8 de Junio, 2008

Una tómbola donde siempre toca

Por El Avisador - 8 de Junio, 2008, 18:55, Categoría: General

Como todo el mundo sabe, las tómbolas son esas atracciones de las ferias, tanto las de San Juan como las de los barrios, donde todo el mundo echa, a ver si toca. Que parece que toca siempre, pero no. Y todo el mundo se acuerda de aquellos pregones, donde, a un millón de watios, la cantinela era ésta:

Aquí siempre toca,
si no es un pito es una pelota.


Y la gente que se gastaba lo que no está escrito, echando en las tómbolas de marras, para, al final, regresar contentina a casa con un enorme peluche en el regazo, una paleta de jamón, un bastón de caramelos, una muñeca chochona, una maceta o cualquiera de los mil y un cachivaches domésticos, con lo que quedabas de puta madre delante de la familia y de la vecindad. Eso sí, con la cartera bien limpia.

SIEMPRE TOCA
Bueno, pues hace algunos años que conozco una tómbola donde siempre toca. Y es la que montan los profesores y padres del colegio pacense de los Maristas, al coincidir con sus ruidosas fiestas por San Marcelino de Champagnat, santo y seña del colegio y fundador de la Institución marista, que vienen a convertirse en las de final de curso.
Y el pasado finde asistimos la patronal y el abajo firmante, acompañado de las nietinas Clara y Laura, dos de sus alumnas, y la verbena que tenían montada en el patio era de impresión. Con una discoteca juvenil y adolescente de aúpa. Como las de la feria de San Juan, más o menos, pero en familia, tú. Decenas de profes y padres de alumnos, con cientos de niños y adolescentes moviéndose de aquí para allá, juntos, pero no revueltos, pasando una velada magnífica. Y cómo sería la cosa que hasta tenían contratado un servicio de seguridad para controlar las entradas y salidas del cole --en esta ocasión, por las traseras, calle de Jacobo R. Perera--, con un mogollón de niñatos con motos, esperando colarse al más mínimo descuido.

Y uno de los centros de atracción, junto con la enorme barra y el escenario verbenero, era su tómbola. Con centenares de premios a regalar, pequeños, menudos y grandes, y la gente que hacía cola para llevarse un puñado de papeletas, a 0,50 cada una. Pero por 10 machacantes te daban como cuarto y mitad, concretamente, 25. Y, dentro, numerosos padres, madres, profesores y miembros de la Institución secular, a modo de entusiastas voluntarios, sin dar abasto, vendiendo papeletas o entregando premios sin cuento. Y la troupe Monterini que se llevaría una veintena larga de ellos, incluidos dos pines, dos gorras y dos macetas. A pares. ¿No lo decía?

SOLIDARIDAD CON ROBORÉ  (BOLIVIA)
Y mirando el frontal de la tómbola, que podía leerse: "Tómbola. Becas niños campesinos de Bolivia (Roboré)". O séase, las ganancias de la tómbola iban destinadas a un fin social y humanitario. Como todos los años. Por lo que, como os lo podéis suponer, las papeletas se agotaron y todo el mundo contentino: te llevabas un puñado de premios y, encima, habías colaborado a una misión marista por esos países del Tercer y Cuarto Mundos. Lo que decía antes: una tómbola, la de los Maristas, donde siempre toca. Una tómbola solidaria a la que, haga frío o calor, estoy abonado todos los años. Enhorabuena.

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A vueltas con el callejero de Badajoz

Por El Avisador - 8 de Junio, 2008, 13:07, Categoría: General

A ver si me lo explican. Y es que estoy hecho un puñetero lío. Resulta que en Badajoz hay una histórica plaza, la popularísima plaza Alta, con unos rótulos en cerámica de Barcarrota, que dicen: "PLAZA ALTA de Marín de Rodezno. Obispo de Badajoz. 1681-1706". Juan Marín de Rodezno, el prelado número 56 del episcopologio de Badajoz y mecenas a la antigua usanza de la Catedral y de la propia ciudad, uno de los impulsores de la construcción, a sus expensas, de una parte de la plaza, la que lleva el arco del Peso del colodrazgo. Que no se completó en su tiempo porque el Ayuntamiento no tenía un puto real de vellón en sus arcas. De las guerras y conflictos que la Monarquía y el Ejército reales habían sumido a los honrados vecinos de este pueblo tiempo atrás.

Bueno, a lo que iba, que me enrollo más que una persiana, resulta que en la barriada de Pardaleras existe una calle llamada "Marín de Rodezno. Veterinario 1598-1670", una vía perpendicular a la calle Juan de Badajoz, arquitecto y escultor que fue del siglo XVI.

Pues bien, me he ido al Callejero de Badajoz, de Justo Cabezas (Badajoz, Talleres Gráficos Diputación Provincial, 2002), y en su tomo II, páginas 56-57, leo que se trata del obispo, no del veterinario que figura ahora. Item más: que el nombre "se puso en la reunión de la Comisión Permanente del Ayuntamiento, celebrada el día 21 de septiembre de 1950 y fue sugerido por Antonio del Solar para la calle que tenía el nombre de Feria".

¿Obispo? ¿Veterinario? Y los pijocallejeros del Ayuntamiento, ¿qué dicen? Mientras tanto, cuando un forastero me pare y me pregunte por "Marín de Rodezno", ¿a dónde lo mando? ¿A Pardaleras? ¿Al Casco Antiguo? ¿Al quinto pino? ¿A hacer puñetas?

Y, digo yo, ¿quién me manda a mí meterme en estos berenjenales? ¿No estaría mejor calladito?

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