Justo Vila, nuevo santo laico de la Literatura extremeña

Por El Avisador - 22 de Abril, 2009, 9:11, Categoría: General

El pasado 16, día de Santa Engracia y compañeros mártires, la patronal y el abajo firmante tuvimos la ocasión de asistir en Badajoz, concretamente, en la Biblioteca de Extremadura, a un acto singular, muy poco visto por estos pagos: la proclamación como santo laico de la Literatura extremeña, sin tener que morirse antes ni nada, de Justo Vila Izquierdo (JVI). Sí, sí, el mismísimo, el de la Mari Feli. Juntaletras de Helechal, proletario descamisado en sus tiempos mozos, historiador en sus ratos libres, superintendente de la Biblioteca y, antes que nada, maestrino de escuela. Un tipo de 55 tacos que, desde los tiempos del café migao, tiene la manía de escribir y escribir sobre todo lo que encuentra a su paso, sobre todo si es de color blanco, blanquísimo.

Y para certificar su excelencia, que vino de Sevilla una doctora, María José Aguilar Orozco, nueva en esta plaza, profe de Lengua y Literatura en el Insti de Mairena de Aljarafe, experta en Comunicación por la Universidad de Sevilla y, por si tenía poco trabajo, especializada en la novelística del tal Vila. Una doctora muy maja, por cierto, bien puesta en todo, todo sonrisas, enamorada de Extremadura y de un extremeño, con casa campera en Calamonte city, que vino con las pruebas pertinentes, en un tocho que llevaba en la portada un título muy pijo:
Aspectos espaciales en la novelística de Justo Vila. Pero con 352 páginas, que tiene tela.

Y en contra de lo que podría suponerse, que hice mis averiguaciones pertinentes, resulta que la doctora María José no tenía nada que ver, familiarmente hablando, con el Vila de la película. Ni era esa prima lejana que tenemos todos en alguna parte, ni nada por el estilo.
Y segunda sorpresa de la jornada: allí estábamos cuatro gatinos. Mejor dicho, cuatro gatinos y dos gatinas, entre periodistas y fotógrafos, además de algunos amiguetes del aspirante al Parnaso. Como que dos de ellos, sin quitar ojo, hicieron de notarios mayores del Reino de las Letras en Extremadura: Joaquín González Manzanares y Pedro Almoril García. Poca cosa, Sinforosa, como para montarle una ola en caso de necesidad y hacer el puto ridi, vamos. Pero es que --otra sorpresa--, tampoco estaban la Mari Feli, ni la Berta ni el Pablo, los dos mozos de la pareja, que estarían a sus cosas, en el cole, las compras y qué sé yo. Y es que madruga, arréglate para la ocasión, tómate un café amargo a la carrera, sube a la Alcazaba a toda pastilla, saluda a Ibn Marwan al paso sin salirte de la curva, todo a las 11 de la mañana, tiene mandanga. Como para hacerle luego una ola de emergencia al señorito, con banderitas y pancartas, venga, hombre.

Pero la sorpresa más gorda me la llevé después viendo que allí no había nadie de Helechal, ni el alcalde, ni los maestrinos, ni el sargento del puesto de la Guardia Civil, ni nada de nada. A pelo, tú. Y para llevarse las manos a la cabeza, sin banda municipal de Música, ni una rondalla de la Tercera Edad, ni un coro de antiguos alumnos. Para realzar la brillantez del acto, que es lo que dicen los cronistas repipones. Vamos, que te vengan a dar la corona de laurel y que los de tu pueblo se queden en casa como si nada ocurriera, es como para salir corriendo y que se la den a otro, no te fastidia.

EL ACTO
Bueno, a lo que iba, que me enrollo más que una persiana. Resulta que en la mesa principal --no había otra--, junto a la doctora María José se sentaron, a su derecha, y como testigo de la cosa, un tal Manuel Vicente González, de Del Oeste Ediciones, el editor que se buscó las perras para sacar el tocho adelante, y a su izquierda, dónde, si no, el aspirante a santo laico. Por cierto, muy enchaquetado el caballero, pero nada de corbata o pajarita de ricachones, no, hijo, no, que lucía su camisa blanca de antiguo proletario y su jersey cerrado al cuello, el pret a porter del campesino extremeño cuando visita la gran ciudad.

Y cuando le tocó el turno a mi doctora favorita, allí que nos dio un baño sobre la obra viliana, centrada en tres de sus novelas ejemplares: La agonía del búho chico (Del Oeste Ediciones, 1994), Siempre algún día (Tusquets, 1998) y La memoria del gallo (Del Oeste Ediciones, 2001). Que no necesitó de más mi doctora para hacerle una radiografía. Qué radiografía, una ecografía en colorines y tridimensional: el estudio de los espacios social e ideológico en las tres novelas del tal Vila. Como que, tras varios años de estudios, idas y venidas, consultas en bibliotecas y demás, mi doctora hizo su tesis doctoral, siendo sacada a hombros al final por los miembros del jurado, según cuentan las comadres universitarias de Sevilla. Pero para llegar a sus conclusiones, mi doctora hizo un repaso como Dios manda a todo el proceso (primera parte), seguido de los aspectos espaciales en la novelística de JVI, y del estudio del espacio ideológico (segunda), para terminar con las conclusiones (tercera).

Y a todo esto, el novicio, arrobadito, sin decir ni pío, siguiendo sin pestañear la disertación de la doctora de Sevilla con casa en Calamonte. Y en la exposición de los motivos para concederle la santidad laica, la guapa doctora que puso en antecedentes al personal sobre la obra viliana: su obsesión por el mundo rural y la tierra, la elección de personajes, elevados a la categoría de símbolos de la lucha por la reforma agraria y la justicia social, las actitudes de los hombres, por un lado, y de las mujeres, por otro, la actitud de las familias y de los clanes, de los grupos del poder y de los grupos oprimidos... Su arte de novelar el agro del Sur... Con ese estilo novelístico tan suyo, lineal pero con continuas retrospecciones... Su compromiso con la vida y la Literatura... Su aportación a la novelística nacional... Su magistral tratamiento de los rasgos identitarios de lo extremeño, alejado de tópicos costumbristas... La densidad lírica que otorga a la materia novelada... Y siete cosas más, que la que sabe, sabe, y la que no, cartuchos al cañón.

Como que, a su término, el escaso público obsequió a la doctora con una cerrada ovación, en tanto el ínclito recibía el libro viliano con toda solemnidad, en prueba de sus bondades literarias. Al final hubo diversas intervenciones de la parca concurrencia, tras las que mi doctora andaluza-extremeña se hincharía a firmar libros, ante la mirada santurrona del nuevo elegido de las musas.
La cosa siguió en la cafetería del lugar, invitando el nota a un café simple a todos los presentes. Nada de tostadas y bollería, que la cosa no está como para tirar cohetes.

EPÍLOGO
Y esto fue lo que dio de sí la mañana del 16 de abril del año del Señor de 2009, día de Santa Engracia y compañeros mártires, en la Biblioteca de Extremadura, cuando un escribano de Helechal, un tal Justo Vila Izquierdo, Justo, el de la Mari Feli, fue coronado literariamente por la doctora María José Aguilar Orozco, que hizo su tesis doctoral sobre este sujeto adornado de altas letras, dando a la luz una primera entrega, titulada Aspectos espaciales en la novelística de Justo Vila, editada el mismo año por Del Oeste Ediciones, e impresa en los Talleres Gráficos de Indugrafic, al cuidado de Pedro Almoril y Pedro de Felipe, impresores del Reino de Badajoz, en sus dominios del Complejo Pealsa, en el kilómetro 397 de la carretera Madrid-Lisboa. He dicho.

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