Querido Pedro:
Acabo
de leer tu último escrito. Veo que tienes los ojos demasiado limpios.
Me enjuicias con tu propio prisma, el del amor. Te doy las gracias, no
sería bien nacido si no lo hiciera.
Pero,
sin dejar de ser esa la realidad y, porque "contra facta non valent
argumenta", la evidencia no necesita demostración, los hechos, hechos
son, omites lo más importante de mi vida: mis múltiples pecados y
fallos. Claro que, posiblemente, lo haces así porque están todos a la
vista. Quien me conoce sabe mucho de mi furia e insensatez, de la poca
prudencia, de lo "políticamente incorrecto", de que no me callo ni
debajo del agua y podría decir las cosas con un poco de "filosofía
maquiavélica", necesaria en muchas ocasiones, etc., etc.
En
cualquier caso, quienes me conocéis, sabéis muy bien que quiero pasar
por la vida tan desapercibido que sólo pienso en lo que puedo aportar
desde mi nada para el bien de los demás. Mi "yo" me daba demasiados
problemas y, por la misericordia del Señor, llegué a descubrir que las
tendencias de la transitividad, el ser para otro, me dan muchas más
satisfacciones que las que sólo sirven para llevarme a la "egolatría".
De ahí mi predilección por pasar desapercibido para que sean las obras
quienes hablen por aquello de que "cuando vosotros calláis, las piedras
hablan".
Un fuerte abrazo para todos y todas "mis niños/as".
Juan Antonio Jiménez Lobato
jilobato@terra.es