De algún tiempo a esta parte, parece que a algunos mozos de este
pueblo, en vísperas de su boda o de algún acontecimiento familiar
importante, se les va la olla, a modo de trastorno transitorio de
personalidad, convirtiéndose en niñatos. Y lo que es un asunto privado
y familiar, lo airean a los cuatro vientos, para que se entere el
vecindario. Con la colocación de panfletos en las calles más concurridas
de Badajoz.
Y el último caso lo vi hace unos días en la calle
Menacho, la calle más comercial del Reino de Extremadura y alrededores.
Varios panfletos tamaño folio pegados en las paredes, con un titular que asustaba:
"¡¡¡NIÑO PERDIDO!!!". Al que acompañaba la foto retocada de uno de estos
pijos de pueblo, retocada convenientemente por el Photoshop, que me recordaba el
careto de Cristobalito Gazmoño, el insufrible niño repipón que
representara años ha en TVE el inolvidable Tony Leblanc.
Y el niñato de marras, haciéndose el gracioso, que va y dice:
Me guzta una ninia que ze llama zole.
Bueno, pues a continuación viene un mensaje familiar, que, textualmente, pone:
La
última vez que fue visto fue en el toysara en la sección de 2 a 3 años.
Si lo encuentran se ruega el contacto con los padres. Queremos que
vuelva a casa. Recompensa: 1 uniforme militar y 1 pistola de juguete.
Y no supe si reír o llorar ante esta enésima
chorrada callejera. Por este ataque de infantilismo agudo que lleva a
algunos de nuestros mozos a hacer el puto ridículo.
Pues yo, que sus familiares, hubiera puesto este otro mensaje sobre este pijo que anda suelto:
Si lo encuentran, no se les ocurra llamar a los padres. No queremos que vuelva a casa. Si vuelve, recompensa: un mes y un día de vacaciones en un Centro tutelado de la Junta para mayores tocados del ala. Pero antes tiene que quitar todo el papelorio que ha pegado por el centro de Badajoz.
Qué menos, ¿no?