Toros: Quinta y última de Feria

Por El Avisador - 26 de Junio, 2008, 12:16, Categoría: General

Hoy escribo con el corazón partido. Ha sido tarde de emociones intensas. Ha sido tarde de las que hacen afición. Festejo grande. Más de media entrada para ver por vez primera a tres toreros de la ciudad en el mismo cartel. Mucho calor. Pero vayamos por partes.

Herederos de Bernardino Pérez ha traído desde Las Noras oliventinas toros bien presentados, nobles, algo justitos de fuerzas, quizá por entrados en carnes. Desiguales de juego. El lote de Posada, excepcional. El de Solís, bueno. El de Lancho, imposible. No obstante, el mejor embarque de la feria, sin duda alguna.

Javier Solís ha reaparecido. Casi un año desde su última tarde. Su primero estaba magníficamente presentado de lámina y pitones. Decidido con el capote, nos recuerda que existen los quites por chicuelinas. Fernando González coloca dos magníficos pares. Brinda al público. Lo prueba, por la derecha se viene abajo. Exige mano alta, pero humilla con nobleza. Un par de buenos derechazos y el toro puede más que el torero. No lo lee y acaba parado. Pinchazo y estocada fuera de sitio son suficientes. Un oreja generosa. Con su segundo se estira con el capote. Gusta. Ya con la muleta principia con un cambiado por la espalda. Por lo demás, la faena resulta un calco de la primera. Derechazo va, derechazo viene, alguno bueno. Con la izquierda, poca cosa. El toro se para. Vuelve a la derecha y, para evitar lo insípido del morlaco, se cruza valiente. Una estocada entera y tendida, pero fulminante, le permite obtener una oreja y aún la petición de otra. Para llevar tanto tiempo en el dique seco ha aprobado con nota.

Santiago Ambel Posada tuvo, con diferencia, el mejor lote de la corrida y de la feria. "Original", negro, de 525 kilos, fue el mejor burel de estos sanjuanes. En un principio hizo cosas de manso. Intento saltar. Asustó a Ambel en el capote. Se dolió de la única vara que recibió. Buscó toriles. Brinda su lidia. Comienza la faena en los medios y recibe cuatro derechazos. Pierde las manos y el diestro levanta la tela. A partir de aquí, el milagro. Una primera tanda de naturales templadísimos, con sabor antiguo. Y otra. Y otra. A estas alturas ya sabíamos que "Original" iba a ser el mejor toro de la feria. Cuatro derechazos templados. Lo vuelven a la mano pura. "Original" tiene todavía casta, nobleza, bravura y fuerzas para más naturales. Murió de estocada baja y atravesada. Fue ovacionado en el arrastre. Se quedaron con sus dos orejas. El quinto fue otro caramelo. Bien a la verónica. Saluda Javier Aragón tras sus rehiletes. La faena se funda ahora en la mano derecha. Hasta cinco tandas de carretón. Se adorna con la izquierda. Termina con unos ayudados finos. Media caída y dos descabellos le privan de una oreja pedida por algunos con insistencia. La tauromaquia de Santiago no es tauromaquia de cercanías, es otra cosa que vale mucho más. A veces.

Israel Lancho atropelló la razón. Por atropellar, se atropelló a sí mismo. Israel no estaba en este mundo, estaba en otro. Lo suyo no cabe en cabeza alguna. Se enfrentó a los gigantes y el público, muy sensato él, le repetía que eran molinos. Ni vió, ni oyó, embarcado en el sueño. Hasta aquí, de acuerdo. Pero yo no puedo reconciliarme con el público de Badajoz que aplaude embobado cuando un torero se quita las zapatillas y le niega, cicatero y rácano, las palmas del reconocimiento al que se juega la vida sin trampa ni cartón. Su primero era el toro de mayor peso de la feria, 595 kilos. Un torazo. Y decidió esperarlo a porta gayola. Y pasó el tren, y nos metió el susto en el cuerpo. Toda una declaración de intenciones. Se estira, le desarma. En el quite por chicuelinas el morlaco le busca los pies. Aprieta en banderillas. Tres estatuarios para comenzar la faena. Le engancha la muleta. Por la derecha le da cuatro embarullados. Le falta plomo en las zapatillas. El bicho no humilla. El torero le atosiga. Tres más por la derecha, ajustadísimos. Con la mano izquierda el toro se niega. El torero se cruza temerario. El toro, "Laborioso" se llamaba, le dice que le va a coger. Lancho no parece oirle. Así que le coge. Pero no le mata, cosa que aprovecha para volver a la cara de "Laborioso" y darle tres naturales espeluznantes. Emoción y verdad a raudales. Para recordar hoy y siempre. Aún tiene arrestos para darle tres derechazos. Protestas. Barullo a espadas. ¡Qué mas da! Los clarineros dan un aviso al valor seco, a la gloria de ser torero. El que cerraba plaza era un morlaco con mucha cabeza. Israel está nervioso, le puede la responsabilidad. Con el capote no encuentra el sitio. Intenta el quite. Brinda a El Juli. Recibe con un estatuario por detrás. El toro es de mármol. Descastado. Israel porfía y le desafía. Le vuelve a coger y se vuelve a levantar. Los desplantes se repiten hasta el paroxismo. Inenarrable. El público abronca su cita con la muerte. Israel pierde los papeles y le da una patada al
marmolillo. Su toreo vertical termina a manoletinas. Un bajonazo. Tímida petición. Al final resultaron ser molinos.

Una petición final. Sería conveniente que clarineros y timbaleros vistieran más decorosamente. Su función tiene acusada importancia y se presentan a trabajar como quien va, o viene, no sabría asegurarlo, de la piscina. Y qué decir de quien anuncia las romanas disfrazado de pamplonica. No todo vale.

Fernando Valbuena Arbaiza
fernandovalbuena@zetaasesores.es

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