16 de Julio, 2008
Frutería, ultramarinos y coloniales Los Monteros
En Badajoz, la alineación de la histórica calle Prim con la calle Mayor (avenida de Juan Carlos I, Rey de España), tras varias décadas de espera, derribos y obras mil, ha conseguido dar más fluidez a la zona, doblándose la vía, con nuevos y modernos edificios en la manzana de la calle Abril, además de más aparcamientos. Todo más funcional y moderno, sí, señor, pero aséptico y sin personalidad, como tantas y tantas zonas nuevas de Badajoz. Y, visitando la zona recientemente, no pude por menos que emocionarme al recordar estos lugares --campo de la Cruz, calles Prim y Abril, plaza de Portugal, parque de Castelar…--, cuando hace décadas recogían el pálpito de nuestras vidas y afanes, con gentes de gentes de todo tipo y condición. Máxime cuando uno recuerda con añoranza que aquí vivió su adolescencia y su mocedad. Y es en la década de los 50 cuando mi padre, el señor Jacinto, abriría una tienda en el 5 de la calle Prim, denominada pomposamente “Frutería, ultramarinos y coloniales Los Monteros”. Tienda familiar donde todos sus integrantes echaban una mano: mi santa madre, la señá Sima, mis hermanos Paco y Tito, mis primas Olvido, Mari Carmen y Marisol --en distintas épocas--, además del abajo firmante, claro. Pero mi trayectoria como dependiente de la frutería Los Monteros, además de breve, dejó mucho que desear, en opinión del resto de la familia. Resulta que, en los primeros meses, quien más vendía era el abajo firmante. Y todas las Maris querían que les atendiera el menda. Como os lo cuento. Y tenía cola, ante el contento familiar. Una joya este muchacho, decían mis mayores. Un recomendado, decían mis hermanos menores, que me miraban de reojo.
¡VAYA DEPENDIENTE! Y la cosa siguió y siguió, hasta que, en cierta ocasión, mi santa madre se puso detrás mía al despachar. Y puso el grito en el cielo al comprobar cómo daba siempre corrido a las clientes, de más. ¿Un kilo de naranjas, dices? Ahí va, con doscientos gramos de más, no tiene importancia,señora. ¿Medio kilo de azúcar? Te lo doy pasado, total, poca cosa… ¿Tres cuartos de patatas? Va algo más, pero te cobro igual… ¿Cuarto y mitad de pimientos? Pasan cien gramos de más, pero es lo mismo… ¿Que te faltan veinticinco céntimos para pagarme?, no te preocupes, me vale con lo que me des… Y las Maris, tan contentinas conmigo. En cambio, mis padres, mis hermanos y mis primas, traspasándome con sus miradas. Menos mal que me quitaron de en medio, evitando la quiebra del negocio familiar. Y parece ser que, tras los hechos sucedidos, reunida la familia en asamblea, alguien dijo aquella frase tan célebre: --Este muchacho, que no sirve para trabajar, que estudie, a ver si espabila… Dicho y hecho. En la bendita hora, pues encaminaron mis pasos a la vieja Escuela de Magisterio, en la avenida de Colón, donde me hice maestro de escuela. Histórico edificio, por cierto, hoy ocupado por el Centro de Profesores y Recursos de Badajoz, además del colegio de Prácticas Arias Montano, que el próximo año cumple medio siglo de existencia, que fue inaugurado y puesto en marcha a principios del curso 1959-60.
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Picadillo anticrisis al estilo del Avisador
Estando donde estamos, con la crisis que nos corroe llamando todos los días a la puerta, bueno es que, para defendernos, tomemos algunas medidas de autodefensa, todo sea para evitar que nos devore. Y como lo más sencillo es la comida, empecemos por ella, con un humilde picadillo veraniego, especial para bolsillos con telarañas:
Picadillo al estilo del Avisador
Ingredientes (para 2 personas) 3 tomates medianos (o 2 grandes) 1/2 pepino (pelado) 1 cebolla dulce (mediana) 1 cuchara sopera de aceite de oliva virgen extra 1 cucharilla de vinagre de vino Una pizca de sal Unas hojitas de perejil (en plan Karlos Arguiñano)
Útiles Un cucharón para remover Una servilleta esponjosa siempre a mano, para quedarlo todo en estado de revista, que los torpes lo ponen todo perdidito.
Picarlo todo en trocitos bien pequeños, echándolos en un cuenco de cerámica. Revolver bien el aceite, el vinagre y la pizca de sal. Servir frío, previo paso por el frigorífico.
Extras Un platito de aceitunas aliñadas Un par de viajes de vinillo blanco del bueno, a ser posible con D. O. Ribera del Guadiana. Propongo un blanco joven Viña Telena, variedad macabeo 100 %, de las acreditadas Bodegas Exagravin, C. B., de Badajoz, al cuidado del Excmo. don Julián Morenas, Marqués de Telena y Los Frailes, y de su hija, lady Margaret, originarios de Los Santos de Maimona city. Con sus Bodegas ubicadas en el kilómetro 8 y pico de la carretera de Badajoz a Olivenza, en el término municipal de Badajoz. Otros extras, como tacos de queso, lascas de jamón, latitas de sardinas y cosas así, rien de rien. Que estamos en crisis, cónchile.
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Ha muerto don Antonio Mendoza, patriarca de Perfumerías Mendoza
Ayer martes moría en Badajoz, a los 83 años de edad y rodeado del calor de los suyos, don Antonio Mendoza Lumbreras, patriarca de los Mendoza, familia pacense de empresarios y comerciantes dedicada desde la década de los 60 de la pasada centuria a los negocios de perfumería, droguería y productos varios. El amigo Noni García Salas es el que me ha dado el parte.
Don Antonio, luchador nato, trabajador empedernido, empresario ejemplar, había nacido en Arroyo de la Luz (Cáceres) y, tras abrir un negocio en la capital cacereña, en 1966 se vino a Badajoz, estableciéndose en la calle de San Juan, con la denominación de Almacenes Mendoza.
Más adelante se implicaron sus hijos y el negocio pasó a denominarse Perfumerías Mendoza. Que sería absorbido tiempo después por la multinacional Marionnaud, con sede central en la misma calle de San Juan y varias franquicias abiertas en distintos puntos de la ciudad.
Don Antonio, a pesar de su edad provecta, visitaba con frecuencia las tiendas, saludando al personal desde una silla, dado su precario estado de salud.
Descanse en paz el veteranísimo empresario extremeño. Y vaya desde aquí el testimonio de nuestro pésame a su viuda, doña Mercedes, a sus cuatro hijos --Antonio, Mercedes, Manolo y Jacinto--, a sus hermanos, además de a sus once nietos y demás familia. Afortunadamente, la saga mendoziana, con savia nueva, continúa.
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