más pequeños ojos son una pantalla panorámica en la que se puede ver la historia de un hombre que, aún en vida, ya es historia.
 
Nacido en las cercanías de la muy pacense y a la vez lusitana plaza de San Andrés, pronto supo que el pan que con el que debería alimentarse, había que sudarlo y, como mandaban los cánones de la época, con pantalones cortos supo del ardor del trabajo a las órdenes del que fuera último alcalde de Badajoz en la II República española, Sinforiano Madroñero. Pero, como el hombre propone y Dios dispone, a este Julián, Mojedano, por su padre, y Muñíz, por la única mujer en su vida por la que ha sentido verdadera adoración, el destino le tenía reservado ser la voz de la tierra pacense y extremeña. Voz imposible de escuchar si no es a través del corazón.
 
Para muchos, seguro que el ayer ya es historia, mañana, un misterio, pero para Julián, hoy, es un bendito regalo del cielo.

Gabriel E. Sardina Sánchez (Gábien)
gabien@hotmail.com  

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