Un busto para Manolo Rojas: entre la fiesta y el mitin
A
los ocho años de su muerte y en la víspera del día en que hubiera
cumplido 63 años, el pasado martes tuvo lugar en la populosa barriada
de La Estación (San Fernando y Santa Isabel) un homenaje al que fue
alcalde de Badajoz, Manuel Rojas (1983-1991), fallecido en plena madurez de la vida, en el año 2000. Homenaje que consistió en
la inauguración de un busto en el Parque de San Fernando, obra del
artista local Estanislao García. Lo que en un principio iba a ser una
fiesta ciudadana, pues invitaban los colectivos de la Margen Derecha
del río, acabó convertida en una fiesta-mitin, con la presencia --no
programada, según las invitaciones-- de las más altas representaciones
del PSOE en Extremadura y en Badajoz. Pero no adelantemos
acontecimientos.
Las
lluvias, presentes toda la tarde, amainarían para desaparecer por
completo a la hora prevista, las 20,30 de la tarde. Y así se mantuvo
hasta la noche, con sol incluido, lo que favoreció la presencia en la
parte baja del Parque, junto a una de sus fuentes en cascada, de
cientos de ciudadanos de toda naturaleza, condición y procedencia.
Abundando la gente anónima, la gente del común, el pueblo llano, cientos de personas que, a las pruebas me remito, conocieron, trataron y quisieron a Manolo Rojas en su
vida. Así como sus muchos familiares, entre hermanos, cuñados y
sobrinos, con Marisol Hinchado, su viuda, y sus hijos Carlos y Marisol,
a la cabeza. El tercero, Dani, en Nueva York, no pudo asistir. Pero había
también caretos muy conocidos, de miembros de su partido, de los
gobiernos municipales de su mandato, así como una legión de amigos y vecinos de los barios de Badajoz. Y,
entre los muchos asistentes, estaban, entre los actuales concejales del
Grupo municipal del PSOE, Paco Muñoz, José Ramón Suárez Arias (a su
vez, director de los Servicios de la Junta de Extremadura en Badajoz), Mª Carmen Calvo,
Mª Ángeles Martín de Prado, Juan M. Rodríguez Tabares y Antonia Márquez
Anguita, entre los que pude reconocer. Los demás, si estuvieron, no me
resultaron familiares. También pude constatar la presencia de
concejales de su época, como Justo Alés, José Luis Chico Avilés, Pepe
González Serrano --alma mater del
homenaje--, otros de épocas posteriores, como Luis A. Ruiz de Gopegui,
Elisa Gómez-Landero y Moisés Cayetano Rosado. También se vieron
personalidades dispares, como Ramón Rocha, alcalde que fue de Olivenza,
Fernando Cortés Cortés, ex-director general en la consejería de
Educación, José Manuel Sánchez Rojas,
presidente de Caja Badajoz, Rafael Delgado, presidente de la FREAPA,
Antonio García, presidente de la FALCAP, la Federación de las comparsas
del carnaval, gente variopinta de las Asociaciones de Vecinos, incluido
Paco Crespo, presidente de la de Santa Marina, la viuda de Pepe Sánchez
Hueso, concejal del PP fallecido el mismo año que Manolo Rojas, con uno
de sus hijos, las mujeres de los activísimos Centros de Promoción de la
Mujer, Ricardo Cabezas, el sempiterno representante de los colectivos
de la Margen Derecha del Guadiana y otro de los promotores del
homenaje, algunos diputados, personal de los distintos Servicios y
Áreas de la Diputación, como Juan Pedro Plaza y José Luis Lucas, entre
otros más. Y, por supuesto, numerosos periodistas, cámaras y los
dos hermanísimos de la saga Vidarte, Manolo y Enrique, Enrique y
Manolo, que lo bordaron, haciendo mil fotos cada uno, por lo menos, para la pequeña historia local.
GRAN ANIMACIÓN Se
acercaba la hora del comienzo y aquello se estaba animando a marchas forzadas, convirtiéndose en un
tumulto de gente. Que se distribuía en dos estrados: arriba, en la
parte superior del parque, la viuda y sus hijos, acompañados de la
delegada del Gobierno, Carmen Pereira, el presidente de la Diputación,
Valentín Cortés, además de Paco Muñoz y otras representaciones del
PSOE, entre ellos un par de veteranísimos del partido, "niños de la
guerra", seguro. Y en la de abajo, la gente del común, apretujada. Que
hubo momentos en que no podíamos movernos. Y
si fue una sorpresa para el abajo firmante ver tantos altos cargos
socialistas, me llamó la atención otra cosa: la organización había
instalado un par de banderas, la española y la extremeña, junto a un atril
para discursos, con el escudo de la Diputación en su base. Un acto
institucional en toda regla, me dije. Y, en la espera, que alguien
empieza a repartir La Revista, la idem. de la Asociación de Empresarios y Comerciantes de la Margen Derecha del Guadiana, en su número 1.
Y
en esto que, a mi izquierda se oye como un tumulto y suenan aplausos.
Miro y veo a... ¡Guillermo Fernández Vara, el presidente de la Junta! Y
a mi derecha, una señora entrada en años, pelo canoso y tal, que me
pregunta, porque no alcanza a ver las novedades: --¿Es del PP? --Pues, no, señora... --Entonces, ¿no viene el alcalde? Y
me sonrío, porque la buena señora parece perdidita. Y aprovecho la
inocencia de la abuela pacense para constatar que no, que allí no estaba ni
se esperaba al alcalde actual, Miguel Celdrán, ni a ninguno de sus concejales. Otra vez el desencuentro, la
división política a costa de la figura de Manolo Rojas. Pero
es que siguen arreciando los aplausos a mi izquierda, giro la cabeza y veo a... ¡Juan
Carlos Rodríguez Ibarra! Sonriente y tal, con un aspecto envidiable, el
de galán maduro de las pelis posmodernas, y besando, al alimón con
Guillermo, a decenas de personas, especialmente a las mujeres de edad,
las más besuconas por estos andurriales. --¿Son todos del Ayuntamiento? --vuelve a preguntarme la vieja dama de antes. Y
miro y remiro, y veo que del Ayuntamiento han mandado uno o dos
policías locales --aunque sólo vi un agente--, que curioseaba por los
alrededores, por si era necesaria su presencia.
EL BUSTO El
ambiente sube de fervor según pasa el tiempo, han llegado los primeros espadas y
el acto de homenaje a Manolo Rojas ha concitado la presencia de casi
todos los VIP del socialismo extremeño. Que, para completar el
estrellato, me quedé con las ganas de saber si estaba también el
presidente de la Asamblea de Extremadura, Juan Ramón Ferreira Díaz,
pero no pude confirmar su presencia. Pasaban
nueve minutos de la hora anunciada, cuando el periodista Antonio
Pascual cogería el micro para presentar el acto y a los intervinientes.
Y aprovecharía para realzar la figura humana del que fuera el primer
alcalde socialista de la Democracia: "Con este homenaje, Manolo Rojas
pertenece ya al paisaje de esta ciudad, que ya lo fue de su paisanaje".
Un alcalde "que dedicó tiempo a la gente, haciendo importante a las
personas que se cruzaban por su camino". Un alcalde, en suma, "que
sentó las bases del Badajoz moderno". Instantes después, Marisol
Hinchado, acompañada de sus hijos, procedería a descubrir el busto de su marido, entre los grandes aplausos de la concurrencia. Pero el toldo se resistía a caer, por lo que hubo
que recurrir a... ¡un paraguas! Como os lo cuento. El
busto, de un metro de altura, obra de Estanislao García, descansa sobre
un dosel granítico y presenta al que fuera alcalde pacense en actitud
pensativa, humilde, con la mano derecha en el pecho. Con un sencillo
texto en su basamento, que dice:
Badajoz a su Alcalde MANUEL ROJAS TORRES 1983-1991
Después intervino la conocida Coral de los Centros de Promoción de
la Mujer de la Margen Derecha, dirigida por la veteranísima Mª Socorro
Azkona, con el todoterrenal Manolo Magallanes, un invidente de gran personalidad, al acordeón, que
interpretaría tres canciones populares --Adelante, Jota de Badajoz y
Piropo a Badajoz, con inclusión de un estribillo dedicado a Manolo--,
siendo aplaudidísima al final.
INTERVENCIONES A
continuación cogió el micro Ricardo Cabezas, en representación de los
colectivos de la Margen Derecha del Guadiana, en tanto veo que un
mogollón de señoras de edad saludan y besan a discreción a Rodríguez
Ibarra. ¿Qué les dará? Y el nuevo presentador diría que "cinco años después de tener
hecho el busto, por fin se había hecho realidad su inauguración".
Calificando a Manolo Rojas como "tolerante, cercano y amante de las
barriadas de Badajoz". Y, por ello, "nos sentimos orgullosos de tenerlo
tan cerca". Y un guiño a todos los asistentes: "Vuestra presencia
engrandece a Manolo Rojas". Después
intervino Paco Muñoz que, antes de empezar, ya recibiría muchos
aplausos de algunos sectores del público. Se ve que aquí lo conocen y
lo quieren. Y después de unas palabras de agradecimiento, calificaría
como "muy emotivo el acto de venir a honrar a un ciudadano y a un
alcalde". Y seguiría, pero dando estopa: "Algunos no vienen porque
dicen que es un acto político". Para remachar: "Esto es un acto
ciudadano, por político. ¿Qué sería de nosotros sin la política?". Y su
homenaje a Manolo Rojas: "Los socialistas nos sentimos orgullosos de
Manolo Rojas, no sólo porque fuera socialista, sino, además, por ser
patrimonio de todo Badajoz". Tras
los aplausos de rigor, intervendría Marisol Hinchado. Con gran entereza
y sonriendo a diestro y siniestro. Aunque la procesión fuese por
dentro, digo yo. Y se dirigió a la audiencia con un "¡Hola a todos!" y
un "¡Hola, guapos!". ¿Será posible? Para agradecer a continuación a
todos por su asistencia y su cariño. Lo mismo que al escultor, a
Estanislao, que reflejó muy bien a su marido: "Miradlo bien, sí, es
Manolo". Al retirarse, entre la ovación de los asistentes, la buena de Marisol no
pudo reprimir unas lágrimas. Demasiado para el cuerpo, colegas.
JUAN CARLOS R. IBARRA A
continuación, la temperatura subiría varios grados cuando cogió el
micro Juan Carlos Rodríguez Ibarra, anterior presidente de la Junta y
todavía secretario general de su partido. Y después de las gracias de
rigor, diría que "éste es un acto de recuperación de la memoria". Y,
recordando al fallecido Manolo Rojas, dijo que "la muerte mejora al
muerto". Porque "yo conocí bien a Manolo Rojas, menos que su mujer y
sus hermanos, claro", de quien resaltó "su preocupación, su inquietud y
su responsabilidad", para hacer de Badajoz "la ciudad más importante de
Extremadura". Y frase para enmarcar: "Fue el alcalde que hizo posible
que los barrios levantaran la cabeza". Y Juan Carlos cogió el fusil, dialéctico, se
entiende, como si estuviéramos en campaña electoral: "Hoy día los
barrios han sido vencidos por la derecha más reaccionaria en
Extremadura", porque "ellos lo que
quieren es vencer". Por eso "hace falta recuperar la memoria política
de Manolo Rojas". Y, atención, damas y caballeros, jóvenes y jóvenas, jubilatas y pensionistas: "El alcalde más importante que ha tenido
esta ciudad en toda su historia". Así, ex cathedra,
sin modestia aparte ni nada. Y me llevé las manos a la cabeza, como si
la gente en esta ciudad no tuviera memoria. Al recordar, entre
otros pormenores, que Manolo Rojas fue defenestrado por los suyos en 1991,
que le hicieron la cama. Como si hubiéramos olvidado lo que dijo
Rodríguez Ibarra en su momento, que "en el Ayuntamiento de Badajoz
quienes gobernaban eran los brasileños de la Hering". Momento desagradable para el abajo firmante, amigo de Manolo y de su familia desde los tiempos de la estancia de sus tres hijos en el colegio Juventud, que veía cómo la respetable figura de Manolo Rojas, con sus aciertos y sus errores, era manipulada con tal descaro. Como pasó de puntillas por este asunto, al parecer, pecata minuta,
Rodríguez Ibarra sí que tuvo arrestos para dar un viaje a los jóvenes
socialistas, "porque, incomprensiblemente, Manolo Rojas no tiene una
web en Internet". Y, final: "A Manolo lo quiero y lo seguimos
queriendo". Una ovación de gala despediría sus apasionadas palabras.
GUILLERMO F. VARA Le
seguió en el uso de la palabra, en un tono templado y cordial,
cercano y profesoral, muy diferente del de su predecesor, Guillermo
Fernández Vara, actual presidente de la Junta de Extremadura, que dijo: "Manolo tenía
algo especial: el alcalde que más ha hecho soñar a los pacenses". Y es
que "Manolo te hacía pensar en Badajoz". Y una frase lapidaria: "A
Manolo le gustaba una ciudad de barrio, no una ciudad de
urbanizaciones". Y terminó diciendo cuál sería el mejor homenaje que se
le podía hacer hoy a Manolo: "El mejor homenaje que le puede hacer la
gente progresista, es que un compañero o compañera vuelva a ser alcalde
de Badajoz". Otra salva de aplausos rubricaría su discurso.
Con
lo que se dió paso a que la gente se fundiera en mil y un abrazos y
besos, felicitaciones sin cuento a la familia Rojas-Hinchado, miles,
qué miles, millones de fotos delante del busto de Manolo Rojas,
canciones de la Coral, incluso ese estribillo que encandilaba al que
fue alcalde de la ciudad, de cuando sus reconocidos esfuerzos en pro
del Carnaval de Badajoz, la fiesta más importante de Extremadura y el
tercero de España, según pregonaban los eslóganes de la época:
¡Eo, Badajoz, Badajoz, Badajoz! ¡Eo, Badajoz, Badajoz, Badajoz! ¡Eo, Badajoz, Badajoz, Badajoz! ¡Eo, Badajoz, Badajoz, Badajoz!
EPÍLOGO Y
esto es lo que sucedió en el atardecer del 27 de mayo, día de San
Agustín de Canterbury, en la inauguración de un busto de Manolo Rojas,
alcalde que fue de Badajoz (1983-1991), en el Parque de San Fernando y
Santa Isabel, a un tiro de piedra de la Estación de FF. CC., obra de
Estanislao García, a los ocho años de su muerte y un día antes de que
hubiera cumplido los 63 años, en un acto que discurrió entre la fiesta
y el mitin, con la gente guapa del PSOE y cientos de personas de toda clase, condición y
procedencia arropando a su familia. He dicho.
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