15 de Enero, 2009

Amancio

Por El Avisador - 15 de Enero, 2009, 16:07, Categoría: General

Quién no conoce a Amancio en Badajoz. Porque en San Roque, el barrio de los machas, es que ni os cuento. Sí, ese hostelero bajito, sonriente, tímido, amable y servicial que regenta la cafetería-restaurante La Esquina. Toda una institución la cafetería y su inseparable dueño, el tal Amancio. Que no se llama Amancio, por cierto, que se llama Antonio Pintiado Romero. Trabajador nato, con 33 años detrás de la barra o en la cocina de La Esquina. Y al que muchos pacenses recordarán en sus años mozos como camarero de la cafetería Río, donde el menda estuvo 15 años. Total, 48 años sirviendo con agrado a los pacenses y forasteros que nos visitan los mejores productos para comer y beber. Y es que el nota comenzó a trabajar en la hostelería con 15 añitos. Y hasta ahora. Y está igual de campechano y saludable, aunque con unes ribetes blanquecinos orlando sus cabellos. Pero cuando le mientan a sus 7 nietos, 7, mi Amancio que se emociona y sonríe como un bendito.

Y allí sigue, en San Roque, manteniendo el mismo espíritu servicial de toda la vida. Y es que esta mañana, haciendo unas gestiones por el barrio de los machas, acerté a entrar en sus dominios
a desayunar, que estaba hasta los topes. Acompañado de Pedro II, el hijo de Pedro I. Metiéndonos unas migas extremeñas entre pecho y espalda que estaban de puta madre. Y el prenda que se acercó a saludarnos.
--Cómo está usted, don Pedro.
Porque ésa es otra, me sigue llamando de usted de cuando en la mili, allá en Sancha la Brava, el tal Amancio asistía, en unión de otros colegas vestidos de caqui, a las clases de adultos que regentaba el abajo firmante. Y no se le ha olvidado, no.

Empresario emprendedor este Amancio, quien, en unión de su familia, tiene abiertos en el Casco antiguo de Badajoz el hotel San Marcos y la cafetería-restaurante Doña Purita, los dos en la calle Meléndez Valdés, uno junto a la otra.

DESPEDIDA
Y en la despedida, hasta luego, don Pedro, vuelvan cuando quieran, don Pedro, estamos aquí a su disposición, don Pedro, ahí va mi tarjeta, don Pedro. Ha sido un placer, don Pedro, digo... don Antonio Pintiado, tú sí que vales.

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El termostato marca 21 grados

Por El Avisador - 15 de Enero, 2009, 12:58, Categoría: General

Aunque parezca increíble, en este invierno siberiano que nos está tocando vivir, hay lugares en Badajoz donde hace un calor que pela. Me estoy refiriendo a algunas oficinas públicas, donde la calefacción la tienen a más de 25 grados. Y el último caso me ocurrió ayer a mediodía, en las oficinas que tiene abiertas al público Muface, la Mutualidad de funcionarios civiles del Estado, en la calle Díaz Brito, dando a un lateral de la parroquia de San José.

Lugar donde los funcionarios públicos del Estado de Badajoz, que, entre activos y jubilatas, son legión, acuden regularmente a proveerse de nuevos talonarios de recetas médicas o a presentar la documentación pertinente para obtener ayudas en la adquisición de prótesis y otros servicios. Y estando en la cola, pepsicola, la calefacción era sofocante, como que parecía que estábamos a 26-27 grados. Que uno sabe de lo que escribe, que tiene calefacción general en casa. Y uno de los dos funcionarios que atendían al personal estaba con las mangas remangadas y sudando. Y en esto que se me ocurre decirle:
--Oiga, la calefacción aquí está demasiado alta.
--El termostato marca 21 grados --me aclara.
--Pues aquí hay un despilfarro de energía con este calor sofocante --replico.
--El termostato marca 21 grados --me explica.
--A lo mejor, el termostato está estropeado, que también se estropean estos cachivaches.
--El termostato marca 21 grados --me repatinga.
--Claro, luego vienen los constipados, frío en la calle, calor dentro de oficinas como ésta y a venir aquí a por recetas, que se nos acaban --trato de razonarle.
--El termostato marca 21 grados --erre que erre, el funcionario-robot.

La madre que lo parió, sudando la gota gorda, en mangas de camisa y repitiendo la cantinela de que el termostato está a 21 grados. ¿Será posible?

SABER SIN PREGUNTAR
Pues ya lo sabéis, colegas, cuando vayáis a Muface y tengáis que esperar un ratino en la cola, pepsicola, os podéis llevar un sofocón de tanta calefacción. Y no le preguntéis nada a nadie, que ya sabéis la respuesta:
--El termostato marca 21 grados.

Y me tengo que acordar de lo que me decía mi tía Federica, la del pueblo:

No preguntes por saber,
que el tiempo te lo dirá,
no hay cosa más bonita
que saber sin preguntar.

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Cómo empezar una novela

Por El Avisador - 15 de Enero, 2009, 0:32, Categoría: General

El otro día, pasando por una de las calles céntricas de Badajoz, que me veo a una dama bien puesta que viene en sentido contrario por la acera. Marchando con soltura y decisión, pisa morena, pisa con garbo. Y unos metros antes, que decido cederle mi mano derecha para que pase. Como se ha venido haciendo toda la vida con las damas, los minusválidos y las personas de edad: darles preferencia. Y cuando me muevo a mi izquierda, que la dama también se aparta, para dejarme pasar primero. Nuevo zizzagueo, vuelta a encontrarnos, otro movimiento del improvisado ballet, para, al final, salir cada uno por no se sabe dónde, eso sí, con la dama y el abajo firmante despidiéndonos con una sonrisa de oreja a oreja. Y todo en un palmo de terreno y en apenas cinco segundos, tú.

Casi igualito con lo que pasa en algunas pelis americanas, donde la moza tiene un encuentro de este tipo con el galán despistado de turno. Al que siguen esos diálogos tan clásicos:
--¡Ah!, ¡perdón!, pero si eres Michael...
--¡Oh!, ¡lo siento!, cuanto tiempo sin verte, Jane...
--¿Qué haces...?
--¿Dónde vives...?
--¡Qué bien estás...!
--¡Tú siempre, tan encantadora...!
Después de un cuarto de hora de salutaciones y recuerdos mil, Michael y Jane, sonrientes los dos, creen haber encontrado a su media naranja, y sigue la cosa cuando el guaperas invita a la tía a cenar, luego a su apartamento y tal y tal.

Bueno, pues voy a darle un toque a un escritor de este pueblo, un tal Juanma Cardoso, uno que escribe divinamente cuentos menudos, como de andar por casa, ambientados en la gran ciudad, que empiezan muy bien y terminan para salir corriendo, para hacerle llegar esta anécdota personal, por si quiere tirarse al monte y escribir una novela. Su primera novela. Con este arranque y, luego, rellenando las 999 páginas que faltan, le puede quedar bordada. Su obra cumbre, sí, señor. Que tendrá un éxito arrollador, vendiendo miles de ejemplares, para que, al final, vengan Pedro Almodóvar o José Luis Garci y la conviertan en una de sus oscarizadas películas. Fácil, ¿no?

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