La que ha armado por estos pagos la consejera de Economía, Comercio e Innovación de la Junta de Extremadura, una tal María Dolores Aguilar,
vicepresidenta económica de Guillermo Fernández Vara, que acababa de comprarse un nuevo coche oficial, un
Lexus valorado en
68.208 euros. Traducido al cristiano, 11.348.856 de las antiguas pesetas. Para ahorrarse el chocolate del loro, yendo y viniendo
a/de Madrid. Como si la gente fuera idiota y no lo entendiera, la muy pija.
Con la crisis que nos corroe por los pies y con cientos de extremeñitos que las pasan canutas para llegar a fin de mes. Bueno, pues Guillermo I, en un alarde de reflejos, la ha obligado a devolver el cochazo y, de paso, para quedar bien, ha rechazado la dimisión de su vicepresidenta, la que debía salvaguardar nuestros dineros, vaya cínica.
Además de pedir perdón públicamente, diciendo que ha sido una metedura
de pata hasta el corvejón, que los ciudadanos no entienden, ni
entenderán, y tal y tal. Qué vamos a entender. Y, si no, mirad cómo
está el patio en las emisoras de radio y en las páginas webs de los
principales diarios locales y regionales. Echando chispas, tú.
Y es que este tipo de gobernantas pijas, encumbradas en lo más alto,
tienen menos sensibilidad que una lombriz. Encantadas de haberse
conocido, rodeadas del boato y la parafernalia de las alturas, pierden contacto con la
realidad, y luego pasan las cosas que pasan.
Pues yo, que Guillermo I, la hubiera puesto de patitas en la calle.
Porque la tal María Dolores está marcada para los restos. Políticamente
hablando, se entiende: la pija del bólido. Y la próxima vez, a ver si
tiene mejor vista para elegir a sus colaboradores. Reflejos, los tiene
todos, sí, señor, su petición pública de perdón y disculpas le honra,
pero de la vista tiene que graduarse. Qué menos, tú.