Con la que está cayendo por estos andurriales, con las palabras crisis,
paro y recesión hasta en la sopa, da gusto llegar a sitios y que te
cuenten otras películas. Más divertidas, a lo mejor, no, pero distintas
y esperanzadoras, siempre.
Como cuando el otro día, en la frutería Pepe, en mi barrio, que estaba
comprando unas patatas y unas naranjas, mientras me
despachaba que se me ocurre decirle:
--Bueno, Pepe, ¿qué tal la crisis? ¿Se nota en las ventas, la gente sigue viniendo como de costumbre, y tal y tal?
--¿Crisis, qué crisis?
--Hombre..., es de lo que todo el mundo habla.
--Pues de crisis, nada.
--¡¡¡¡¡¡
--Eso es mentira.
--¡¡¡¡¡¡
--Un invento de los políticos.
--¡¡¡¡¡¡
--¿Cómo están los bares en Badajoz?
--¡¡¡¡¡¡
--¡Llenos!
--¡¡¡¡¡¡
--Y los fines de semana, ¿sabes dónde va la gente, no?
--¡¡¡¡¡¡
--A Matalascañas y a otras playas de por ahí.
--¡¡¡¡¡¡
--Así que aquí no hay crisis.
--¡¡¡¡¡¡
--Y en Santa Marina, menos.
Lo que tú digas, Pepe. Pues ya sabéis dónde tenéis que ir si queréis daros un
subidón de moral, frutería Pepe, en la calle San Isidro, en Santa
Marina, mi barrio. De nada. A mandar.