14 de Julio, 2008
Guillermo Summers, el poeta del reciclaje
Todos los años por estas fechas, en las playas de la costa onubense, más conocida por Costa de la Luz, se dan cita miles de extremeñitos, entre ellos incontables badajocenses. Y, en este contexto vacacional, los Ayuntamientos respectivos suelen organizar numerosas actividades de ocio y cultura. Para animar el cotarro en las largas noches de verano. Actividades donde sobresalen los conciertos de música, las ferias del libro, las representaciones teatrales y de títeres, las pruebas deportivas para los más jóvenes y las exposiciones. Y de todo tipo estas últimas: pinturas, fotografías, esculturas, etc. Y, como muestra vale un botón, durante estas fechas anda expuesta en el centro cultural Los Álamos, de La Antilla (Lepe), una llamativa exposición del todoterrenal Guillermo Summers Rivero (Sevilla, 1941). Conocido showman de la tele de otras épocas, escritor, dibujante, pintor, pregonero y siete cosas más. Entre ellas, la de artista polifacético, pero con un matiz especial: utiliza materiales de deshecho, los recicla y, en último término, les da "vida". Guillermo –no lo voy a descubrir ahora—es un tipo encantador, jovial, optimista e imaginativo, repartiendo allá por donde va miles de sonrisas. Pero no conocía bien su faceta creadora. Conocidísimo y popular en media España, especialmente en Andalucía y, más concretamente, en Lepe y su playa, donde la gente le adora. Y en Extremadura también, donde tiene amigos y admiradores en muchos sitios: Almendralejo, Villafranca de los Barros, Olivenza, donde fue pregonero de su última Feria del Toro, etc., etc. Yen la muestra de La Antilla, el autor ha reunido medio centenar de cuadros y montajes sui generis, además de una extensa colección de naturalezas muertas --piedras, conchas, caracolas, troncones…-- decoradas.
COSAS DE LA MAR Y LA MAR DE COSAS La exposición Guillermina, titulada "Cosas de la mar y la mar de cosas", consta de tres partes bien diferenciadas: las naturalezas muertas antes aludidas, reconvertidas en pequeñas muestras de arte, los cuadros de temática taurina y, por último, sus singulares composiciones y montajes, todo un canto al uso creativo de los productos de deshecho de la sociedad que nos rodea. Las estampas taurinas, realmente magníficas, están hechas a base de latas de refrescos, recortadas y pegadas en varios estratos. Escenificando con gran realismo las diversas suertes del arte de torear en nuestro país. Pero el no va más llega cuando contemplamos sus montajes, plenos de creatividad, utilizando sabiamente mil y un materiales y productos de deshecho, a modo de grandes collages, como troncos retorcidos, alambres, mallas metálicas, ruedas de engranajes, telas, cartones, estampas, guitas, cables, cadenas, grifos y cornetines antiguos, varas, relojes viejos, cerámicas rotas, muelles desvencijados, etc., etc. Incluyendo como gran novedad la intervención humana, a base de figuritas o muñecos de pasta "das", material que utilizan los arquitectos y los escultores para sus maquetas. Pero hay más. Y es que, como remate de los tomates, en muchos de sus cuadros figuran unas sentencias y pensamientos, escritos a lápiz o boli, o con recortes de prensa, con mensajes que sintetizan, de alguna manera, la filosofía guillermina acerca de la vida, la conservación del medio ambiente y la utilidad de los materiales aparentemente inútiles e inservibles. He aquí una muestra:
¡Salvad el planeta, coño! A la Humanidad le está haciendo falta una transfusión de sentido común. La robotización recorta la imaginación. Aprovecha lo que otro deshecha y añade algo de tu cosecha. No se necesita ser ecológico, basta con ser lógico. Larga vida a la chatarra. Dime lo que tiras y te diré qué pierdes. No somos lo que fuimos ni lo que seremos; y las cosas tampoco. Quien preserva, conserva. Reciclarse o morir. La materia ni se crea ni se destruye…, se transforma. Arte es crear…, reciclar es recrear… Si la basura tuviera precio, esta muestra no tendría desperdicio. De la mar, los peces, y también los pecios… El deshecho al hecho no hay tanto trecho. Mira a la Naturaleza y aprenderás a conservarla. Fui maceta barata, ahora soy cara (un cara pintada sobre un trozo roto de maceta).
Por lo que no es de extrañar que, durante una de las visitas del público –llenos diarios, destacando las familias al completo--, un rapaz, arrobadito ante una de sus creaciones, le dijera a sus padres: --Mami, pues yo de mayor quisiera ser como Guillermo y hacer estos cuadros.
Una muestra creativa, esta del ilustre e ilustrado Guillermo Summers, que, en mi opinión, debería estar recogida en alguno de nuestros Museos de Arte Contemporáneo, para contemplación y deleite de las generaciones presentes y futuras. Si es que no hay mandarines culturales que se opongan porque a Guillermo se le entiende todo o porque no se llama William, Willem, etc., que cualquier cosa bien pudiera suceder.
Vaya mi enhorabuena a Guillermo por su obra y, sobre todo, por su estilo, tan cercano a la gente. Y, cómo no, a su Marita del alma, la patronal, su "musa", que te lo dice el menda sin pensárselo dos veces. Finalmente, decir que la muestra, que recomiendo vivamente, estará abierta en el salón Los Álamos, de La Antilla, hasta el 21 de este mes, en horario nocturno.
|
Pedrito
Mi amiga Granada, periodista de Radio Extremadura, de la cadena SER, escribía en la revista de la Feria pacense de San Juan 2008, en su edición nº 39, un artículo, a propósito del homenaje que Badajoz tributó a Godoy, titulado “Godoy vuelve por la Feria” (pp. 52-53), y que, en realidad, era un pequeño homenaje a las personas que, desde Internet, se vienen dedicando a trasladar noticias e informaciones sobre la ciudad de Badajoz, sus personajes y sus eventos históricos. Y mi amiga Granada citaba a tres internautas, entre ellos, al abajo firmante. Demostrando no sólo que conoce mis andanzas posmodernas en mi blog El Avisador de Badajoz --al que califica de “famoso”, así, por las buenas--, sino, además, de cuando in illo tempore este que lo es se dedicaba “a recopilar cuentos populares y seguía paso a paso cómo se mantienen las tradiciones, con su cámara fotográfica siempre dispuesta en Semana Santa, carnavales y cualquier otro acto de la ciudad de Badajoz”.
Está visto que mi Granada –-María Granada Gómez del Barco, que ese es su nombre tal cual--, moza bien puesta donde las haya en este pueblo, a pesar de su aspecto tímido, como de no haber roto un plato en su vida, posee una gran memoria, que ya me gustaría a mí tenerla.
Pero lo que no sabe mi Granada es el origen de mi afición a los fastos y celebraciones populares, a las fiestas y tradiciones, a los rituales, que dicen los antropólogos. Y se lo voy en contar, sólo sea en agradecimiento por sus cariñosas palabras.
Todo viene de principios de la década de los 50, que ya ha llovido, ya, de cuando el abajo firmante, con 6-8 añitos, vivía en San Roque, el barrio de los “machas”. Con sus hermanos --Paquito y Tito (Jacinto)-- y sus amiguetes jugando todo el joío día en la calle. Lugar ideal de juegos de los niños de entonces, mientras las madres se dedicaban a las tareas del hogar, en tanto los padres estaban ausentes, por los diversos trabajos y oficios del día a día. Bueno, pues resulta que un día de verano, a eso de media mañana, mi santa madre --la señá Sima, que en paz descanse-- salió a la calle a buscarme. Seguro que para algún recado de cerca, que era el mayor de la terna, y, ya se sabe, que el mayor siempre tenía que estar presto a cualquier contingencia doméstica.
Y, mirando y remirando, que no me veía. Seguro que estaría metido en algunos de los corralones cercanos o en casa de alguna comadre vecina, pensó. Y, después de buscar por aquí, por allá y por acullá, que Pedrito no aparecía. Y, mi madre, que se puso en plan pregonera, desgañitándose:
--¡Pedritoooooooooo…!, ¿dónde estáaaaaaaas…?
Y el Pedrito de la historia, sin dar señales de vida. La desaparición del primogénito de los Montero trascendió y mi madre, en unión de media docena de vecinas, montó una patrulla en toda regla, a la búsqueda del niñato perdido. Entretanto, mi madre que no cejaba:
--¡Pedritoooooooooo…!
Tras más de una hora de incesante búsqueda, con los nervios de las madamas del barrio a flor de piel, el Pedrito de las narices que apareció. Pero, ¿sabéis dónde? ¡Detrás de un cortejo fúnebre! Y junto a la antigua gasolinera de los Ayala. A punto de pasar el puente del Rivillas. Como os lo cuento. Un entierro en toda regla, pero de los antiguos. Con su carromato mortuorio, tirado por un par de caballos enjaezados de negro, negrísimo, su caja de pino y su muerto dentro. Precedido por dos hileras de pobres del Asilo, velón en ristre, y seguido por el cura, el sacristán y los monagos de la parroquia, además de una respetable concurrencia de familiares, vecinos y amigos. Y todos, menos el muerto, a pie enjuto. Y del tal Pedrito, claro, que, embobado, seguía el ritual fúnebre desde San Roque hasta no se sabe dónde. Bueno, sí se sabía: hasta la capilla del viejo hospital provincial de San Sebastián, junto a la plaza de Minayo, que servía para despedir el duelo y dar la “cabezá”, antes de que el cortejo cogiera camino del cementerio. El de la carretera de Olivenza, el “viejo”, que no había otro.
Y, en contra de lo que pudiera suponerse, las expresiones de mi madre y de las vecinas al verme no fueron de alegría y contento. Como en el caso del hijo pródigo de la Biblia, que todo fueron parabienes, ágapes y elogios rebonitos al mozo perdido, luego encontrado. Ni me abrazaron ni me dieron después un fiestorro, con música de los discos dedicados de la radio, tebeos, dulces, caramelos y chocolatinas. ¡Qué va! Todo lo contrario. Que me dieron una azotaina de aquí te espero y me mandaron a la cama, castigado y sin comer. ¡Así, por las buenas! ¡Con la cara de contentino que llevaba el tal Pedrito, tú!
|
|
El Blog
Alojado en
|