28 de Julio, 2008

Vuelven las camisas a rayas

Por El Avisador - 28 de Julio, 2008, 21:15, Categoría: General

La penúltima secuela de la crisis que nos devora ha llegado al vestuario. Masculino, mayormente. Y son legión los maromos de edad madura y provecta que están sacando de los armarios sus viejas camisas a rayas. Verticales, horizontales y a cuadros. Como las que empezaron a llevarse en los años 60 y 70 de la pasada centuria. De cuando el boom del turismo y las suecas en España. Mientras los más jóvenes llevan sus camisas y nikis coloreados y con floripondios, así como con inscripciones en inglés --que nadie sabe lo que ponen, por cierto--, los mayores vuelven a vestir las camisas de rayas que tan bien sentaban al españolito de provincias en esos años. Y todo porque no hay un puto euro para gastar en novedades textiles, modernidades y tal, que hay que tirar con lo que se tiene.

DE CAMISETAS VERBENERAS
Y también están en crisis las camisetas verbeneras, ésas que llevan una inscripción chafardera en el pecho o en la espalda, que causa la risión allí por donde pasa el hortera de turno. Ya no se ven como antaño, que las había a cientos. Ahora se pueden contar con los dedos de una mano. Y sobran dedos. En esta temporada, observando la “pasarela” nocturna de la avenida de Castilla, en La Antilla Beach, sólo me he quedado con dos. Vean:


Ya no cose ni tu abuela.
No sigas órdenes, piensa por ti mismo.

Sin gracia alguna, tú. Poca cosa, Sinforosa. Y es que hasta la gracia y la sal gorda también están en crisis en este país, cuando la primera parte de la parte contratante del veraneo está a punto de cumplirse.

 

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¿Dónde andarán?

Por El Avisador - 28 de Julio, 2008, 21:04, Categoría: General

Sí. Dónde andarán. Conocidos y populares personajes todos ellos, especialmente entre los españolitos de edad madura, los del gremio de pensionistas y jubilatas, carcamales, carrozas y retablos varios. Y es que resulta que me ha escrito una carta mi tía Federica, la del pueblo, y me pregunta por ellos. Ahora, cuando el verano. Que dónde andarán. Que no hay quien los vea, ni por camino ni por verea. Ni, por supuesto, en los programas del corazón de las teles ni en la prensa de colorines y chafarrinones. Y me manda la redoña una ristra de nombrecitos que se las trae. Para que le dé señales. Para saber qué son de ellos y ellas. Con nombres de personajes de los tiempos del carburo, el gasógeno, el estraperlo y el café migao, por lo menos. Y estos son los andobas, para que sepáis con quién os jugáis los cuartos:

Perico, el de los palotes
Marisa, la de la risa floja
Maribel, la del nivel
Picio y Abundio, los más feos que parió madre
Rebollo, el de los rollos macabeos
La madre Celestina, la de los polvos
Mateo, el de la guitarra
Nicanor, el que tocaba el tambor
Pedrín, el de las ostras
Ambrosio, el de la carabina
Benito, el de la purga instantánea
Eustaquio, el de la trompeta
Carrasco, el que chupaba siempre del frasco,
El tío Paco, el de las rebajas
Jeroma, la de las pastillas de goma
Pedro, el de andar por casa
Juan Palomo, el que se lo guisaba y se lo comía él solito
Bartolo, el de la flauta
Pepeluí, el que te daba la manita
Macarena, la que tenía reloj pero no tenía cadena

Pues eso. ¿Dónde andarán Ambrosio, Benito, Perico, Abundio, Maribel, Picio, Jeroma, Bartolo, Pepeluí, Juan Palomo y compañeros mártires? Si los encontráis, no salgáis a escape, tú. Que ganas darán, seguro. Les decís que los andan buscando por Extremadura. Paco Lobatón y los picoletos, no, mi tía Federica, la de los Entrines.
 

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Festival de Teatro Clásico de Mérida: Un Ayax/Terzopoulos estéticamente reiterativo

Por El Avisador - 28 de Julio, 2008, 20:52, Categoría: General

Me hacen gracia las reseñas, entrevistas, programas de mano donde ciertos organizadores tratan de vender un espectáculo engañando. Este “Ayax”, que con tanto énfasis presenta Francisco Suárez como “estreno en Europa y en exclusiva”, su creador Theodoros Terzopoulos hace tiempo lo había escenificado en Delphos y girado por Italia. En España se estrenó en el 2005 en el pueblo de Parla, programado por el Festival Madrid-Sur. Estas representaciones en Mérida son un “bolo” de la compañía Attis Theatre, que en las próximas semanas también se hará en Huelva (Niebla) y Valencia (Sagunto). El espectáculo, lógicamente, ha sido adaptado para el espacio del Anfiteatro Romano.

Terzopoulos, que es el director griego que mejor nos había ilustrado de forma progresiva en este Teatro Romano -con sus 4 innovadoras producciones anteriores- de la gran capacidad épica, plástica y expresiva de los textos griegos, en esta ocasión ha fallado. Su compañía Attis Theatre, ha presentado “Ayax”, propuesta en la que Terzopoulos más que fijarse en la historia contada por Sófocles, se ha interesado por los conflictos humanos que pone de manifiesto la tragedia. Utiliza fragmentos de la descripción del brote de locura del héroe griego -provocado por la diosa Atenea- y de su matanza de animales creyendo que eran soldados. Tres actores -secundados por un coro- narran los actos cometidos por Ayax, se identifican con él y terminan convirtiéndose en víctimas y verdugos, planteando, una vez más, la clásica pregunta “¿Qué es todo esto?”.

En la relectura de la tragedia mezcla, por partes, el heroísmo convencional visto de forma muy irónica y elementos de “cabaret” para manifestar la idea de la guerra como espectáculo. Sin embargo, estas propuestas, que no se traducen claras por la barrera del idioma y por la recurrente plasticidad y desnatado disfrute de la belleza corporal -que tendrían otro valor si hubiera un sustrato argumental menos intelectual- no son fácilmente asimilables a cualquier espectador.

El espectáculo no utiliza las posibilidades del Anfiteatro, sino la común tarima rectangular para montajes hechos en espacios “a la italiana”. La puesta en escena es de pequeño formato -aunque rellene la acción con 4 actores más que sirven de coro- y su mayor problema es, precisamente, esa tarima de grandes dimensiones que no facilita la comunicación efectiva entre actores y espectadores. Es sabido que, cuando no se entiende el idioma, funciona muy bien en el Attis Theatre una técnica de actuaciones sensitivas que los personajes transmiten con un pálpito arrasador de imágenes intensas y emocionalmente vibrantes. Pues aquí no. El método del director griego, de la expresión corporal hacía el éxtasis físico -próximo a Artaud, Living Theatre, Barba-, de tan buenos resultados en los actores, se da de bruces con un escenario que le sobran metros y con una mala disposición del auditorio.

Además, para quienes conocen en Mérida la trayectoria de la compañía, desde “Las Bacantes”, donde la acción y la palabra nos impactaron gratamente con aquel gradual éxtasis de los interpretes desde sedimentos de primitivas características de los ritos dionisiacos, hasta esenciar la depuración de la estética en “Prometheus Bound”, con actuaciones de lirismo desbordante en las voces desgarradas y la belleza de los cuerpos, en sintonía con músicas y sonidos guturales de lejanas ceremonias mágicas, este “Ayax” resulta estéticamente reiterativo. Ha perdido su impacto de invadir progresivamente las facultades perceptivas de la audiencia. Un “Ayax” que en su delirio -el que consiguen los actores con la técnica- sólo sabe matar bien a las ovejas, pero aburre a mucho público.


José Manuel Villafaina Muñoz
Crítico teatral
jmvillafaina@hotmail.com


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