Como os lo cuento. En Badajoz, adelantándonos dos meses y medio a la
Navidad, ya estamos liados con los polvorones. Y los mantecados. Y las
figuritas de mazapán. Y lo que te rondaré, morena. Y es que resulta que
ayer a mediodía, durante la visita que hicimos al Rastro de artesanías
y antigüedades en el Casco antiguo, había un puesto al final de la
calle San Juan, dedicado a panadería y dulcería tradicionales. Y muy
concurrido, por cierto. Era de la panadería Otero, de la cercana
Gévora, que vendía casi de todo. Y al preguntar a la amable señora del
puesto --la madama del tal Otero-- por el precio de los polvorones, nos
dijo que cogiéramos unos de prueba, que invitaba la casa. Y no nos hicimos de rogar, a ver.
Eran polvorones almendrados y estaban divinos, tú. Y la cosa estaba a
2,50 machacantes el cuarto, a 10 el kilo. Todo un detalle, sí, señor,
la de la panadera de Gévora.
Pues ya estamos liados en Badajoz con los polvorones navideños. Y es
que, damas y caballeros, en Badajoz no salimos de una cuando ya estamos
metidos en otra.