José Luis Villares y Evaristo Cuevas dan una lección magistral sobre la saeta

Por El Avisador - 4 de Abril, 2009, 17:28, Categoría: General

Ayer, Viernes de Dolores, se celebró en Badajoz, con extraordinaria asistencia de público, la tercera velada del programa Flamenco en la Plaza Alta, en esta ocasión, referida a la "Exaltación de la saeta", y que organiza y patrocina el Ayuntamiento pacense, en comandita con la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz. Inicialmente, estaba prevista que fuese en los cercanos Jardines de La Galera, junto a la Torre de la Atalaya, y estaba todo dispuesto, pero la inseguridad climática, el "virugi" nocturno, el "resencio", que dice mi tía Federica, la del pueblo, obligó a los organizadores a volver sus ojos a las Casas Consistoriales. En la mismísima Plaza Alta de Badajoz, lugar que la próxima Semana Santa servirá de marco incomparable a algunos de nuestros desfiles más dramáticos, en el silencio de la madrugada, con nuestros saeteros apostados a su paso.

Y en esta ocasión, muy distinta de las anteriores, el tándem formado por José Luis Villares, a la palabra, y Evaristo Cuevas, al cante, dio una lección magistral sobre la saeta, en un mano a mano singular. Que "no se considera a un cantaor completo si no canta saetas", diría más tarde el ilustrado Villares. Éste, con una exaltación sentida y documentada sobre esta variedad del flamenco, contada de forma amena, didáctica y erudita, a la vez, llevándonos de la mano por los caminos de la Historia, la Literatura, la Música y la Religiosidad, desde sus orígenes más remotos hasta la actualidad, centrada en Porrinas de Badajoz. Y el segundo, poniendo lo mejor de sí mismo al cantar seis saetas con sabor hondo, antiguo, que merecieron los aplausos emocionados del respetable. Pero, damas y caballeros, jóvenes y jóvenas, pensionistas y jubilatas, vayamos por partes.

Para empezar, el histórico edificio del primer Ayuntamiento de Badajoz, lleno hasta la bandera. Y volvió a quedarse gente en la calle, tal era el interés de los aficionados. Y, ojo al dato, tres cuartos de hora antes de la hora anunciada, no se cabía. Como os lo cuento. Y en el "palco" de autoridades, los concejalenses Francisco Javier Gutiérrez Jaramillo, "Guti", un fijo de estas veladas, y María del Rosario Gómez de la Peña, a quienes acompañaban los notas de la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz, encabezados por Ildefonso (Alfonso) Castaño, su todoterrenal presidente, y Antonio Nieto, su lugarteniente y secretario, con derecho a sucesión. Y como ya sucediera en ocasiones anteriores, la patronal y el abajo firmante que nos fuimos derechitos al escaño lateral, donde nos aposentamos. No estaba mi asesor flamenco de costumbre, Tino Fernández, que pasé lista, pero sí un gran aficionado, Sigfrido Álvarez San Simón, que con Pili, la patronal,
a mi siniestra, estuvieron al quite saetero esa noche.

Y primera sorpresa de la noche: el acto que da comienzo a falta de diez minutos de la hora prevista, las 21,30 horas. Un pelín tarde, por cierto. Y sin que nadie lo pidiera a coro, cantando eso tan socorrido de "¡Que'em-pie-ce ya, que'el pú-bli-co se va!". Había ganas de empezar, no se cabía ya y la gente quería marcha. Saetera, se entiende.
Antonio Nieto, en su presentación, dio las gracias a todos por su presencia, pidiendo disculpas al respetable por el cambio de escenario, el tiempo que se avecinaba era de perros y la gente, comprensiva, lo entendió divinamente. Hizo la presentación de José Luis Villares, diciendo, entre otras cosas, que era "de Badajoz de toda la vida, bueno, no, que nació más arriba". ¿Cómo que "más arriba", don Nieto? Tome nota: en el pueblecito cacereño de Segura de Toro. O séase, mangurrino, y a mucha honra, mire usted, como el abajo firmante. Un respeto, don Nieto. Lo que pasa es que, como tantísimos emigrantes de la Extremadura rural, de la Extremadura profunda, se vino al Badajoz de cuando los tiempos del café migao, y aquí se quedó para los restos, aquí dinqueló a su Gloria del alma, aquí se liaron la manta a la cabeza, aquí tuvieron a sus churumbeles y aquí ejerció de maestrino de escuela. Que lo sé yo, don Núñez, y ahora es tan de Badajoz como un tal Marqués de Porrinas, ese cantaor de gafas oscuras y clavel reventón en la solapa, que tiene una estatua en la plazuela de la Soledad, y cuyo nombre suele citar mucho mi Villares. Menos mal que luego se entonó el tal Nieto cuando dijo de José Luis Villares que, desde entonces, "se metió en 48.000 actividades, y en todas destacó". Así se habla, don Nieto. Y al final, una frase para enmarcar: "Espero que algún día se le reconozcan todos sus méritos, no sólo los del flamenco". Así se habla, don Nieto. Y que le den la medalla de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio por su impagable labor en favor de la educación, el deporte y la cultura. Eso no lo dijo don Nieto, que lo digo yo.

LA FUNCIÓN
El ilustrado Villares, con su traje y su corbata de las grandes ocasiones, hecho un pincel el menda, del que conocía un montón de facetas pero esta del flamenco, no, sólo de oídas, que va y empieza agradeciendo al Ayuntamiento de Badajoz, a las casas patrocinadoras y a la Asociación de Arte Flamenco, en especial, al incansable Alfonso, su labor por conseguir que estas jornadas se celebren en Badajoz, y en el marco incomparable de su Plaza Alta. Devolviendo los piropos a su Nieto presentador con un "no esperaba menos de ti". Y cuando todos estábamos pendiente del licenciado Villares, a nuestras espaldas y de improviso, que resuenan los aires de una vibrante saeta. Volvemos la cabeza, como un resorte, y es él, el mismísimo, Evaristo Cuevas, un tipo bien plantao, guapino de cara, con su pelo ensortijado, ataviado todo de negro, la estrella de Osuna. Y entre ayes y olés, fue desgranando a capela su saeta de presentación, mientras avanzaba despaciosamente por el pasillo central, donde están las columnas de la estancia. Impresionante, majestuosa, una saeta cantada al estilo de las tonás, "el primer cante que existió", diría luego el profe Villares. La ovación fue de las que hacen época, tras lo que el licenciado pasó a detallar brevemente algunos aspectos de la biografía artística de Evaristo Cuevas, su procedencia, su estilo, sus muchos premios, etc. Como que, entre otras cosas rebonitas, dijo que "es una gran persona, saetero de pro, un cantaor largo, de voz potente, metódico, apasionado...". Mejor, imposible.

Y allí daría comienzo un mano a mano original, con el señor licenciado desgranando la historia de la saeta, desde los tiempos más remotos hasta ayer mismo, enriquecida con numerosas pinceladas humanas, históricas, sociales, poéticas, musicales, artísticas, religiosas, folklóricas y qué sé yo. Dando una retahíla de saeteros ilustres, especialmente de los clásicos. Empleando palabras y expresiones encantadoras, atractivas, poéticas... Y la gente, como en mi caso, arrobadita, siguiendo sin pestañear al ilustre. Y sin solución de continuidad, en un abrir y cerrar de ojos, que mi licenciado se nos pasaba de poeta a cantaor, de cura a fraile, de pregonero a historiador, de payo a gitano, de maestrino a flamencólogo... ¡Que le den el título de Saetero mayor del Reino de Badajoz y alrededores! ¡Que le editen su discurso sobre la Saeta, pero ya! ¡Que lo repartan en todas las cofradías, colegios, institutos y peñas flamencas de Extremadura!

Pero llegó Evaristo, el guaperas de Osuna, y mandó callar a todo el mundo. Con un par. Cuando se puso a cantar su repertorio de saetas,
se entiende. En esta ocasión, seis, con un fondo musical pregrabado, que le servía de hilo conductor. Y ante el silencio del respetable, que se podía cortar, el saetero estuvo magnífico y profundo, apasionado y contenido a la vez..., con media docena de saetas, interpretadas con estilos muy diferentes: por martinetes, por tonás, por carceleras, por cuarteleras y por seguiriyas, una de ellas, con cambio a martinete. Rubricadas con ovaciones, ¡bravos! y ¡olés! en distintos momentos de su actuación por el distinguido público, especialmente en una por carceleras y, ya al final, en otra por seguiriyas, que dedicó al distinguido público, al estilo de Antonio Mairena. Y mi Evaristo que armó el taco, con el gentío puesto en pie, emocionado a más no poder y aplaudiendo a rabiar.

Al finalizar, los dos artistas de la noche, el conferenciante Villares y el cantaor Cuevas, recibieron mil y una felicitaciones de la concurrencia, que se mostró encantada de haberse conocido. Y ya en los corrillos, que van los de la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz que nos citan para la próxima función de Flamenco en la Plaza Alta, que será, Dios mediante, el próximo 1 de mayo, y en este mismo lugar, con la actuación de Pedro Cintas, de La Albuera, al cante, y Joaquín Moñino, de Badajoz, a la guitarra.

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