Josefa, la dama del carrito

Por El Avisador - 27 de Junio, 2008, 18:44, Categoría: General

Se llama Josefa y es una dama de Badajoz. De edad indefinida, aspecto orondo y corpulento, su cara curtida y sus brazos fornidos ofrecen el aspecto de una vida marcada por el trabajo y el sufrimiento. Por la lucha para sacar adelante a los suyos. Josefa no vive en palacios ni alterna con marqueses y gente VIP. Seguro que en una vivienda modestísima de alguna de nuestras barriadas más humildes. Y Josefa, para ganarse la vida, lleva un carrito. Y no vende nada, sino que recoge la basura y la suciedad de nuestras calles. Porque Josefa es una trabajadora del Servicio de Limpeza. El que dirige el inquieto Antonio Ávila, Marqués de Ávila y otras hierbas.
Josefa, además, hace su trabajo de forma seria y callada. Y por donde pasa, quedan las calles y los rincones de Badajoz como los chorros del oro. Sin embargo, muy pocos se lo habrán reconocido. Y, menos, públicamente. Con desfile triunfal y entre aplausos.

Y es que en uno los pasados días de toros de la feria de San Juan, me aposté en la plaza de España para seguir a las mulillas y a La Filarmónica hasta la plaza. Ritual popular que, desde hace seis años, viene repitiéndose en este mismo lugar cada día que hay toros en el coso de Pardaleras. Fomentado por los animosos empresarios y comerciantes del Casco Antiguo (AECAB), que todo hay que decirlo. Y allí estaba mi Josefa, con su indumentaria verde medioambiental, en un lugar discreto, recogiendo colillas, papelitos y otras menudencias con su cepillo y su cogedor. En tanto los de la banda tocaban unas piezas, la gente bailaba agarrada y los mulilleros sujetaban a sus mulillas.

Y fue sobre las 19,15 horas, cuando la banda inició el desfile, seguido por las mulillas y decenas de aficionados, camino de la plaza. Cerrando la comitiva, quién si no, mi Josefa. Que iba por si tenía que recoger los excrementos de las caballerías, las boñigas. Para que nadie las pisara luego. Y, muy taurinamente, por cierto la banda fue marcando el paso por la calle de San Blas y la plaza de Cervantes. Con dos piezas muy conocidas, los pasodobles "Amparito Roca" y "Ragón Falez". Y mi Josefa, atenta a las contingencias de las mulillas.
Pero es después de la plaza cuando la cosa se animó, que la banda atacó "Paquito Chocolatero". Y la gente, encantada de haberse conocido, coreando este pasodoble y haciendo mil cirigoncias, brazos arriba, brazos abajo.
Pasada la calle Trinidad, giramos a la derecha por la de Calado. Toda la tropilla festiva, incluido el carrito de mi Josefa. Y al llegar en las cercanías de la plaza, en la calle Rivillas, que van los de la banda y se abren, para hacer pasillo triunfal a las mulillas, a los aficionados y, ¡cómo no!, al carro de mi Josefa, más contenta que unas castañuelas.

Y después, vuelta atrás con el carrito, que hay que seguir con el trabajo de la jornada. Y allá que se perdió la buena mujer por las callejuelas del Badajoz histórico. No sabemos si para rematar la jornada o para recogerse en el revellín de San Roque.

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