Dado
el especial trato de los gobiernos de Madrid y Bucarest, los rumanos
andan por España como Pedro por su casa. Y Badajoz no es una excepción.
Sin nada que objetar, por cierto. Que las fronteras de Europa hace
tiempo que cayeron. Pero de años anteriores a éste hay una gran
diferencia: mientras los hombres siguen apostados en los mejores
rincones y pasos de la ciudad, intentando ganarse la vida con sus
músicas de acordeón, las mujeres, que se venían dedicando de forma
humillante a pedir limosna, han desaparecido del callejero. No sabemos
dónde estarán, seguramente trabajando en la vendimia de las bodegas y
explotaciones agrícolas del extrarradio pacense y la comarca
colindante. Que ahora son necesarias muchas cuadrillas de
vendimiadores. Como, por ejemplo, en Exagravin, C. B. (finca Telena,
carretera de Olivenza), Gaspar Santos e Hijos, S. L. (carretera de
Sevilla), Bodegas Coloma (poblado de Alvarado), Bodegas Casas Novas
(carretera de Olivenza), Explotaciones Agroindustriales Badajoz, S. A.
y García Paradells, S. L. (finca El Charro, Lobón), entre otras más.
Lo dicho, esta vez las rumanas de Badajoz parece que están haciendo de hormigas y los rumanos, de cigarras, como en la fábula famosa. Pues que les vaya bien a todos.