26 de Abril, 2009

Pedro, sigue así

Por El Avisador - 26 de Abril, 2009, 19:54, Categoría: General

Pedro:

Precioso tu relato sobre la procesión del Cristo de la Espina. Sigue así, los pacenses te lo agradecemos.

Un abrazo.

Cipriano Sánchez Pesquero (Cipri, el de Helechosa)
csap0006@guindo.pntic.mec.es

Permalink ~ Comentarios (1) ~ Comentar | Referencias (0)

25-A: El Señor de la Espina, por las calles de Badajoz

Por El Avisador - 26 de Abril, 2009, 12:15, Categoría: General

Ayer por la noche, con el frío dejándose notar en todos los rincones del viejo Badajoz, fuimos testigos de un acontecimiento singular: el Cristo de la Espina, imagen emblemática del devocionario religioso pacense, fue paseado por el centro histórico de la ciudad, en medio de un silencio sobrecogedor y arropado de centenares de fieles y devotos, recordando piadosamente los 70 años de la refundación de su cofradía, acaecida, precisamente, un 25 de abril del año del Señor de 1939.

Eran las nueve de la noche y el gentío hacía tiempo que esperaba a las puertas del convento de las Descalzas. En el interior, con el templo abarrotado de fieles, se celebraba una solemne función religiosa, que estaba siendo ilustrada por la agrupación Voces Corales, de Badajoz.


Media hora más tarde, la multitud, que llegaba más allá de la plazuela de López de Ayala, pareció concentrarse en la puerta de salida de las procesiones. Y allí nos dispusimos, cámara y bloc en ristre, para no perdernos detalle. Los policías nacionales de escolta, en uniforme de gala, avisaban que nos apartásemos, que el cortejo estaba a punto de salir. Y eran justo las 21,45 horas, cuando las puertas se abrieron, dando paso a dos jovencísimos acólitos, vestidos de calle, con sus incensarios en las manos, impregnando el lugar de aromas celestiales. Y tras la Cruz de guía, a la que acompañaban otros dos muchachos con ciriales, y el estandarte de la corporación, Juan Ledesma, con su trompeta en las manos, esperaba acontecimientos. Como en las procesiones del Martes Santo, la trompeta o el cornetín de órdenes, iba a ser fundamental en el discurrir de este cortejo extraordinario. Y en efecto, en tanto van saliendo los miembros de la cofradía, junto con otras representaciones de autoridades y hermandades de la ciudad, Juan Ledesma saluda la salida del Cristo de la Espina con el himno de España. Que el público responde con una corta pero sonora salva de aplausos.

A HOMBROS DE MUJERES
Y otra sorpresa de la noche, el Cristo fue sacado en unas sencillas andas y llevado a hombros de 16 porteadoras, mujeres que componían la junta de gobierno de la hermandad, junto con otras devotas de la misma. Y es que, hasta ahora, las mujeres pacenses nunca habían llevado sobre sus hombros al carismático Cristo de la Espina. Que iba con una sencilla cruz a cuestas, luciendo su antigua túnica granate, con dos cíngulos que le atenazaban el cuello y la cintura. Y en la cabeza, junto a la corona de espinas, sus tres potencias doradas, símbolo de su divinidad. Y colgándole del cuello, la reliquia de una espina de su Pasión, tenida como auténtica desde tiempos inmemoriales. La estampa doliente del Nazareno de las Descalzas impresionaba en la fría noche pacense y la austeridad de su paso sólo la rompían cuatro sencillas lámparas de esquina y un dosel florido: claveles rojos para el Señor de Badajoz.


El silencio se cortaba y las órdenes de Pedro Nieto, el capataz, sonaban a susurros conventuales. El cortejo, con el Cristo en la calle, comenzó a disponerse, con decenas de cofrades de toda la ciudad, costaleros y capataces, todos ellos de chaqueta y corbata, con sus medallas al cuello, desfilando por el centro, así como una representación municipal, con los concejales Francisco J. Gutiérrez Jaramillo y María Rosario Gómez de la Peña. Y muchas mujeres devotas, en especial, las de la hermandad, portando entre las manos pequeños cirios encendidos. El denso silencio es la tónica dominante, que sólo interrumpen los toques espaciados de la corneta de Juan y la campana que sirve a Pedro de llamador. Ni una palabra más alta que otra, en medio del incienso y las oraciones de los presentes, la procesión fue acercándose, paso a paso, trecho a trecho, calle Francisco Pizarro mediante, a la plazuela de la Soledad.

Tras el Cristo, ataviados con hermosas dalmáticas violetas, bordadas en oro, iba la presidencia religiosa, que ostentaban Pedro María Rodríguez, delegado episcopal para hermandades y cofradías, Teodoro A. López, delegado episcopal de piedad popular, y Francisco Trabadela, capellán de la cofradía y del convento. Y tras ellos, decenas de personas, en este caso, las de condición más humilde de la ciudad, siguiendo la estela del Señor de la Espina, con cirios encendidos, a modo de promesa.

ENCUENTRO EN LA PLAZUELA
Dando un rodeo, llegamos a la plazuela de la Soledad, donde decenas de pacenses hace tiempo que esperan. La ermita está abierta de par en par y la Virgen de la Soledad, la Patrona, luce sus mejores galas en el altar mayor, radiante esa noche. Con sus valiosísimas joyas, todo ello, regalo del pueblo de Badajoz. Y en la puerta, a la espera también, la junta de gobierno de la hermandad, pero sin su hermano mayor, Joaquin Gil y Juan. Alguna imposibilidad grave, seguro, le ha privado de vivir estos momentos históricos.


El paso, que ha ido cambiando de porteadores por el camino, vuelve a ser cogido por las mujeres, y así llega justo delante de la ermita. En tanto resuenan sus campanas de forma lastimera, realzando el momento. Una vez más, tal como se viene haciendo en las procesiones de Semana Santa, los cortejos de los Cristos hacen una parada frente a la Madre doliente de Badajoz, la Virgen de la Soledad, que se queda por unos instantes, dramáticos, por cierto, frente a frente a su Hijo. Momento emotivo que aprovecharon las dos cofradías para intercambiarse saludos y ramos de flores: la del Cristo de la Espina, un manojo de margaritas blancas, que fue puesto a los pies de la Madre, y la de la Soledad, otro, pero de rosas rojas, que fue a parar a los pies del Hijo amado. Sólo se oyen los flashes de las cámaras digitales y los móviles de los presentes, tratando de perpetuar el momento.

Entre tanto, observo atentamente el lugar, con el gentío abrigado convenientemente ante el resencio de la noche y algunas familias asomadas a los balcones, siguiendo en silencio la piadosa ceremonia, que tiene lugar en una plazuela con tantas connotaciones históricas y religiosas para la ciudad, rodeada de edificios tan emblemáticos como la propia ermita, La Giralda y Las Tres Campanas. Y algunos de los presentes, el abajo firmante incluido, que no podemos evitar unas lágrimas de emoción.

REGRESO
Las voces de un coro me sacan de mi ensimismamiento: son los componentes del coro de Ntra. Sra. de la Soledad, que, a las puertas también, dedican al Encuentro dos de sus creaciones más conmovedoras, con su joven directora,
Celia Sánchez del Río, al frente. Otro de los momentos cumbres de la noche, que fue aprovechado por Pedro María Rodríguez para rezar un padrenuestro, un avemaría y un gloria, siendo secundado fervorosamente por el pueblo. Tras las sentidas oraciones, el cortejo reanudó su marcha, poniendo rumbo a la plaza de España, atravesando las calles de la Sal y de San Juan. Siempre en silencio, sin una voz más alta que otra, dejándose sentir sólo las llamadas de campana del capataz y las cortas órdenes del trompetista.

Desde la plazuela, vimos perderse el cortejo de la Espina, por la calle de la Sal, camino de la plaza de España, para, de aquí, por Hernán Cortés, volver a su santa Casa. Había que recogerse y regresar a nuestros lares. Los momentos vividos fueron suficientes. Y en la cámara, cien fotos. A pesar del frío desapacible, el pueblo pacense, una vez más, arropó con su cálida presencia al Señor de Badajoz en esta procesión extraordinaria, conmemorando los 70 años de la refundación de su cofradía, popularmente conocida por la Espina. Tal día como ayer, un 25 de abril del año del Señor de 1939.

Y en el camino de regreso, pasando de nuevo por el convento de las Descalzas, sede canónica de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Espina y María Santísima de la Amargura, me acordé de cuatro mujeres que, en estos 70 años (1939-2009) fueron pilares básicos en su historia: Margarita Navarrete, su primera presidenta, su hermana Julia, su continuadora, casi cuatro décadas en el puesto, María Luisa Romero de Tejada, la camarera mayor, y Laura Ambel, la penúltima mandataria. Cuatro mujeres de recia personalidad, ya fallecidas, que llevaron a la Espina al altísimo nivel de aprecio y consideración de que goza hoy en el mundo cofradiero pacense. María Jesús Mediero Pantoja, la actual presidenta, rodeada de sus compañeras de junta de gobierno, camareras, auxiliares y demás miembros de la histórica corporación, tiene ante sí un espléndido futuro.

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)

Márgenes del Guadiana

Por El Avisador - 26 de Abril, 2009, 0:39, Categoría: General

Desde los tiempos remotos
de génesis planetaria
antes, que el hoy Badajoz
núcleo urbano perfilara
antepasados lejanos
de siglos en la distancia
etnias y pueblos diversos
que lo siglos aportaran,
en su existir se sirvieron
de aquella vena de agua
que entre Muela y Vaxarnal,
dos cerros de bella estampa
mansamente discurría
hoy llamada Guadiana.

Márgenes, mudos testigos
de mil circunstancias mágicas
amables sueños tejidos
en el tapiz de la infancia
que arrastró implacable el tiempo
con alevosa jactancia.

Islas de cantos rodados,
molinos de airosa estampa,
breves presas o pesqueras
que su cauce regulaba
para alivio de la sed
en veranos sin templanza.

Hoy, si el caudal disminuye
asoman como un fantasma
restos de la Molineta
que se estremece y espanta
de la imponente silueta
de un puente, que cual velero
altos mástiles  levanta
y parece que navega
por el "mar del Guadiana".

Recuerdos dulces de otrora,
cuando en décadas pasadas
en la arboleda del Pico
y junto al Puente de Palmas
se recreaba el ambiente
de las marineras playas
cambiando olas, pleamares
por tibias y limpias aguas.

Amaneceres de ensueño,
tardes de rojos resoles
sobre un horizonte cárdeno
tras eucaliptos y sauces.
Bellas barcas de madera
romboidales y elegantes,
típicas naves pacenses
de nuestro río fiel imagen
descansando en las orillas
de singladura incesante.
Humildad de embarcadero
a la sombra de altos árboles,
donde intrépida  flotilla
sueña hipotéticos  lances
de pesquerías fabulosas
en lejanísimos mares.

Hoy, las orillas del río
presentan fuertes contrastes
con aquellos que vivimos
desde la infancia distante.

Son urbanos los paseos,
a la izquierda de su cauce,
pavimento enlosetado,
metálicos barandales
como proas de navíos
que dibujan en el aire
geométrica arquitectura
y perfiles elegantes;
mientras robusta escollera
que fortifican las márgenes
tiene nostalgia de olas
y solo hay mansa corriente
que pasa lenta y constante.

Cuando la noche aparece,
pájaro de negras alas,
el paseo fluvial refulge
con un aura iluminada,
desdoblando su silueta
sobre el espejo del agua.

Antonio González Nogales
arbolesazules@terra.es

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)

Calendario

<<   Abril 2009  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30    

Categorías

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog