Día de Navidad en Badajoz

Por El Avisador - 25 de Diciembre, 2008, 17:17, Categoría: General

Este mediodía, ya con el sol encima, pero marcando sólo 12 grados abajo, la gente salió de sus madrigueras después de la gran noche del 24. Iban preparados contra el frío que daba gloria, destacando los chaquetones y los abrigos de pieles de las redoñas y madamas pacenses, que les llegaban incluso hasta los tobillos. Cogiendo el tubo de la avenida de Huelva-calle Correos-calle del Obispo, vimos que estaba todo cerrado a cal y canto. A excepción de algunas atracciones de feria, ubicadas en sitios céntricos de la ciudad, que no pararon en todo el día para distraer a los niños y a sus padres, con la ristra reglamentaria de villancicos de fondo. Así como uno de los kioscos de San Francisco y la cafetería La Marina, donde andaban ricamente apalancados varias decenas de ciudadanos sin saber qué hacer a mediodía, como almas navideñas en pena, con todo fechado. Y en el paseo, espléndido y limpio --con los operarios del Servicio de Limpieza rematando su faena--, media docena de familias con sus chiquininos probando los juguetes que les había traído Papá Noel. Y con todo el paseo para ellos.

En otra parte del paseo, las palomas del lugar vivían sin vivir en sí, pues algunos niñatos andaban tirando petardos muy cerca, y mis palomas, con las explosiones, que se largaban en bandos a buscar lugares más tranquilos. Qué dura vida la de mis palomas franciscanas, con estos gamberros navideños tirando petardos a diestro y siniestro. Anda que si su patrón, San Francisco de Asís, se enterara, iban a saber lo que vale un peine estos mozuelos.

Y como pasé lista, vi que me faltaban los notables de la ciudad: el alcalde y sus concejalenses, el presidente de la Diputación y sus diputados leales, y la reina Gobernadora, la delegada del Gobierno, y sus muchos ayudas de cámaras. Ni uno, oye. Estarían sobaos del atracón nochebuenero o sabe Dios dónde de picos pardos vacacionales.
Y es que por no estar, tampoco estaban Jacinto el Trompeta ni El Chiringui, el pedigüeño gitano más plasta que haya parido madre. Como que tampoco vimos, y esto ya es para darles un toque, a los hermanísimos Vidarte, Manolo y Enrique, Enrique y Manolo, con sus cámaras en ristre. ¿Dónde andarían los dos buenas piezas? Por el contrario, sí que estaba Nicolae (o Nicolau), el orondo y moreno acordeonista rumano, que venía de la plaza de España con su troupe detrás, acordeón a la espalda. Mal día hoy para sus interminables y pegajosos conciertos, cuando se pone junto a una de las entradas de El Corte Inglés. Y si no, que se lo pregunten a los que trabajan en la cercana Óptica.

ANTOLÍN
Pero sí tuvimos ocasión de saludar a un personaje muy conocido de la ciudad, Antolín, el hijo mayor de don Antonio, el dueño del popular taller de bicicletas de la calle Las Peñas. Quién no ha comprado una bicicleta en Antolín o la ha llevado alguna vez a reparar. In illo tempore, claro, que Antolín ya está jubilado, con 80 y pico años, que no se notan, no. Como que parece un señorito. Y tras los saludos de rigor, las felicitaciones navideñas y demás, que voy y le pregunto al menda por la receta para conservarse tan lozano y dicharachero, a ver si podemos copiarla:

--Pues ya sabes lo que tienes que hacer...
--¡¡¡¡¡¡¡
--Hacerle caso a tu mujer...
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Y a la patronal, que iba al lado, se le pusieron los ojos contentinos, con una sonrisa de oreja a oreja.

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