6 de Julio, 2008

Este año, sin toldos

Por El Avisador - 6 de Julio, 2008, 16:09, Categoría: General

Los tradicionales toldos de Badajoz, una parte necesaria del mobiliario urbano desde hace décadas, que cubrían parte de la plaza de España y toda la calle de San Juan, por la dichosa caló, ya no se ponen. Los clásicos toldos, los que anunciaban la llegada del verano y la Feria de San Juan por estos andurriales, han desaparecido. Era el Ayuntamiento el encargado de ponerlos, como siempre, pero este año se han echado para atrás, alegando unas pamplinas que no se la creen más que ellos. Como que van a esperar a ver qué hacen los empresarios y comerciantes del Casco Antiguo con su Centro comercial abierto. Vamos, que los comerciantes nos pongan los toldos y nos ahorramos los cuartos, tú.

No sé si se acordarán en el Ayuntamiento, pero durante la Feria de San Juan han sido unos cuantos hosteleros de la calle de San Juan los que han puesto sus toldos. Claro que cada uno de un color distinto, uno más arriba que otro, unos de lona, otros de tela, etc. Un zoco en toda regla. Y en el Ayuntamiento, a verlas venir, tan campantes.

He consultado el Tocho de Autoridades del Reino de Badajoz, que va por los 30 tomos de 2.000 páginas cada uno, papel biblia, en su última edición, y veo que el concejalense de Toldos e infraestructuras varias es José Antonio Monago. La mano derecha e izquierda del tío Miguel, el niño bonito, el hijo de su madre, el senador de ida y vuelta, el que sale todos los días en las fotos, etc., etc. Y tengo que darle un toque porque en Badajoz no se pueden perder las buenas costumbres y las tradiciones. Y todo es por la puta falta de previsión que hay en algunas oficinas de ese Excmo. Ayuntamiento. Que, desde el pasado año, han tenido tiempo de arreglar el problema de los toldos. Un año, tú. Y ahora van y se escaquean, diciendo eso de los empresarios del Casco Antiguo con su Centro comercial abierto, a ver si nos apañamos con lo que ellos pongan, y tal y tal.
Está bien que en el Palacio Municipal los responsables tengan sentido del ahorro, nada de tirar la casa por la ventana y demás. Pero sin toldos va a ser temerario circular a mediodía por esos lugares, so pena de que se le derritan los sesos a algún paisano, sea jubilata o no.

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Rubén quiere ser torero

Por El Avisador - 6 de Julio, 2008, 13:32, Categoría: General

Se llama Rubén, es de Badajoz y quiere ser torero. Así, por las buenas. Y eso que tiene sólo 14 años. Y es pequeñajo, que "no crece ni soplándolo", dice con gracia la señora Toni, su santa madre, la kiosquera de mi barrio.
Pero, ojo al dato, mi Rubén, que es un buen estudiante de ESO en el colegio pacense de la Compañía de María, viene haciendo tentaderos y, últimamente, ha actuado de sobresaliente en Llerena. Y ha recibido ovaciones sin cuento y ha dado no sé cuántas vueltas al ruedo. Aunque no tiene edad para matar toros, que la cosa empieza a los 18 años. Y la gente de Llerena y su comarca, arrobadita, tirándole flores y besos. Miles de besos.

Rubén Lobato Domínguez, que ese es su nombre completo, es un alumno espabilado de la Escuela Taurina que la Diputación de Badajoz mantiene en el coso pacense de Pardaleras. Y allí lleva mi Rubén año y medio de aprendizaje. Una peculiar Escuela que dirige el que fuera famoso matador de toros de Almendralejo, Luis Reina. Pero su maestro es un tal Antoñete, a quien Rubén adora.
El caso es que mi Rubén bebe los vientos por Antonio Ferrera, otro torero de Badajoz. Y quiere parecerse a él. Sobre todo, en arrojo, valentía y en... ¡su tercio de banderillas! Y, cuando el mocoso simula poner rehiletes, al estilo ferreriano, la gente vibra, levantándose de sus asientos, ovacionándolo largamente.

ANTONIO FERRERA, SU ÍDOLO
Por eso no es de extrañar que las paredes de la habitación de Rubén estén rebosantes de carteles y fotos de Antonio Ferrera, su ídolo. Pero hay más, y es que ha entablado amistad con otros toreros extremeños, como Alejandro Talavante e Israel Lancho, que le han dedicado algunas de sus mejores fotografías.
Y cuando le pregunto a los padres, Manolo y Toni, mis kiosqueros favoritos, la madre dice sentir "miedo e ilusión".
Y antes de la despedida, que me dicen:
--Tenga usted esta foto de mi hijo, como recuerdo.
Y me dan una en tamaño cinemascope, donde mi Rubén, con gesto serio, luciendo su traje corto de torear, saluda a la afición, sombrero en mano, con la bella estampa de la abarrotada Plaza de toros de Badajoz de fondo. Y una leyenda: "Rubén Lobato. Tlf.: 665.615327". Para quien quiera saber más de él.
Lo dicho, Rubén Lobato, un chavalín de Badajoz, quiere ser torero. Y parecerse a Antonio Ferrera. Casi ná.

EPÍLOGO
Rubén mío, torerillo de mis entretelas, cuídate. Y no te fíes de esos bicharracos con dos puñales en la frente. Y que las Patronas de Badajoz, las Vírgenes de la Soledad y de Bótoa te amparen con sus mantos. ¡Venga, Rubén, suerte, vista y al toro!

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Teatro Romano de Mérida: De la caótica gala inaugural a la excelsa función de Las Troyanas

Por El Avisador - 6 de Julio, 2008, 11:20, Categoría: General

Con sombras y luces ha dado comienzo la 54 edición del Festival. El telón imaginario del Teatro Romano que abrió con una caótica gala inaugural de homenaje a Margarita Xirgu, pésimamente diseñada y montada -por Francisco Suárez-, acto seguido nos ha brindado una excelsa representación de “Las Troyanas”, de Eurípides /  R. Irigoyen.
La gala, anunciada a bombo y platillo como una “fiesta teatral”, presuntuosa de pompa y glamour a la americana, resultó un “totum revolutum” de actos paradójicos: de iniciar la sesión con un concierto musical de hora y cuarto en lo que se supone una actividad teatral, seguido de un descanso de media hora por desmontaje, de inoportunos documentales más propios de actividades paralelas y de fruslerías para presentar las obras, con el “late-show” de Buenafuente y compañía reburujando un indigesto y consentido sapo teatral que se sale del escenario y alcanza a los espectadores políticos.

Tales desaciertos y confusiones hicieron que tan desmesurada ceremonia de contenido y estética sinónimos de la nada, a los ojos del público, pesara y abrumara. Y, a los amantes del teatro, sonrojara. Si la Xirgu hubiera podido descender del Olimpo y sentarse en una cavea  para ver y oír lo ofrecido en la efeméride tal vez se hubiera sentido indignada ante tamaña osadía e ignorancia de haber profanado su nombre en el Teatro Romano, templo de la fiesta teatral grecolatina.
Se salvó por coherencia con la Xirgu la interpretación de Nuria Espert en varios fragmentos ilustrativos de la “Medea”, demostrando, una vez más, su pericia y conocimiento del personaje en un rol que ya es mucho rol cuando se tiene cierta edad. La actriz logra mantener la fuerza trágica impecable de matización gestual, vibrando con un amor y una perversidad más fuerte que el de la implacable justiciera.
El panorama del Festival pasó de un extremo a otro con el estreno de “Las troyanas”, montada por Mario Gas. La tragedia centrada en el amargo destino de las mujeres de los héroes vencidos en Troya, como se sabe, es el alegato antibelicista por excelencia de los casi tres mil años de literatura occidental. También es conocida la calidad poética de la versión de Irigoyen, en cuya esencia se encuentra esa imagen devastadora de la guerra en el mundo de hoy, montada en muchos lugares (hasta por la mismísima Irene Papas con La Fura dels Baus).

M. Gas consigue con esta obra su mejor espectáculo en el Teatro Romano, siendo además uno de los más hermosos de la historia del Festival. Está muy bien facturado en la palpable demostración de que llega a todos y de que todos pueden participar de la sensibilización sobre el desastre que supone cualquier guerra y sus detestables secuelas. La forma del montaje tiene un riguroso sentido de la composición escénica: de vestuarios, utilleria, luces, sonido, dentro de un espacio escenográfico que penetra en la orchestra y la convierte en sugerente playa. También de depurada ambientación catártica y síntesis de dinamismo sublime sin grandilocuencias. Y, sobre todo, de disfrute de los roles de los intérpretes -que logran como pinturas trágicas y dolientes integrarse en los registros del ritmo interno de las escenas-, de su belleza corporal y de las voces y cánticos fragmentados del coro.

En las actuaciones, destaca Gloria Muñoz (Hécuba), protagonista indiscutible de esta historia que tan admirablemente fusiona el drama colectivo con el individual. La actriz, majestuosa, imponente, estoica, con fuerza de huracán muestra la catarsis de su sufrimiento y de su furia, su lamento que perfora los siglos y llegan hasta hoy. Ana Ycobalzeta (Casandra), se luce sonriente y exultante en su exigente papel de adolescente adivina en los bordes de la locura. Mía Esteve (Andrómana), transida de dolor logra junto al niño Luis Jiménez (Astianacte) las escenas más tiernas y conmovedoras. Clara Sanchis (Helena), se implica deslumbrante en su personaje frívolo y seductor. Ricardo Moya (Taltibio), con excelente voz y presencia logra la justeza en la combinación de cinismo y compasión del mensajero griego. Antonio Valero (Menelao), actúa con autoridad en un adecuado trabajo orgánico del confundido rey de Esparta.
Menos convincentes están Carles Canut (Poseidón) y Angel Pavlovsky (Atenea), algo forzados, en su papel de grotescas deidades arrogantes, caprichosas y vengativas. Por ello, su escena, muy original en la traslación a la actualidad, sólo se logra a medio Gas.

José Manuel Villafaina Muñoz
Crítico teatral
jmvillafaina@hotmail.com

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Alejandro

Por El Avisador - 6 de Julio, 2008, 0:54, Categoría: General

Se llama Alejandro. Pero no voy a escribir de Alejandro Magno. Ni tampoco de Alejandro Dumas. Como tampoco de Alejandro Sanz ni de Alejandro Amenábar. Ni, por supuesto, del torero extremeño Alejandro Talavante. El Alejandro al que me refiero es un tío alto y rubio, ojos azules y cabellera larga. Un tío bien puesto, vamos. Con un careto de galán de Hollywood que tira de espaldas, tú. Un guaperas al que saludan siempre las mozas más guapas de la localidad, mientras los demás nos tenemos que buscar la vida. Un tipo sencillo, con cara de no haber roto un plato, que es abogado y economista, además de gerente de la Fundación Maimona, de Los Santos de Maimona. Un tipo eficiente y servicial, siempre en los segundos escalones, sabe lo que no está escrito de desarrollo local rural. Además de dominar cinco idiomas, por lo menos. Y es el hombre que está detrás de un montón de proyectos encaminados al desarrollo y progreso de Los Santos de Maimona, lugar donde vive y trabaja.

Allí donde veáis reunido a un grupo de gente emprendedora, tratando sobre negocios, sus posibilidades y tal, seguro que está mi Alejandro. Para asesorar e informar, que es lo suyo. Para apoyar todo tipo de proyectos culturales, empresariales e iniciativas innovadoras, sobre una base de sostenibilidad. Para que, en definitiva, se creen y se afiancen más empresas, que es la fórmula para crear riqueza y puestos de trabajo, claro.

UN TIPO CON CATEGORÍA
Y mi Alejandro, la discreción personificada, que me habla con admiración de los miembros de su Fundación, a los que antepone siempre el don: don Diego Hidalgo Schnur, el todoterrenal patrono, don Cipriano Tinoco, don Julio Yuste, don Santiago Poves, etc., etc.

Y, en la tercera vez que he dado con él, durante la celebración reciente de un curso internacional sobre Antropología, celebrado en la Casa de la Cultura de Los Santos de Maimona --copatrocinado por su Fundación, faltaría plus--, ha vuelto a confirmarme su valía humana y profesional. Un tío legal, un tipo encantador, que todavía se ríe y sonríe con las chorradas y panfletos del Avisador. ¿Será posible?
Alejandro, damas y caballeros, jóvenes y jóvenas, jubilatas y pensionistas, es mi amigo Alejandro Hernández Renner. Alejandro, colega, hoy va por ti.

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