Si hubo algún Gran Café de la Prensa, más o menos de época no muy
lejana, fue sin duda el Café Bar Avenida, con su troupe pintoresca y
servicial de camareros (Fermín, Julián, Andrés...), con su reunión de
redacción de las 10 de la mañana y desde donde partían los aguilillas
de la noticia, reunión a la que también asistían algunos periodistas
jubilados y amigo varios. Ese sentido romántico de la profesión en un
Badajoz más asequible y menos pretencioso, ha muerto para siempre. Y la
prensa es lo que los ¿tiempos? quieren que sea. Con los periódicos se
reparten pitos, pelotas, el mosaico de la Virgen de la Soledad a
trocitos, estampas, a ver si de paso alguno se da cuenta de que eso es
un diario.
El Avenida dejó paso a un banco, que es lo que suele
pasar. Hace muchos años, comentando el cierre del mítico Café Castilla
en Madrid, el periodista González Ruano confesaba que lamentaría
morirse sin ver el cierre de un banco para instalar una cafetería.
Y se murió con las ganas.
Saludos,
Pepe Rabanal Santander
peperebanal@yahoo.es